Demócrito y Epicuro: Entre el determinismo y el azar

Demócrito y Epicuro: Entre el determinismo y el azar

Demócrito (nacido en Abdera en el siglo v a. C.)

Discípulo de Leucipo; del cual solo se conversa este breve fragmento «Nada sucede en vano, sino que todo ocurre por una razón y una necesidad» (DK 67, B2).

Retrato idealizado de Leucipo. Fuente Imagen: https://es.wikipedia.org/wiki/Leucipo_de_Mileto

Exponer parte del pensamiento de Demócrito resulta complejo teniendo en cuenta los escasos fragmentos que han sobrevivido al paso del tiempo, lo cual impide comprender ciertas contradicciones que se visualizan en su doctrina sobre la física y sus fragmentos destinados a la cuestión de la ética. Pero antes de llegar a ese punto empecemos desarrollando parte de su teoría física: para Demócrito el arché son una mezcla del vacío y los átomos, (el vacío entendido como espacio por donde se mueven los átomos).

Demócrito atribuye determinadas características a los átomos como: inmutabilidad, inmaterialidad, indivisibilidad.

La palabra átomo significa «no divisible», visión que se trasladaría a la ciencia por el físico y químico Inglés John Dalton (1766-1844).

Dalton por Thomas Phillips, National Portrait Gallery (Londres, 1835). Fuente Imagen: De Thomas Phillips – National Portrait Gallery, London, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=11727058

Dalton afirmaba que la materia está compuesta de átomos, es decir, de partículas indivisibles e indestructibles.

Un siglo después, Ernest Rutherford realizó un experimento donde descubrió que el átomo tenía un núcleo y propuso el modelo, según el cual, en torno a este núcleo, giran electrones.

Entonces el átomo ya no podía considerarse como «indivisible». Pero hay que tener en cuenta lo que nos explica la filósofa Claudia Milani; «los antiguos atomistas no consideran el átomo de la misma manera (que la concibe la física moderna) para ellos tenía un sentido no solo físico, sino también ontológico, es decir, que contemplaban el ser, en tanto ser«.

Ernest Rutherford (1871-1937). Fuente Imagen: De George Grantham Bain Collection (Library of Congress) – Esta imagen está disponible en la División de Impresiones y Fotografías de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos bajo el código digital ggbain.36570.

Y para escribir sobre el «ser» primero debemos recordar los que nos enseñaba Parménides «el ser es y no ser no es«. La influencia del eleata fue imprescindible para desarrollar un concepto filosófico en la antigua Grecia.

Tanto Leucipo como Demócrito, como ya afirmamos en párrafos anteriores sostendrían que el ser es (átomo) y el no ser es (vacío). Diferenciándose así entre el «ser» de Parménides.

El vacío impulsado por el movimiento va a penetrar en el ser (material lleno) de manera que lo va disgregando en partículas (átomos). El choque entre los enlaces de los átomos y el vacío es lo que provocaría toda la realidad existente a partir de un movimiento eterno.

Para tener mayor entendimiento de este movimiento, debemos recurrir a Lactancio quién afirma «que el movimiento sería un incesante girar en el vacío, un movimiento vertiginoso«. La filosofía de Demócrito se traduce como mecanicista y tiende a un determinismo.

Así lo testifica Diógenes Laercio: «Que todas las cosas se hacen por necesidad, siendo el giro (a quien llama Demócrito, necesidad) la causa de de todo”. Pero si la física de Demócrito apunta hacia un determinismo, ¿qué papel pueden jugar los fragmentos del filósofo destinados a la ética entendida como disciplina autónoma del comportamiento humano?

Demócrito. Fuente Imagen: https://www.scoopnest.com/es/user/EsMemorable/859558214379196418

No entraremos en más detalles, ya que hasta hoy en día existen debates sobre la autenticidad de los fragmentos de Demócrito destinados a la ética. Expondremos algunos de ellos:

«Quien escoge los bienes del alma, elige los más divinos; quien los del cuerpo, los humanos» (DK 68, B 37) «Lo mejor para el hombre es pasar la vida lo más contento posible y lo menos afligido que pueda. Ello sería posible si los placeres no se basaran en cosas perecederas» (DK 68, B 189).

