El Gran Silencio

El Gran Silencio

La era de la información ha comprobado la falsedad de muchas teorías, leyendas urbanas y supuestas pruebas de lo que a nuestro entendimiento consideramos “paranormal”, entiéndase, aquello que no puede ser explicado científicamente. Sin embargo, un par de estos supuestos no han hecho más que reforzarse con las nuevas tecnologías; no toma más que unos minutos de búsqueda para encontrar personas que, con pruebas documentales (dudosas o no), afirman la existencia de fantasmas, extraterrestres y otros seres.

Sin embargo, mientras vamos conociendo y dimensionando el verdadero tamaño de nuestro universo, se va haciendo más claro que lo paranormal no son las civilizaciones ajenas a la tierra, sino su ausencia.

En 1967, una alumna irlandesa de la Universidad de Cambridge llamada Jocelyn Burnell estaba inspeccionando el cielo con un radio-telescopio recién construido. Después de unas semanas, ella descubrió algo distinto.

El telescopio había detectado una señal de radio que parecía tener pulsaciones intermitentes, que a su vez tenían intervalos de exactamente 1.33 segundos. Se pensó que no eran más que interferencias antropogénicas, pero pronto se hizo claro que la señal realmente emanaba del espacio profundo y la precisión inquebrantable de las pulsaciones era distinta a cualquier cosa antes vista de este modo, muchos en esos tiempos cuestionaron si este era un fenómeno natural o una transmisión de otra civilización.

La fuente de radio recibió el nombre de LGM-1, un acrónimo para «enanitos verdes» (en inglés little green men), y la misma Burnell no podía dejar de preguntarse si de hecho había descubierto la primera señal de vida más allá de la Tierra.

Como era de esperarse, eventualmente emergió una explicación natural y ahora sabemos que estas pulsaciones son producidas por estrellas de rotación rápida, que emiten radiación de forma similar a como una lámpara emite luz.

Pero la curiosidad humana ya se había puesto en marcha, desde entonces, un esfuerzo internacional conocido como el Instituto SETI ha estado buscando activamente transmisiones artificiales en el vacío del espacio, pero sólo nosotros parecemos estar en el tablero.

La raza humana ha estado enviando señales de radio al espacio por la mayor parte de un siglo, por lo que cualquier civilización alienígena “escuchando” en un rango de unos 100 años luz, podría ser alertada de nuestra presencia. Esta ventana de oportunidad va cerrándose lentamente, pues mientras avanza la tecnología, la emisión de ondas de radio se va reduciendo.

Muy pronto, la tierra podría unirse al Gran Silencio.

Si todas las civilizaciones mejoran y eventualmente llegan a un punto donde dejan atrás la tecnología de la radio, se presume que una civilización sólo es detectable por un breve periodo de tiempo. La emisión de radio es extremadamente tenue y se difumina cada vez más conforme crece junto con la expansión del universo.

Las señales más poderosas que se emiten son de radares militares, que tienen una mayor posibilidad de ser detectadas a través de las enormes distancias interestelares; al compararlas con emisiones de televisión o radio comunes.

Se prevé construir el «Square Kilometer Array», un vasto esfuerzo de exploración espacial que estará en nuestro hemisferio, en Sudáfrica y Australia, y podría ser lo suficientemente sensible para detectar señales de radio débiles de una civilización similar a la nuestra a una distancia moderada.

Proyectos aún más ambiciosos serían requeridos para detectar señales aún más distantes.

La luz sobre el sonido

Suponiendo que una civilización similar a la nuestra (pero más avanzada tecnológicamente) quiera comunicarse a distancias inmensas, la luz resulta ser una conveniencia más maleable. Por ejemplo, podrían construir faros poderosos con el propósito de aumentar su luminosidad radial.

Estas luces consumirían vastas cantidades de energía por largos periodos de tiempo, por lo que una alternativa más económica sería un haz enfocado de radiación,en lugar de una emisión omnidireccional.

En 1974, la humanidad envío un mensaje interestelar a un cúmulo globular a unos 25.000 años luz de distancia. Si una civilización alienígena se encuentra en el camino del mensaje, tendría menos de 3 minutos para detectarlo, y nunca tendrán una segunda oportunidad.

Pudimos haber sido los destinatarios de un mensaje interestelar similar cuando en 1977 una ráfaga de energía cruzó nuestro planeta. A pesar de repetidos intentos de volver a detectarla, la famosa señal «¡Wow!» nunca fue reencontrada y su origen continúa siendo un gran misterio. Una respuesta fue enviada en la dirección general del ¡Wow! en 2012.

La paradoja de Fermi. ¿Cómo podemos estar solos?

Sabemos que la gran mayoría de las 200.000 y 400.000 millones de estrellas en la Vía Láctea poseen al menos un planeta. Muchos de esos planetas tienen un tamaño similar al de la Tierra y orbitan dentro de una zona habitable de una estrella similar al sol. Esto significa que podría existir agua líquida en la superficie, ingrediente esencial para la vida como nosotros la conocemos.

Recientemente, en 2017, fue enviado un mensaje hacia uno de los planetas menos distantes y más parecidos a la Tierra conocidos hasta la fecha. El mensaje consistía en varias composiciones musicales e información básica de la humanidad.


