El Parlante

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Opinión

El destino y el libre albedrío

Existen muchas películas, series, libros e incluso canciones en los que el protagonista se enfrenta a su destino, ya sea para cumplirlo o para cambiarlo. Hace siglos que la humanidad dejó de atribuir eventos naturales a seres divinos, ahora conocemos las causas de estos e incluso podemos predecirlos mediante ecuaciones, leyes que conocemos como parte de la ciencia física.

La naturaleza pareciera ceñirse totalmente a esas leyes. Con la física, ¿qué puede ya sorprendernos?, ¿qué no podemos predecir?

Todos los días somos testigos de patrones predecibles que se repiten, se repitieron ayer y se repetirán mañana. Pues todo sigue un curso de causa y efecto. Si nos tomamos un tiempo, y manejamos bien las matemáticas, podremos saber cómo terminará nuestra jornada desde que nos levantamos de nuestras camas.

Las leyes de la física nos dictan que todo tiene una trayectoria, sigue un camino concreto a una velocidad concreta. El sol tiene un ciclo regular, un objeto específico que arrojemos con la misma fuerza caerá siempre a la misma distancia. El agua siempre comenzará a hervir desde la misma temperatura. De esta forma conocemos el “destino” de las cosas.

Resulta que lo que conforma al mundo es un sistema de partículas que interactúan entre sí y cuyo movimiento es también predecible. Imaginemos una partícula (como una bola microscópica) que deja detrás de sí rastros de su movimiento. Usando estos rastros como información, sabremos cómo se moverá en el futuro.

La física nos dice que, desde la creación del universo, el destino de cada una de estas partículas está marcado, incluso lo está el hecho de que usted esté leyendo ahora este texto.

Teniendo en cuenta todo esto, el azar no sería más que una mera ilusión, al igual que el libre albedrío.

Imaginemos al mundo como un mecanismo gigante de engranajes. Actúan siguiendo la ley de la causa y efecto. El movimiento de una pieza implica el de otra, y así sucesivamente. Pero, ¿cómo afecta todo esto al destino de una persona? Pues los seres humanos no están excluidos de este gran mecanismo. También estamos formados por esas piezas de engranaje.

Podríamos, ante esta escalofriante posibilidad, intentar refugiarnos en lo que se conoce como sistemas caóticos. Volviendo al ejemplo de la partícula en movimiento, esta mantendrá un trayecto fácil de predecir, pero si la alteramos mínimamente como cambiando hacia donde se dirige, reaccionará de una forma completamente distinta. Un ejemplo conocido de un sistema caótico es el doble péndulo. Entonces, ¿esto significa que la mecánica clásica queda sin efecto? En realidad, no. Porque el hecho de que algo sea difícil de predecir, no significa que sea imposible hacerlo.

M. C. Escher. «Relatividad» es una impresión en litografía.

¿Es nuestra voluntad una ilusión?, ¿nuestra historia está escrita desde el principio? A partir del año 1920 se desarrolla el grueso de una rama de la física que pondría en duda todo lo que conocíamos hasta entonces del universo y sus leyes: la mecánica cuántica. Lo que sucede es que las leyes clásicas quedan obsoletas cuando se trata de partículas elementales, las que conforman el conjunto. Lo que sucede al querer medir un átomo es que se torna bastante problemático, el solo hacerlo altera su comportamiento. Pero si nos la arreglamos para medirlo en diferentes momentos (descartando las alteraciones) y juntamos los datos obtenidos, no encontraremos una trayectoria normal, tendremos puntos errantes, sin ningún patrón aparente. Mientras más te empeñes en medir el átomo, notarás que aparece de forma cada vez más aleatoria.

La trayectoria fijada no existe a escala pequeña (muy pequeña). ¿Qué es lo que ocurre a nivel atómico entonces? Sucede que el mundo cuántico funciona con probabilidades. Un átomo aparece de forma casi aleatoria, casi, ya que en su recorrido hay lugares con más probabilidad de que aparezca. Esas probabilidades también pueden ser estudiadas y conocidas.

Y como lo complejo tiene su pieza elemental, imprescindible, así es la cuántica para el universo, se rige por ella. Las probabilidades en la cuántica nunca son de 100 %, por lo que no se puede predecir con total certeza lo que pasará.

El conjunto es producto de las partes, no obstante, ¿por qué actúan de forma diferente? Esto aún no tiene una respuesta aceptada totalmente, pero puede explicarse en la mayoría de los casos mediante la mecánica cuántica.

Con esto, ¿podemos, desde el punto de vista de la física, afirmar que, no hay nada que diga, que el azar no exista? ¿Se puede manifestar, por tanto, que el mundo tiene sus bases en las probabilidades y que, de esta forma, el libre albedrío sea posible?

Fuente:

http://www.conicit.go.cr/prensa/boletincyt/boletines_cyt/boletin-186/Youtuber-fisica-cuantica.aspx

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