El Parlante

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Opinión Política

De nuevo Maquiavelo, tiene razón

“Así pues, un príncipe no debe tener más objetivo ni más preocupación, ni dedicarse a otro arte que el de la guerra, su organización y su disciplina”, expone Nicolás Maquiavelo en el famoso capítulo de su libro El Príncipe, “Lo que le conviene a un príncipe frente a la milicia”.

La guerra ha estado presente desde siempre, si no era una lucha contra hombres, era contra el mal, “el demonio”, desde el mismo Vaticano en la época en que escribe el florentino. La misma sin dudas, ha estado vinculada con el arte desde tiempos muy distantes al nuestro, uno de los libros más antiguos dedicados a la estrategia milita es atribuido al famoso general chino Sun Tzú, que ha tenido impacto duradero en todas las épocas, hasta nuestros días.

Para Maquiavelo, quien gobierna debe tener como arte principal a la guerra, considerándolo como una virtud el ser estratégico ante ella, de lo contrario, uno perdería el estado.

Francesco Sforza, Duque de Milán y Condottiere, había jugado un papel crucial en la política italiana, siendo claro ejemplo según Maquiavelo, ya que este estuvo armado, entonces de ser un simple ciudadano se había convertido en Duque, lo que equivaldría a decir que en política, no existe la fortuna o la suerte, sino la capacidad y el sacrificio diario para llegar a los sitiales de poder, caso contrario para los que llegan sin sobresaltos, por “herencia”.

Lo habitual de la vida es que quien esta desarmado obedezca a aquel que si tiene recursos con los cuales defenderse, debido al temor existente por parte del mismo; en esta parte se pueden mencionar partes del libro en que con ejemplos históricos muestra el poder de los generales romanos y de la guardia pretoriana, que hasta se daba el lujo de elegir emperadores, que terminaban siendo esclavos de los soldados, generales licenciosos y con ambición desmesurada; evidentemente en un estado así, donde se pierde el rumbo de la defensa de la patria o de sus valores, los más astutos y sanguinarios serán los que dominen por sobre la masa siempre voluble, dándoles lo que ellos piden.

Por ello Nicolás añade que un príncipe que no es experto en la milicia no podrá ser estimado por su ejército, pero tampoco confiarse en ellos.

Por consiguiente, constantemente un príncipe debe dedicar sus pensamientos a principios fundamentales, ejercicios de guerra y la paz, con respecto a lo segundo puede hacerlo mediante obras y con la mente.

En relación a las obras Maquiavelo destaca la envergadura de acostumbrar al cuerpo, pero así también el conocer a la naturaleza como un método estratégico en la defensa, nombrando a Filopemén, príncipe de los Aqueos, quien durante en épocas de paz debatía con su ejército sobre el arte la guerra, ante el planteamiento de posibles problemas.

Y cuán importante es leer dice éste, debido a que estudiar y comprender las acciones de hombres consagrados, ayuda a todo príncipe a seguir las victorias y evitar las derrotas, siendo claros ejemplos Alejandro Magno, Aquiles, César o Ciro el Grande.

Entonces, un príncipe siempre debe estar en constante preparación, aprovechar cada momento para poder sobrellevar todo lo que podría venir, junto a su ejército.

AFCAR Media

¿Sería algo improbable pensar que en Paraguay, los gobernantes pudieran alguna vez ser lo bastante preparados como para lograr afrontar la solución de los problemas que nos aquejan como sociedad de manera reflexiva y eficaz?

Para esto, es necesario, más que solamente preparación, hace falta también, una cuota elevada de patriotismo en el buen sentido de la palabra, algo que se ha perdido en los últimos tiempos en Paraguay, algo muy parecido a lo que pasaba en tiempos de Maquiavelo.

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