El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Actualidad Análisis Opinión

El liberalismo: su mala interpretación y sus enemigos

Al consultar tu navegador predilecto o al oír a referentes relevantes del liberalismo, nos encontramos con el popular concepto de: «El liberalismo es el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo». Y ahí es donde empiezan las malas interpretaciones; es decir, los errores. Errores grandes que pueden llevar a una malformación del significado del término. Primero, hay que partir por el concepto de «respeto». Respeto, en este contexto, no significa compartir o adherir a los proyectos de vida de otros, sino que quiere decir que no se justifica bajo ninguna situación el bloqueo de lo que decida hacer el prójimo; sin importar lo mucho que pueda molestarnos. Claramente, siempre y cuando lo que quiera hacer el prójimo respete los principios básicos de la ética liberal y las leyes que son construidas sobre esas bases. La fuerza –como dice Alberto Benegas Lynch (h)– puede recurrirse solamente en casos de legítima defensa. Defensa de la vida, la propiedad y la libertad.

Bandera de Gadsden. Simboliza el principio de No Agresión y Defensa, tomando como analogía la posición que toma la serpiente de cascabel con la frase «NO ME PISES».

Entonces, el respeto en el contexto liberal no quiere decir tolerar ni sinónimos como aguantar. Los derechos se respetan, no se soportan. Y el test del respeto se presenta cuando diferimos en opinión con el prójimo. En la vida cotidiana, al diferir y/o argumentar con lógica posiciones de personas dogmáticas, salen con el as para escapar de toda disonancia cognitiva: «Respeta la creencia de cada uno, cada uno cree lo que quiere y tenés que respetar». Esto es un error, y muchas personas con este tipo de pensamiento han llevado sociedades completas a la ruina. No se está faltando al respeto a nadie al discutir posiciones que consideramos ridículas teniendo argumentos para demostrarlo. Lo que se respeta, en una sociedad libre, son los derechos fundamentales de cada uno a expresarse, a vivir, a poseer propiedades y a ser libre. Lo que no se puede, bajo ninguna circunstancia, es privar a una persona de esos derechos; las ideas, todas, se discuten.

Ser anti-izquierda no te hace liberal

Hay ideologías políticas que, al contrario que el liberalismo, anteponen la igualdad por encima de la libertad; estas filosofías políticas se las suele llamar comúnmente de «Izquierda». Por eso, cabe decir, que el liberalismo es anti-izquierda ya que antepone la libertad ante todo. Pero, he aquí otro error. Muchas personas que se aproximan al liberalismo con la única idea de que es anti-izquierdista cometen el error de no conocer aspectos más específicos que configuran el corpus teórico del liberalismo. El anti-izquierdismo no es la única característica del liberalismo. Esto significa que no toda crítica dirigida a la izquierda sea liberal ni que todos los opositores de la izquierda sean liberales. Hay otras ideologías que pueden llegar a ser incluso más peligrosas para las libertades individuales que la propia izquierda. Entre ellas:

El nacionalismo

Ilustración referente al Nacionalismo

El nacionalismo es una ideología política que pone la Identidad Nacional sobre los individuos. Tampoco es una filosofía igualitarista, dado que no presupone que todas las naciones sean iguales ni tengan los mismos derechos. No especula que existan cosas como derechos humanos universales, sino que son derechos dependientes al dominio de un determinado grupo, y por tanto, a la subordinación y lealtad que el individuo muestra hacia el grupo. Esto puede ser peor para la libertad que la izquierda misma.

Conservadurismo tradicionalista

Este tipo de filosofía lo que busca es aplicar la tradición revelada sobre los derechos del individuo, en la medida de que esa tradición sea una que ataque la libertad del individuo. Propone (e impone, en la mayoría de los casos), la rendición del individuo a un concreto código moral. Por tanto, el Conservadurismo Tradicionalista –al referirme a Paraguay, me atrevo a adjetivarlo también Católico– es enemigo de la libertad individual, y por lo tanto, del liberalismo.

La tradición católica en Paraguay

Celebración multitudinaria del día de la Virgen de Caacupé.