Para Demócrito el cuerpo humano es un vacío donde la movilidad se produce a partir del alma, que a su vez, está compuesta de átomos que entran y salen a través de la respiración y exhalación. Cuando los átomos del alma empiecen a viajar a otros lugares, el hombre dejará de respirar, pero los átomos persistirán ante lo perecedero del cuerpo humano. Porque los átomos del alma son indestructibles.

Epicuro nacido en la isla de Samos en 341 a.C.

De Epicuro solo se conservan tres cartas (carta a Heródoto, Meneceo y a Pítocles), que representan breves aforismos sobre ética. Todas ellas conocidas a través de Diógenes Laercio. Mientras que gran parte de su filosofía destinada a la física es conocida a través de la obra del romano Tito Lucrecio Caro De rerum natura, «De la naturaleza de las cosas». Es un poema que contenía treinta y siete volúmenes, de los cuales sólo nos han llegado fragmentos. De la biografía del autor se conoce poco, salvo una referencia de San Jerónimo, que afirma que Lucrecio “padecía de una enfermedad mental y terminó por suicidarse”. Esto último carece de cierta veracidad.

Toda la física de Epicuro está conectada con su filosofía ética, heredero de la escuela atomista, aunque rompería con el esquema mecanicista de la filosofía de Demócrito al proponer la desviación de los átomos «clinamen«, la cual permitiría un desvío de la línea recta de los átomos, quiénes chocarían de una manera azarosa y de ese modo se daría una mejor explicación acerca de la diversidad que se capta en el universo.

Busto de Epicuro. Museo de Pérgamo. Fuente Imagen: De Keith Schengili-Roberts – Own Work (photo), CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1465818

Y pese a que Cicerón lo reprochará por «desvirtuar» la teoría del atomismo clásico. Y Dante le dedicará en su obra «la divina comedia» unos versos en el sexto círculo de su Infierno. «Su cementerio en esta parte tienen con Epicuro todos sus secuaces que el alma, dicen, con el cuerpo mueren«.

Para Epicuro, todo está hecho de átomos, incluso el alma y los dioses. Y pese a toda la mala interpretación que se le ha hecho a la escuela de Epicuro (quizás intencional), asociándola con el desenfreno y con una búsqueda del placer meramente carnal.

Parte de las enseñanzas del maestro valen la pena divulgarlas para romper con ciertos mitos. Empezando por su filosofía destinada a la física, para comprender mejor, se puede recurrir a la obra del filósofo Karl Marx, quién en su trabajo intelectual «Diferencias entre la filosofía de la naturaleza de Demócrito y Epicuro», (que le permitió graduarse como doctor en derecho en 1841) se puede obtener una exposición satisfactoria acerca de las diferencias filosóficas de los mencionados pensadores.

Expondré parte de dicho texto que recoge los fragmentos de otros pensadores. «Epicuro admite un triple movimiento de los átomos en el vacío. El primero es la caída en línea recta; el segundo se produce porque el átomo se desvía de la línea recta, y el tercero, se debe al rechazo de números átomos. Al admitir el primer y tercer movimiento Epicuro está de acuerdo con Demócrito; los diferencia la desviación del átomo de su línea recta«.

En cuanto a la ética, Epicuro afirma que «el gozo es el principio y el fin de una vida dichosa«, asociando la felicidad con la ausencia total de dolor.

Llegar a esta conclusión no es sólo parte de un pensamiento apartado de la realidad del cuerpo humano. Se sabe que el filósofo no gozaba de buena salud, esta situación lo llevó a una reflexión acerca del cuerpo, que no es precisamente una entrega total a los placeres efímeros, como paliativo a los grandes dolores físicos y mentales del ser humano.

