El Parlante

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El homo tecnologicus y la sociedad digital

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El ser humano es el resultado de un prolongado y detallado proceso evolutivo. Varios hechos puntuales dentro de esta línea temporal han sido determinantes para que vaya maleando su estancia en la Tierra. Los cambios que trajo consigo el advenimiento del siglo XXI no se han visto desde la revolución industrial.

La tecnología y todos sus derivados han impactado de forma directa en el hombre al punto de transformar su manera de vivir y relacionarse con su entorno, dando paso a un nuevo hombre sometido a la tecnología y convirtiéndolo en el denominado homo tecnologicus.

La existencia del ser humano en este nuevo siglo, oscila entre el narcisismo y la ostentación. Las redes sociales han sido el conducto disparador por medio del cual las personas canalizan sus más profundas debilidades y complejos. El individuo se ha convertido en un ser totalmente traslúcido. Ha perdido su sentido de privacidad y retrospección. La intimidad como un elemento mezquino y resguardado, se ha disuelto. El hombre actual se ve en la gran necesidad de venderse como un objeto de subastas, buscando acaparar la mayor atención posible. Pretende mostrar una imagen dentro de ciertos parámetros estéticos, tratando de cumplir requisitos estereotipados por una sociedad que hace de juez, catalogando lo bueno y lo malo a través de los likes.

Mayor cantidad de likes, significa mayor aceptación, y esto se transforma en dosis que satisfacen a un ser cuyo ego y autoestima es dependiente del grado de popularidad que pueda generar. Mostrar atributos físicos, ostentar lujos o viajes, las restricciones dependen del grado de pudor del individuo. Todo se vale en esta carrera desenfrenada por la aprobación social.

Dentro del terreno psicosocial, las redes sociales tienen su cuota de injerencia. El ser humano ve en estas plataformas un escape a sus frustraciones y problemas. El ciberespacio está plagado de alter egos.

En su afán de encajar dentro de cualquier grupo social, el individuo adopta la conducta, afinidades e ideales de cualquier colectivo. Esto se ve en su plenitud por las redes. Formar parte de alguna colectividad le genera una falsa sensación de confianza y comprensión, sin importar que se vea forzado a aceptar o pasar por alto ciertos códigos que vayan en contra de sus creencias. Este es un precio que el homo tecnologicus está dispuesto a pagar con tal de formar parte de un grupo donde se sienta arropado.

El material de consumo dentro de las redes sociales también es un aspecto a ser analizado. La instantaneidad y los pocos límites existentes en este submundo han logrado normalizar el morbo, convirtiéndolo en algo cotidiano. El homo tecnologicus ha perdido la capacidad de asombro ante lo que circula y observa. Parece disfrutar de lo grotesco, incluso difundiéndolo y generando que el alcance del material llegue a más personas.

Poco le importa lo destructivo que puede ser aquello que exprese. Es por esa razón que en el lenguaje utilizado en estos estratos se encuentre una gran carga de violencia y nocividad. Es común ver todo tipo de improperios, agresiones y denigraciones. El daño que generan este tipo de acciones se ve potenciado por la velocidad de difusión y el alcance que ofrecen estas plataformas. Y como el control es mínimo, el individuo no se restringe casi nada.

El ciber homus y su hábitat

Todos estos factores y patrones de comportamiento, son piezas de un engranaje que terminan por componer una nueva estructura y modo de vivir: la sociedad digital. Una nueva manera de coexistencia que divide el mundo en dos estadios.

Las relaciones dentro de esta sociedad se dan a través de pantallas de ordenador o Smartphone. Y es aquí donde ocurre una paradoja contradictoria. Las redes inalámbricas pueden conectar a personas que se encuentran en distintos polos del planeta, pero a su vez este tipo de relaciones prescinde del contacto físico, creando así lo que es denominado como relaciones a distancia: Personas que entablan vínculos afectivos sin la necesidad estar físicamente presentes.

Este tipo de encuentros se dan sin la necesidad instintiva de contacto. El “cara a cara” es reemplazado por vídeo llamadas. Al homo tecnologicus le basta con observar y oír, dejando de lado las experiencias físicas a cambio de horas y horas de conexiones en línea.

Cualquier muestra de atracción física o de otro tipo de emoción encuentra su forma de expresión por medio de emoticones o GIFs.

Consecuencias a corto y mediano plazo

Depresión, suicidios, déficit de atención y bipolaridad son algunas de las consecuencias que traen consigo esta nueva era tecnológica y su aplicación en este presente.

No es coincidencia que el siglo XXI sea considerado por expertos de distintas áreas como el siglo de las enfermedades mentales.

«Según la Organización mundial de la Salud (OMS),en el año 2016 el suicidio fue la segunda causa principal de muerte entre jóvenes de 15 a 29 años. El suicidio no solo se produce en los países de altos ingresos, sino que es un fenómeno global que afecta a todas las regiones del mundo. De hecho, en 2016, más del 79% de los suicidios en todo el mundo tuvieron lugar en países de ingresos bajos y medianos».[1]

«Un informe publicado por la Oficina del Gabinete de Japón en 2015, que analizó los datos de suicidio infantil en el país entre 1972 y 2013, reveló que existe un pico masivo de suicidios al inicio del segundo semestre escolar, que en Japón comienza el 1 de septiembre. O sea, el día en que los jóvenes regresan al colegio. De hecho, en Japón se han implementado algunas medidas para evitar que los adolescentes opten suicidarse en vez de asistir a la escuela».[2]

La Sociedad Psiquiátrica de Madrid ha expresado su gran preocupación por recientes estudios, que asocian a personas que utilizan redes sociales de poseer un riesgo tres veces mayor de sufrir depresión y ansiedad en comparación con quienes no las utilizan.[3]

Estos y otros datos perturbadores exponen las consecuencias que acarrea consigo esta nueva era de transformación a la que el hombre ha decidido embarcarse. Y es que esta sociedad digital cuenta con un lenguaje y formas de expresiones propias, cuya fuerte influencia termina distorsionando los idiomas convencionales como los conocemos. Los tiempos actuales invitan con urgencia a detenernos y reflexionar hasta donde hemos llegado como especie. Debemos replantearnos y reconsiderar si nuestra era está colaborando como un escalón más dentro de nuestro proceso evolutivo o si por el contrario, estamos retrocediendo e ingresando a un abismo del que difícilmente saldremos ilesos.

Fuente de la Imagen: http://elhogardelaspalabras.blogspot.com

[1]https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/suicide

[2]https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-46104354

[3]https://www.abc.es/familia/padres-hijos/abci-impacto-internet-salud-mental-jovenes-cuantificable-201903070215_noticia.html

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