El elixir y la hiel en el poemario de Gabriel Ojeda

El elixir y la hiel en el poemario de Gabriel Ojeda

Mientras algunos aún buscan el significado de la poesía, Gabriel Ojeda escudriña, golpea, grita, se vuelve esquivo, un poco neurótico, maldito, con las hordas de Dios y de Satán en su boca. No se perdona ni a sí mismo porque considera una filtración, una debilidad realizar concesiones para aplicar perdones en este tiempo que nos arranca las vísceras para alimentar a los cuervos.

No resulta fácil entender a un poeta entrenado para la transgresión y que encuentra en las cosas amargas la hiel de la poesía, aunque también el elixir de donde brota la palabra hasta hacerse verso que ahoga con sus escamas de misterio.

Llamativamente, esta Antología de la indiferencia, no es tal en su contexto profundo y amplio por una sencilla razón: no se mantiene indiferente a nada. El mismo título hace suponer que se trata de una estrategia válida  para chasquearse de la indiferencia en que viven los hombres. El poeta de la indiferencia derriba sus muros, su pasión y su incógnita para rebelarnos que estamos ante una poesía creada de sensaciones, éstas muchas veces llevan a la rabia  aunque siempre hay alguna luz que asoma en el entendimiento.  

Estamos hasta el cuello en el pantano.  Es allí donde Gabriel Ojeda libera sus sueños,  controla los impulsos y su realidad obedece a una rara nomenclatura en que la porquería y la ficción son probabilidades que  encallan en el tiempo.Como el viejo Wilhelm Stekel, que exploraba la conciencia y el comportamiento de un Misófilo Poliformo Perverso, nuestro poeta explora la coyuntura que va reflejando los espejos sociales e individuales, si bien se produce el hallazgo de patologías muy graves,  el poeta centra su atención sobre aquellos enfermos de concupiscencia, de dación infernal hacia lo híbrido, lo absurdo, lo patente.

Toca repetidamente la piel de seres extraños que si bien viven en el vacío no sienten ni saben que su hogar es el vacío. Habla a esa gente, en ocasiones con un lenguaje brutal, lleno de metáforas violentas donde la voz cae como una piedra saturada en el camino. Quedarse, pensar y sentir que el mundo en que vivimos no resulta precisamente un reconstituyente saludable es un problema de contornos preocupantes. Trajinamos sobre andamios que flotan a la deriva y parece que caeremos todos en cualquier momento.

En esa suerte de equilibrismo danza la poesía de esta Antología de la indiferencia que, dicho sea de paso, marca las diferencias entre la percepción del poeta, la historia que va encontrando y la experiencia viva que el autor destina para su juego ornamental, es decir, su drama estético cuyo escenario es la poesía.En estas condiciones es muy difícil de definir qué es la poesía ni qué tipo de poesía se ha propuesto el autor, vale decir, sin embargo, que su estilo no es una condición sino la palpitación de su propio nervio, la exaltación de su embrujo, de sus sueños, de su canto de redención.

Entonces nos dice:  “ Dios, el hombre y los restos de Satán flotan en la materia oscura de la imaginación”… porque tal vez él está seguro de que  “Los pájaros van muriendo a pleno vuelo”. Gabriel no se atora para expresar:  “En la confusión de las palabras muertas, no poder reconocer nuestros más bajos vicios escondidos en la candileja vigente”.Esta es apenas una leve pigmentación en la congoja y el escarnio que Gabriel Ojeda va construyendo con nerviosismo y vigor en toda la extensión del libro.

A veces el poeta golpea como prisionero, otras veces como un Zeus liberado quiere vigilar el mundo enviando a los elegidos no solamente a la tierra de promisión sino al patíbulo donde deberían ir a parar los intrigantes, los mequetrefes que transgreden las máximas o las reglas declaradas para el resguardo en la sociedad.En los últimos tiempos el canto en la poesía (siempre hay canto en la creación poética) ha perdido su ímpetu ante la energía estética de esa poesía que saca el velo a la basura que tan pacientemente acostumbran a generar los seres humanos, no se puede hablar de una tranquilidad transitoria en esta hora de tecnologías eficaces para la construcción y la destrucción.  

La ciencia avanza en medio de la velocidad comunicativa, la pornografía caliente, la violencia brutal, las traiciones a granel, las mentiras, la podredumbre y la tragedia de parias andrajosos que comen sus propias vísceras ante la mirada de nuestro poeta contrario a la indiferencia.Ningún poeta podrá juntar todos los ingredientes del revoltijo que presenta este libro en que todos están suspendidos entre mundos diversos.

Desde allí cada cual grita sus historias, es decir, la piel del alma, la vocación perenne de vivir las circunstancias.Se están dando señales de aislamiento, cada uno escribe desde su mundo, el temperamento no vacila aunque luego llegue una trombosis letal para parar las desdichas que inflaman las palabras. En ese sentido, la poesía de Gabriel Ojeda no escapa a las tentaciones de nuestra era, con excitaciones aleatorias  pulsa la lira de nuestro tiempo.

Diseño de Tapa por Edu Barreto

Su poesía se vuelve obstinada, caprichosa, inquisidora, altamente pesimista  y ligada a retratos descarriados y poco sutiles porque tiene que anunciar la futilidad de las cosas.Antología de la Indiferencia presenta a un poeta declamatorio que logra su impacto al encajar la mano en la realidad que envanece a los hombres.

Victorio V. Suárez. Diciembre de 2014

El Parlante

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