El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Opinión Sociedad

El futuro de nuestros niños

La cultura paraguaya es increíblemente hermosa, desde sus expresiones artísticas hasta sus tradiciones que brillan y son admiradas en todo el mundo. 

De la misma forma, esta cultura tiene un rasgo oscuro que se encuentra arraigado en su población desde hace siglos, latentemente, impregnado en los apabullantes relatos que esconden tras las paredes de las habitaciones y las calles en donde los niños deben reprimir las historias de terror que viven continuamente de manos de aquellos que deberían velar por su bienestar. 

De manera inescrupulosa, muchos de los paraguayos presentan actitudes de salvajismo y conductas dignas de una terapia psiquiátrica, ya que al parecer la violencia es un estandarte para un gran sector de la población de nuestro país. 

En el 2017, un poco más de 1.050 casos de abuso sexual en niños fueron registrados, lo lamentable (por decirlo de alguna manera), es que estos hechos son realizados por los propios parientes o allegados, eso sin tener en cuenta las situaciones diarias que se vivencian con los niños en situación de calle, que por lo general, el común de la población desconoce de las aberrantes situaciones de las que son víctimas. 

Además, en el interior del país pareciera ser que los maltratos y el abuso así como la explotación de menores son ‘normales’, esto, teniendo en cuenta que la mayoría de los ciudadanos ven como algo común que los macabros hechos de violencia se realicen abiertamente y sin ningún tipo de restricción por parte de las autoridades. Hasta lo catalogan como una manera adecuada de educar. 

Esta situación es mucho más fuerte en la capital del país, donde supuestamente “la situación se encuentra controlada”. 

Pero la realidad supera ampliamente lo que las cifras del gobierno actual intentan ocultar. El portal de noticias de Última Hora y Paraguay.com, publicaron los casos de desidia por el que pasan los ‘entes estatales’ que deben velar por el bienestar de los niños, donde los mismos responsables de las CODENI municipales y los agentes de la Secretaría Nacional de la Niñez y Adolescencia (SNNA), así como los miembros del INDI, referían que existe una total precariedad para atender a las pequeñas personas a las que deben responder.

Increíblemente el Estado sigue marginando la vida de los niños, hasta el punto en que las oficinas que prestan servicios para el cuidado los infantes realizan un grito desesperado, intentando hacer reaccionar al gobierno sobre la horrorosa realidad a la que están sometidos la población infantil. Paraguay se halla entre los primeros tres países de la región con menor inversión en programas sociales, donde la primera cara de sufrimiento e impacto, se ve en los rostros de los niños. 

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), ha determinado por medio de una investigación que nuestro país, realizaba en el 2003 y 2004 una inversión social del USD 129 per cápita, que en el 2013 solo aumentó a USD 305 por cada individuo. En contraposición, el promedio que se maneja dentro de los demás países de la región de USD 347, que se elevó a USD 969, teniendo en cuenta que este crecimiento se da en el mismo periodo señalado, según los reportes de los medios locales. 

Por otra parte, la increíble y perturbadora opción que toma cada año el Estado con respecto a la Educación, aportando solo un 3,5 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), haciendo que la decadencia cultural siga acrecentándose desde los cimientos del sector de la formación inicial de los niños. 

Fuente Imagen: https://etiteccem.blogspot.com/2015/02/investigacion-especial.html?fbclid=IwAR3eg6v7y-i8K3xURYsdHIyBYDggxGT5FJmCu1-gfP5nlO61uLnN3zsIpws

Para culminar este artículo que resulta ínfimo ante la gran amalgama de manifestaciones que pueden realizarse ante este tema, solo me queda decir que la cultura paraguaya dentro de todo su esplendor y radiante brillo, se verá por siempre opacada por la arrogancia, así como la corrupción que impera en nuestro país, destruirá por completo el futuro que anhelamos para los desprotegidos niños del Paraguay.

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