Es más que sabido que la población Paraguaya, en su amplísima mayoría (88,3%) es Católica, por lo tanto, es de esperar el amplio rechazo de este artículo de parte del paraguayo promedio (si lo llega a leer, claro). Y si lo llega a hacer, no se hará esperar el pseudo-intelectual Católico que vendrá a repetir lo que dijo su más celebre teólogo, –ya sea Santo Tomás de Aquino, San Agustín, o el que sea– y para esa gente tengo algo que decir: si la religión y quienes la promulgan fueran tan doctos como lo fueron algunos de sus exponentes más importantes, el país sería mucho mejor; en cambio, hay que analizar los datos, la mayoría de los creyentes son personas de a pie, ignorantes a toda ciencia porque sus cerebros se les apagó y van en modo automático de la mano de sus nefastas rutinas desde hace décadas. Y es una desgracia, porque esto trae consigo consecuencias para la población joven.

Primeramente, esta absoluta mayoría de dogmáticos poco instruidos son los que votan a los mismos cerdos oligarcas y ladrones de turno, al mismo tiempo que el Estado y ellos mismos adoctrinan a sus hijos, matando así la riqueza de nuestra nación: los jóvenes.

Adoctrinamiento en la niñez: una violación de los derechos humanos

El art. 73 de la Constitución Nacional dicta: «Toda persona tiene derecho a la educación integral y permanente […] Sus fines son el desarrollo pleno de la personalidad humana y la promoción de la libertad y la paz, la justicia social […] El respeto a los Derechos Humanos y los principios democráticos; la afirmación del compromiso con la Patria, de la identidad cultural y la formación intelectual, moral y cívica […]».

El adoctrinamiento a los niños de parte del Estado se da a partir de corta edad, en donde les enseñan a amar los Símbolos Patrios, a cantar el Himno Nacional, y cómo no, a rezar. Esto, por supuesto, constituye un ataque directo al Derecho Humano N° 18 sobre la Libertad de Pensamiento. Cuestiones políticas y religiosas no atañen a los niños que ni siquiera han aprendido a leer y a razonar; pero, por supuesto, ya se les enseña como verdad absoluta cosas tan cuestionadas como de que existe un ser superior creador de todo. Cuestiones que grandes científicos y filósofos han dedicado su vida entera a responder.

Como dijo el famoso etólogo Richard Dawkins en su libro El Espejismo de Dios: «No existen niños católicos, solo existen niños con padres católicos». Y a esa frase añadiría «Y un Estado criminal». El mencionado artículo 73 choca de frente con el 53 que dice: «Los padres tienen el derecho y la obligación de asistir, de alimentar, de educar y de amparar a sus hijos menores de edad». El problema acá no es cuál tiene la razón; lo que de verdad importa es, que en la práctica, el Derecho de La Libertad de Pensamiento es violada en ambos casos.

Desde luego no pretendo obligar a ningún padre ni madre a criar a su hijo como quiero, pero de eso se trata la democracia, de discutir. Como padres, deben –es lo que voy a hacer si algún día lo soy– fomentar la libertad de pensamiento de sus hijos. Deben alentar la discusión de ideas. Deben hacer el ejercicio de libertad de reconocer que sus hijos pueden tener opiniones diferentes a las suyas. Esa acción es de suma importancia porque acostumbra a los hijos a experimentar la libertad en forma práctica.

Esos aprendizajes los usarán cuando tengan que relacionarse en un futuro con personas que piensen distinto, y así, de adultos, llevar una vida social sana. Pero hay padres (y Estados) que creen que sus hijos son parte de su propiedad y les deben una obediencia absoluta. Violan así sus derechos, inculcándoles ideas, conceptos y visiones que no le son propias; o sea, son adoctrinados desde el seno familiar, social y educativo.

Como padres deben guiar, pero no imponer. Deben permitir que ellos desarrollen sus propias ideas sobre el medio que los rodea, y por supuesto, cuando sus hijos soliciten información, deben ser neutrales y objetivos, guiándoles a respetar los parámetros mínimos de ética: no agresión, respeto a la propiedad, la libertad y a la vida de tu prójimo.

Desde ya te invito a vos, lector/a, a que reflexiones sobre los valores impuestos, a leer, a informarte, a contrastar la información, a discutir ideas y por supuesto, a valorar la libertad.

DEJA UNA RESPUESTA

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *