El Parlante

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El Batman de la Ciudad Corruptela llora desconsolado

Muchas veces por las noticias que leemos y vemos en los grandes medios de comunicación, nos encontramos con opiniones de testigos e implicados en las investigaciones que lleva adelante la Contralorìa General de la República y las nuevas señalizaciones que se presentan en medio de la pandemia del covid-19.

Desafortunadamente para los intereses del Ministro Julio Mazzoleni, la polémica ha saltado en el peor momento de su mandato gubernamental, y como autoridad debe ratificarse en la confianza a sus subalternos, sin embargo tampoco de poner la mano en el fuego por ellos si es que éstos cometen, o son sindicados como sospechosos de llevar adelante procesos administrativos de dudosa transparencia.

Imagen: Twitter del Ministro Mazzoleni.

El Ministro debe saber que la licencia que le otorgó la ciudadanía para aplicar la cuarentena total y las fases de la actual, de manera efectiva, se está terminando, en primer lugar porque en estos 77 días de cuarentena de alguna forma se tendría que haber conseguido cubrir las necesidades básicas y principales del sistema de salud del Paraguay para afrontar un posible foco virulento que lleve a muchas personas a ser destinadas a servicios de terapia intensiva y segundo, porque los escándalos que se han sucedido en el último mes provocaron en la opinión pública una evidencia de engaño generalizado que produce una sensación de que este gobierno ha traicionado la esperanza de la ciudadanía.

Una esperanza cimentada en gran parte por los medios de comunicación que catapultaron al ministro y sus colaboradores, y con ellos, al gobierno mismo de Mario Abdo Benítez, «cada vez más negligente y embotado en un reino de ilusión, fuera de este mundo de carencias», a cotas de popularidad nunca pensadas para momentos como éste, y aún a pesar de contar con miles de falencias, décadas de despilfarro de una claque política y años de negligencia en la inversión del gasto público en las carteras más importantes del país como ser la seguridad, la educación, las obras públicas y ni qué decir, la excluyente Salud.

Pero todo ello ha quedado patentado rápidamente como una decepción generalizada de la sociedad paraguaya. La desilusión ha ido creciendo exponencialmente al punto de que ya a nadie le importa ni le interesa lo que el gobierno proponga, simplemente los ciudadanos se cansaron, se hartaron de toda la fiesta con el dinero de los contribuyentes, de todo ese bullicio a favor de Mazzoleni, Portillo y Sequera que se ha traducido en una mueca silenciosa de sospechas después de que «todo era demasiado lindo» para ser verdad.

El gran problema que debe enfrentar ahora este ministerio de la salud es lo que ha denunciado la contraloría y por medio de dicha denuncia, ahora se han volcado a las investigaciones sobre los manejos internos del Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social.

El día de hoy el ministro acudió a una conferencia de prensa para explicar o tratar de explicar lo inexplicable y dar pasos tímidos de reconversión de la situación actual. Se han rescindido contratos con empresas como Eurotec e Imedic, pero todavía queda tela por cortar.

En la conferencia que el ministro realizó ayer al mediodía, expresó que las resoluciones se firman en condiciones de transparencia y que la producción de dichos documentos suscritos son el resumen de todos los procesos administrativos que poseen filtros necesarios y presupuestos acordes y que él y sus colaboradores examinan de manera consciente y responsable los pormenores más importantes que deben tenerse en cuenta antes de proseguir cualquier proceso de licitación.

Con respecto a las declaraciones del abogado Velázquez el domingo pasado en el programa televisión “La Lupa”, refirió que él no obliga a ningún empleado público a ir contra su voluntad, manifestó que “nunca diría a nadie que haga algo que no corresponda” pero sin embargo, recalcó que él puede firmar resoluciones o contratos aunque el comité directivo para adjudicaciones esté en contra. Y es un hecho, que esta última aseveración tiene asidero legal ya que él como jefe de la cartera ministerial tiene la prerrogativa de firmar cualquier resolución por encima del comité evaluador.

Imagen: Twitter del Ministro Mazzoleni

Todo lo expresado por el ministro Mazzoleni pareciera que no presentó nada nuevo a la opinión pública, y principalmente a los periodistas apostados en dicha conferencia. Pareciera que a nadie más le importa lo que diga Mazzoleni, pues habla mucho y con lindas palabras, se expresa bien. Es una persona inteligente, pero se comporta como un politiquero más que evita ir directo al grano: es decir, a la renuncia indeclinable al cargo, ya que si bien nadie lo culpa, no puede sostener que será responsable de una tropa sospechosa de alta traición a la Patria mientras no se encuentren pruebas fehacientes de que el delito se hubiera cometido, si ése es el caso.

Un grupo de manifestantes trabajadores del Hospital de Clínicas, exigió ayer por la mañana una reunión con el ministro, sin embargo éste no los recibió.

Estos manifestantes han declarado vehementemente que el Ministro debe: “Cortar la mano del entorno corrupto, y si no puede cortar, que se vaya”. Entre otras cosas ellos aseguran que el Ministerio no ha cumplido con las mínimas condiciones de dotación de equipos para los trabajadores de blanco, además solicitan que toda esta polémica no vuelva a terminar en un «opareí» monumental, como siempre pasa cuando se trata de investigar la administración pública.

Mazzoleni manifiesta que aún cuenta con el respaldo del presidente y de su familia para continuar en el cargo y llegar hasta el final con las consecuencias previsibles que puedan presentarse en el futuro inmediato una vez que las investigaciones corroboren o descarten los indicios en contra de su gestión al mando del ministerio más importante del país.

Pero el señor ministro no necesita ir hasta las últimas consecuencias, debería renunciar porque ahora se ha dado cuenta de quiénes lo rodean, personas incapaces de ser sinceras y honestas en la función pública, algo que no se resuelve con sumarios administrativos, sino con condenas firmes y ejecutoriadas. Pero el proceso es largo y sabemos cómo es nuestro sistema judicial tendiente a extenderse demasiado en cuestiones de Estado. Pero vuelvo a repetir: el Dr. Julio Mazzoleni no necesita hundirse con una tripulación macabra como la que tiene a su alrededor. Merece ir a su casa y descansar, no solo de las presiones de sus propios subalternos y de su propio entorno político con los demás ministros de Mario Abdo, sino por su propia imagen.

El ministro es una persona muy afable por lo que se ve de afuera, es decir, tiene paciencia, con claridad y buena educación responde todos los requerimientos de la prensa, algo realmente casi imposible teniendo en cuenta que todos los políticos por lo general en nuestro país son al estilo Payo o HC, que no tienen la capacidad suficiente como para entablar un debate racional con otras personas, pero ellos no son el problema, sino el síntoma.

En este caso especial, el Ministro de Salud es el diagnóstico que cuenta: todos los paraguayos con cierta capacidad intelectual o con preparación específica y con buena voluntad para hacer patria son consumidos por la patáfora. Es una pena que un profesional como Mazzoleni tenga que terminar así, por culpa del entorno político; ciertamente él no tiene la culpa de todo pero si no da la vuelta de tuerca necesaria uno empezará a pensar mal. ¿Será que la sociedad paraguaya piensa igual?

Imagen: Twitter del Ministro Mazzoleni.

Así el Capitán de Mar y Tierra debe hacer frente a la corrupción que ahueca desde el interior del Ministerio las alas de la parsimonia elemental y demencial del negligente amo del universo del huevo negro donde son raptados todos aquellos con voluntades benignas que tienen la ética y la moral en lo alto quedando convertidos en desconsolados petimetres políticos que más tarde o más temprano rubrican gestas históricas donde el plato de puchero de felicidad era el zoquétor patafísico que sin no querer hacer lo contrario entonaba las bocanadas de este rico caldo de cultivo de las sensaciones que nos traicionan todos los días a medida que se sirven los descontentos en las calles infaustas del Covid. Así como están las cosas nuestro Superman se fue de a poco deformando en un Lex Luthor. Nadie sabe dónde están ahora héroe y villano.

El Batman de la Ciudad Corruptela llora desconsolado, llora en soledad como protagonista de esta Odisea maldita llamada Paraguay. Nadie sabe dónde se encuentra el gran detective.

Y Lex Luthor ofuscado, deambula en esta larga noche cortando trozos pequeños a la luna invernal y degustándolos con salsa de tomate Made in China. Héroes y Villanos, Ángeles y Demonios ahora son todos indistinguibles.

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