Cuando los fans se convierten en Annie Wilkes

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Hace no más de un par de días fui testigo de una charla bastante interesante realizada por el compañero Fernando Falcón, columnista y colaborador de este medio, acerca de la problemática relacionada con las estrellas del pop coreano y el suicidio de una artista en particular, Sulli, de 25 años.

Según lo explicado por Falcón, haciendo una síntesis que quizá no haga tanta justicia a su magistral explicación, Sulli tomó la trágica decisión de suicidarse porque simplemente ya no podía soportar una coacción sostenida y sistemática de sus ex “fans”, quienes aparentemente resolvieron “crucificarla” por tomar parte de los movimientos feministas.

Justamente, hace un par de semanas estuve leyendo una novela cuyo contenido me recordó bastante a esta trágica relación tóxica entre los artistas y los fanáticos. La obra en cuestión era Misery, de Stephen King, publicada en 1987.

Sulli. Erizos.mx

Sin hacer ningún “spoiler”, para no aguar las ganas del lector de aventurarse en el terror psicológico magistralmente escrito por King, podría resumir el argumento según lo escrito en la contratapa de “Misery”:

Paul Sheldon es un escritor que sufre un grave accidente y recobra el conocimiento en una apartada casa en la que vive una misteriosa mujer (Annie Wilkes), corpulenta y de extraño carácter. Se trata de una antigua enfermera, involucrada en varias muertes misteriosas ocurridas en diversos hospitales. Fanática de un personaje, Misery Chastain, de una serie que él había decidido dejar de escribir, está decidida a hacer todo lo necesario para ‘convencerlo’ de que retome la escritura. Esta mujer es capaz de los mayores horrores, y Paul, con las piernas rotas y entre terribles dolores, tendrá que luchar por su vida”. (Editorial Debolsillo, 2014)

Así como Annie Wilkes torturó física y psicológicamente a su escritor favorito por haber dejado a Misery para atreverse a escribir algo distinto, sucede lo mismo en el mundo real cuando los artistas eligen innovar en su estilo, o cómo en el caso de Sulli, abrazar una causa que ella consideraba correcta.

Escena de Misery (1990), Kathy Bates como Annie Wilkes. Flipada.com

En este punto me hago las siguientes preguntas, ¿por qué los seguidores creemos que tenemos el derecho de “escrachar” a un artista cuando simplemente produce algo distinto a nuestros gustos? ¿El artista trabaja en este siglo exclusivamente en función al “gusto” de sus fans, o lo hace por convicción propia?

Para responder la última pregunta debo necesariamente apuntar a las industrias musicales. Tomando el ejemplo de Sulli, ya que éstas someten a los artistas a lo que “el mercado exige”, cercenando la creatividad para formar un campo despejado donde cultivar estos géneros musicales comerciales en los que se explotan a éstos, como si fueran ganado.

Aparentemente el arte como expresión libre del subconsciente y como medio para expresar el mundo por parte de los autores ha muerto, ya que hoy día, resulta una labor en la que el escrache está a la orden del día, cuando alguien se toma la osadía de trasgredir lo estipulado por los mercados culturales actualmente envenenados por el arsénico de lo “políticamente correcto”.

Annie Wilkes hoy día es omnipresente, se encuentra observando la actividad de cada artista en cada parte del mundo, y en cuanto encuentra algo que la desagrade ataca con su infalible arma: las redes sociales.

Se encarga ella de torturar a su músico, escritor, actor “favorito” a través de los “hashtags”, que luego son replicados por los demás Wilkes del mundo, globalizando así el “castigo” a su adorado ídolo.

Se vale ella del término “tormentas de mierda” o “shitstorms”, del filósofo Byung Chul Han, que consiste en crear publicaciones que estimulen la cólera de los internautas para así establecer una especie de metástasis a nivel cibernético, cuyo fin último es llegar al desgraciado que esté de moda, porque el fan/consumidor “tiene derecho” a reclamarle sus violentas discrepancias con respecto su obra.

Stephen King. Culto-La Tercera

El artista hoy día se encuentra en situación de vulnerabilidad, puesto que su carácter público lo hace blanco de todo tipo de enfermos mentales que ya no pueden discernir entre la ficción y la realidad, entre lo legal y lo ilegal, entre la broma y la seriedad, lo bueno y lo malo.

Recordemos uno de los casos más célebres acaecido en el año 1980: la muerte de John Lennon. El ex Beatle fue asesinado por el desquiciado “fanático” suyo, Mark David Chapman, quien confesó en el 2016 que acabó con la vida de Lennon “para poder ser alguien”.

También podríamos traer a colación a la reciente película “Joker”, protagonizada magistralmente por Joaquin Phoenix, que sufrió varios intentos de sabotaje por las Annie Wilkes de la cinematografía, ya que esta película “incitaba a la violencia”.

No crea, estimado lector, que mi intención es censurar a la crítica, sino más bien dar a entender que la misma, no puede ser nunca ejercida a través de la coerción, la coacción o el acoso, no puede trasgredir el límite que existe entre lo público y lo personal.

Sin lugar a dudas, si no se toman medidas para salvaguardar a las nuevas generaciones de estrellas de este tipo de coacciones violentas seguiremos lamentando los suicidios de más jóvenes con sueños y esperanzas, seguiremos viendo cómo Annie Wilkes se hace cada vez más presente en mundo artístico y a la sazón, nuevas Sullis, suicidándose.

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