«Despacito» y su versión sinfónica

«Despacito» y su versión sinfónica

Sobre lo que te gusta a vos, lo que me gusta a mí y las razones por las que a nadie le importa.

Casi siempre me pasa. Le digo a un amigo sobre una serie de televisión, un libro o un determinado género musical que me gusta, cuando la otra persona no comparte los mismos gustos por una obra de arte determinada, empiezo a notar un gesto de compulsión, de pesadumbre y de dolor constreñido de parte de la otra persona. Como si el hecho de que no nos gusten las mismas cosas sea motivo de peleas o diferencias. 

Eso me hizo pensar en algo curioso que está ocurriendo en la sociedad:

En algún momento de nuestra historia se asumió de que nos gustan determinadas series de televisión o determinados libros solo por el hecho de que a alguien más les gusta y no por verdadera convicción, lo que ocasiona que hablemos de la cultura por moda, es decir, que solo nos gusta algo porque al resto de nuestro grupo social le gusta y no porque en realidad nos guste.

Siempre se dijo que no había nada escrito sobre los gustos. Pero cada vez aparecen con más afluencia numerosos escritos sobre lo que nos gusta y no nos gusta. No es que haya un problema en que nos guste una cosa y no nos guste otra. El problema es que se propone por determinados sectores de la sociedad que el hecho de que nos gusten determinadas cosas nos hace mejores personas o peores personas, en otros casos. 

Porque como sabemos al decir que nos gusta una cosa, indefectiblemente creamos una barrera que separa lo que no nos gusta y no existe problema con eso, no nos puede gustar todo, ya que en ese proceso intervienen numerosos factores que hacen que nos guste una cosa, desde un color, un prototipo de persona hasta el género musical que ponemos en nuestro playlist. 

Ese no es el problema. El problema está en pretender que al otro le guste lo mismo que a nosotros nos gusta, como si por ese hecho se generara más empatía. Alguien dijo una vez, arbitrariamente, que la música tropical era un género musical con el que se identificaba a los estratos marginales y que era prácticamente imposible que pudieran escuchar música clásica, como si el hecho de escuchar música erudita solo sea para personas de determinado nivel social y solo quede para determinados “Iluminados”. 

Como si el hecho de escuchar determinado género musical te hiciera mejor persona. Claro que también existen los que creen que la música clásica (entiéndase el concepto de clásica como antonomasia y no sólo al periodo conocido como clásico), te otorga clase y te hace mejor que una persona que no la escucha. 

Nada más falso. 

Las disciplinas artísticas, son expresiones libres, ajenas a cualquier tipo de sectarismo o discriminación. El hecho de pensar que solo determinado grupo de personas puede escuchar un estilo musical es para mí el sistema de castas del siglo XXI. 

También pasa en la literatura. Pude escuchar a varias personas que para darse importancia en una conversación casual, se jactan de leer determinados autores. Aunque también está la otra cara de la moneda, el grupo de personas que se cree “superior” por no consumir determinado género literario o determinado género musical. 

Eso nos lleva a que hablemos de la aparición de los llamados “géneros basura” llamados así por no ofrecer una obra de arte de calidad. Hay que decir que esta calidad, está determinada por un grupo de personas, es decir, el carácter de este juicio es subjetivo.

Fuente Imagen: https://www.metro.pr/pr/musica/2017/05/10/despacito-mensajes-diabolicos.html

No hay problema con que no nos guste. El problema está en el hecho de pretender que el consumir determinado tipo de arte nos haga buenas o malas personas. 

No hay objetivo que sustente esa afirmación que es arbitraria y caprichosa. Hace unas semanas* se realizó un concurso de ópera en la que se decidió cerrar con una versión sinfónica del conocido reggaetón Despacito. 

Las reacciones de los músicos eruditos y cantantes del mismo género fue de una profunda decepción y literalmente muchos se “rasgaron las vestiduras”, diciendo que era un género basura y que no merecía hacerse una versión de esa canción. 

La pregunta es ¿Por qué? ¿Es tan indigno un género musical popular para mezclarse con un género que se pretende erudito? 

Me pregunto si iba a producir la misma reacción si la mezcla se realizaba con otro género popular. 

Parsifal de Richard Wagner. Fuente Imagen: http://www.hagaselamusica.com/clasica-y-opera/pera/parsifal-de-richard-wagner/

Debemos entender que el arte es expresión y esa expresión es diversa. 

No podemos negar la calidad artística de una obra solo porque no nos gusta. Este tipo de actitudes lo único que van a conseguir es castrar el arte perpetuamente. 

La verdad es que a mí me gusta el azul, a vos el gris pero a nadie le importan las razones de esa elección.

*Dos años exactamente hace de este artículo y prácticamente no ha cambiado nada, «Despacito» fue en ese momento la moda, ahora es «Tusa», otra invención de la moda, las disqueras y las redes sociales que erosionan el sentido del gusto y la impresión de la gente común. Nota del Editor.

Hugo Mendieta

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