Desidia y desinterés

Desidia y desinterés

La Salud es el principal sector que debería estar más que resguardado por el Estado, ya que si no existen personas sanas, no habrá empleados en los trabajos, por lo que la economía caería y muchas más cosas irían golpeándose en consonancia, cual fichas de dominó.

El Hospital Regional de San Lorenzo, dista mucho de ser un lugar en donde la atención pueda ser garantizada como eficaz o gentil siquiera. Una gran multitud de personas comienzan la travesía en búsqueda de la salida del Tártaro (o del sufrimiento) contagiándose más en el proceso e increíblemente, esperan ser atendidos en una primera fase para que te digan «No es tan grave señora lo que te pasa, vamos a ver qué hacemos».

A mis amigos, quienes pertenecen al selecto y honorable grupo de trabajadores de blanco les pido que no se enojen y que puedan comprender, que las personas que no estudiamos Ciencias de la Salud, no comprendemos lo que nos pasa, solo queremos aliviarnos, sentirnos mejor. De la misma forma, comprendo que existen aquellos que también van y creen saber más que los licenciados y médicos, pero también estamos los demás, que sólo queremos curarnos.

Después pasamos al lado del Tártaro, ni siquiera lo superamos, donde te agarran el brazo a veces con buena onda, otra veces no tanto, es entonces cuando terminan lastimándote (parecerá una mariconada, si lo consideran así, allá ustedes cuando llevan a sus pequeños en los centros asistenciales), posteriormente nos toca salir del gran río solo para que Caronte nos entregue un manuscrito inentendible para ir a comprar medicamentos, que si no tengo mal entendido, toda la medicación debería ser gratuita ¿o no es así señora senadora Esperanza Martínez?

Pero eso no es todo, mi referencia al Tártaro, no termina ahí, ya que los desechos que son arrojados por los mismos pacientes y la poca salubridad que presenta el centro asistencial, hacen que se destile una verdadera pestilencia, que más que curar a los pacientes, los hace salir con mutaciones en sus propias enfermedades. Y todo esto sin mencionar la precariedad en las instalaciones que te hacen pensar seriamente si algunas fachadas sólo sirven para ciertas visitas de personas importantes, locales o internacionales.

La frustración de cada individuo puede llevarlo a perder los estribos y realizar ataques al personal de blanco que se encuentra para atenderlo, pero es que tanto en IPS como en todos los Centros Asistenciales la burocracia peca de absurda y los métodos de atención se vuelven obsoletos.

La desidia es el mal nuestro de cada día acompañada de un desinterés de las autoridades que más se preocupan de aumentar sus faltriqueras, antes que atender las mejoras del sistema sanitario de nuestro país.

Hospitales abarrotados y sin insumos, una constante en Paraguay. Foto ilustrativa / ABC

Raúl Coronel

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