Podemos someter a nuestro cuerpo a cualquier exceso, Pero al final dicho acto desembocaría en una consecuencia que puede ser poco grata y por ende, nos terminaría nublando el estado al cual aspira Epicuro, que es la ausencia de dolor físico o aponía.

Mantenía una estricta dieta; con agua y pan sencillo. Y para llegar a la cumbre del placer pedía a sus discípulos una tarrina de queso.

Pero más allá de cualquier dolor físico, sí existe algo más profundo para Epicuro, que es alcanzar la ataraxia. Un grado donde la conciencia del hombre es imperturbable. Un hombre perturbado puede ser más desdichado que cualquiera que sufre de una enfermedad meramente física.

Esto lo reflejan muy bien los distintos personajes en las novelas de Dostoyevski. Para que el ser humano alcance un grado de serenidad Epicuro propone casi una receta médica en tiempos donde no existían Alprazolam o Prozac. Proponía el tetrafármakon.

Basado en cuatro principios:

  1. No hay que temer a los dioses.
  2. La muerte no es motivo de preocupación.
  3. Lo bueno se consigue con facilidad.
  4. El dolor se puede soportar.


Recordemos que la filosofía de Epicuro se desarrolló en el período helenístico (tras la muerte de Alejandro Magno, tiempo donde los griegos vivían grandes incertidumbres); de esta forma, el miedo es atemporal y siempre ha causado grandes turbulencias a la condición humana. En consecuencia, es y sigue siendo la herramienta predilecta por los regímenes políticos, religiosos y de todas las organizaciónes que buscan saciar ambiciones personales a través de nuestra debilidad.

En los tiempos actuales no son solo los radicales del Islam los que “arrancan cabezas”, también cuando las reflexiones filosóficas dejan un vacío, estás son ocupadas por ciertos movimientos cristianos que arrancan la conciencia y que perturban al hombre con el ya viejo lema “del fin de los tiempos”, o mejor dicho, el «apocalipsis». Así, piden una entrega total a la congregación, la cual no siempre es una “entrega” en el plano espiritual, más bien en el plano material, cegando al ser humano con el extremo del fanatismo. Y no es que tomar una posición extrema sea negativa, en sí misma.

El problema es que nos hacen vivir encandilados y no nos permiten tomar deducciones desde la sensatez. El meollo de la preocupación por el fin de los tiempos no es nada más y nada menos que el de la muerte de uno, y las de los demás.

Epicuro afirma que la muerte “no existe», en el sentido que cuando ella llegue nosotros, ya no estaremos. Es decir, que nunca la veremos, y cuando la veamos, ya estaremos lo suficientemente lejos para entenderla.

«Nada es entregado al negro abismo del Tártaro. Hace falta materia para que crezcan las nuevas generaciones, las cuales, sin embargo, seguirán todas en pos de ti«. Lucrecio. De la naturaleza, libro 3, 966.

(Banda sin fin), 1956. Escher explica: “Como banda sin fin que entrelaza las dos frentes, representa la unidad de lo dual. La impresión de corporeidad la refuerzan unas esferas que flotan enfrente, detrás y dentro de los huecos rostros”. Fuente Imagen: https://www.mcescher.com/gallery/

Por Fernando Escobar

Fuentes:


*Grandes ideas de la ciencia. Autor: Issac Asimov.
*New system of chemical philosophy 1808) Autor: John Dalton.
*www.Educatina.com
*Obra: los primeros atomistas. Autora: Claudia Milani.
* Obra: Diferencia entre la filosofía de la naturaleza de Demócrito y Epicuro. Autor: Karl Marx.
*Obra: Epicúreos. Autor: J.A Cardona.
*Autor: Tito Lucrecio Caro. Obra: De Rerum Natura
*Fragmentos de Demócrito.
*Cartas de Epicuro.
*Metafísica, Autor: Aristóteles

El Parlante

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