De locuras y amores que pocos entienden

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Muchos dicen que el futbol, es solo verle a 22 tipos corriendo detrás de una pelota, sin embargo aquellos que sentimos, vivimos y respiramos este deporte tan lindo lo vemos de otra manera. Hace exactamente una semana, el país fue participe y testigo de la final única de la Copa Sudamericana. Armados de pasión y transportando una enorme ilusión, los hinchas del Colón de Santa Fe superaron obstáculos y sortearon una odisea para verle a su querido “Sabalero” en el estadio General Pablo Rojas, popularmente conocido como “La Nueva Olla”.

Durante la estadía de los “Sabaleros” hemos escuchado varias historias bastante emocionantes. Me viene a la mente el relato de un hincha que vino a dedo desde Santafe hasta una ciudad. En una estación de servicio lo encuentra un paraguayo que le pregunta: ¿Adónde vas? y el hermano argentino le contesta.  “Voy a Paraguay”, sin dudarlo, el camionero paraguayo le sube al camión y le da un aventón a hasta nuestro país.

Posteriormente este hincha llega a Paraguay al estilo mochilero. No tiene dónde quedarse, pero a él no le importaba si sufría hambre y sed. El solo quería estar presente en la nueva olla. Dimensionen lo que hizo el hombre: viajó miles de kilómetros solo para presenciar la final que quizás nunca más se dé, o que al menos, no sabemos cuánto tiempo tardará el Colón de Santa Fe para llegar de nuevo a estas instancias internacionales. 

Ahora nos preguntamos cómo será que volvió el hombre a Santa Fe luego de la espantosa derrota de Colón. La Pulga no estuvo a la altura, el ídolo máximo de la afición que defraudó.

Otra historia más que tenemos es del hincha que vino en bicicleta y que llegó a Paraguay sin entrada, consiguiéndola después, gracias a que le regaló una “El Loco” Gabriel González; en las redes sociales se alzó un vídeo en donde lo despedían un miércoles por la noche. A pesar de la derrota el ciclista se fue feliz. 

Porque él solo quería llegar y estar presente, esto conocemos como locura del fútbol, las cosas más desquiciadas que hacemos por ver un encuentro pelotero.

Endeudarte por tus colores y tu pasión no tiene precio, dejar laburo y familia para aventurarte a lo desconocido en un país distinto sin plata, sin hospedaje, acampás en una costanera recientemente limpia, gracias a la bajada del río Paraguay.

Esta experiencia irrepetible es la cosa que de la que nunca te vas arrepentir, porque es algo que ya viviste y lo diste todo por tu club, solo un fanático seguidor puede saberlo, vibrar con las victorias, llorar con las derrotas, nadie podrá cambiarlo ni entenderlo: ¿Es solo fútbol esto?, la respuesta va más allá de cualquier lógica, toda la carga pasional que se concentra en ese balón, en el verde gramado de juego con los 22 guerreros modernos que llevan las insignias de sus países en sus corazones. Solo el fútbol te puede dar este tipo de cosas. 

Seguro estarán pensando «Qué loco está este tipo, se vuelve loco por 22 tipos que corren detrás de un balón que no tiene sentido”. Termina el partido y la vida continúa. Seguro también piensan que como si fuera el presidente de tu club te va a hacer un monumento por lo que hiciste o que te devuelva todo lo invertido porque fuiste ilusionado y volviste destruido. 

Pero te puedo asegurar y recontra asegurar que al hincha eso no le importa, él lo hizo y lo hace por el amor incondicional que le tiene a sus colores y nadie se lo va a sacar. 

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