Un punto azul pálido (Pale Blue Dot). Puede observarse la Tierra como un punto de luz entre blanco y azulado situado en la franja marrón de más a la derecha de la imagen. La fotografía fue tomada a una distancia de 6000 millones de kilómetros de la Tierra por la Voyager 1 en 1990. Fuente Imagen: De Voyager 1 – http://visibleearth.nasa.gov/view.php?id=52392, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=4400327

Si el planeta se encuentra habitado, la civilización presente capta el mensaje y tiene la capacidad de contestar,  podríamos esperar una respuesta tan pronto como en el año 2044.

Sin embargo, habitabilidad no es garantía de habitación. Actualmente, la forma de analizar si un planeta podría albergar vida, es analizando la luz solar, el espectro luminoso de una atmósfera rica en oxígeno es distinto al de una atmósfera rica en hidrógeno. A esto se le conoce como una bio-firma.

Los astrónomos reducen mínimamente la imposible tarea de revisar todos estos planetas buscando combinaciones químicas; por ejemplo, sería muy extraño que el metano y el dióxido de carbono coexistan en un planeta sin vida. Algunos químicos podrían ser considerados como contaminación “industrial” y ser indicadores de vida inteligente. Eso es considerado como una tecno-firma.

Después de observar 100,000 galaxias cercanas en busca de una civilización, ningún astrónomo ha encontrado señales de vida.

El Gran Silencio del universo puede ser un poco enervante.

La tierra ha estado irradiando biofirmas por millones de años, y hasta donde sabemos, no ha captado la atención de un astrónomo alienígena.

La aparente contradicción entre la potencialidad y la falta de vida extraterrestre es conocida como la paradoja de Fermi. Dado el tamaño y la edad del universo, ¿porqué parece ser tan carente de vida? Hay varias hipótesis.

Tal vez la vida es relativamente común, mientras que la vida inteligente es extremadamente rara. Tomó unos 4 billones de años de evolución y varias extinciones masivas antes de que los humanos emergieran en la Tierra. La hipótesis de la tierra especial sugiere que la complejidad de la Tierra es el resultado de una improbable cadena de eventos que difícilmente ocurrirían más de una vez.

“El Gran Filtro” es el nombre que se le da a una barrera hipotética, improbable o imposible para la vida de superar.

Si superamos la barrera en el pasado, tal vez seamos unos de los pocos afortunados que la han podido cruzar. Potenciales candidatos incluyen la emergencia de organismos multicelulares y la invención de armas nucleares.

Si la barrera está por venir, podríamos pronto unirnos al cementerio cósmico de civilizaciones caídas. Potenciales candidatos incluyen cambio climático insostenible y de nuevo, la invención de armas nucleares.

Las sondas «Voyager» 1 y 2 lanzadas en los 70s’ son las únicas que han alcanzado el espacio interestelar. La Voyager 1 es famosa por llevar un disco dorado con información sobre la humanidad.

Pero tomará otros 40,000 años antes de que la sonda encuentre otra estrella.

Una civilización avanzada, podría lanzar sondas con capacidad de auto replicarse. Estas máquinas obtendrían recursos de los planetas que visitan para crear copias de sí mismas, que a su vez crearían copias adicionales. La humanidad está acercándose rápidamente a la sofisticación tecnológica para lograr algo así, entonces cabe preguntarse, ¿por qué no hemos visto ya una sonda así de otra civilización?

Quizá porque un objeto de origen extra-solar podría fácilmente abrirse paso por nuestro patio cósmico sin nuestro conocimiento. En 2017, un objeto llamado «Oumuamua», pasó por nuestro sistema solar interno, completamente desapercibido hasta que se alejó de nuestro sol. Inicialmente se pensó que era un cometa, pero la ausencia de una cabellera, una nube arrastrada de polvo y gas típicamente formada cuando los cometas se acercan al sol, hizo suponer que era asteroide, pero entonces, el objeto comenzó a acelerar sin explicación certera.

«Oumuamua» es completamente silenciosa, tal vez sea una sonda difunta, destinada a vagar por la galaxia sin dirección, muy similar a las Voyagers.

Ausencia de conocimiento

La verdad es que simplemente no sabemos.

No sabemos si billones de planetas son suficientes para que la inteligencia surja más de una vez.

No sabemos los prerrequisitos para la abiogénesis, la transición de la no-vida a la vida.

No sabemos la probabilidad de la soledad cósmica.

Fuente Imagen: https://harodigital.com/mas-vida/nacion-futura/por-que-aun-no-hemos-encontrado-vida-extraterrestre-la-teoria-del-bosque-oscuro/

Pero concluir que estamos solos en el universo frente a toda esta ignorancia sería imprudente.

La extensión de nuestra búsqueda de inteligencia extraterrestre ha sido comparada con la búsqueda de un vaso de agua como evidencia de peces en los océanos, el espacio es inimaginablemente vasto y apenas hemos empezado a mirar la superficie.

Quizás algún día, se moverá un telescopio un poco a la derecha, o alguien escuchará un rango un poco distinto de frecuencias, y el universo ya no parecerá tan callado.

Referencias.

https://www.biography.com/people/jocelyn-bell-burnell-9206018
https://www.seti.org
https://en.wikipedia.org/wiki/Arecibo_message

Santiago Tardivo

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