El libre mercado, ¿Camino al socialismo? 1ra. parte

El libre mercado, ¿Camino al socialismo? 1ra. parte

Es bastante probable que este título –tomado, con ligeras variantes, de una conferencia de nuestro estimable amigo Nicolás Morás- suene bastante disparatado a la mayor parte de los lectores de habla hispana. 

Después de todo, ¿no se supone que el libre mercado es el principal reclamo liberal? ¿No se supone que el liberalismo es la doctrina que hace apología o defensa del capitalismo? ¿No se supone que capitalismo y socialismo son términos antitéticos e irreconciliables? 

Cuando mencioné esta frase, en cierta ocasión, a una chica de ideología y formación marxista, ella me dijo algo así como “ah, una política neoliberal que agudice las contradicciones del sistema y acelere la revolución”. Pues no, no se trata exactamente de eso. O, mejor dicho, sí. Sí y no. Sí pero no. Se trata de que, tal vez, como escribió nuestro amigo William Gilmore, “la Revolución será puros negocios”.

Hablamos de “el libre mercado como camino al socialismo” y griegos y troyanos, liberales y socialistas, izquierdas y derechas, coinciden –ellos, que nunca coinciden en nada- en decir “¡Qué disparate!” 

Ocurre lo mismo con expresiones afines como “economía de mercado sin capitalismo”, “capitalismo sin capitalistas”, “capitalismo popular”, “capitalismo democrático”, “socialismo de mercado”, “socialismo liberal”, “socialismo individualista” o “liberalismo de izquierda”. Y, sin embargo, todas estas expresiones aluden más o menos a lo mismo y la frase que da título a este trabajo resume bastante bien lo esencial de la corriente de pensamiento que el autor de estas líneas pretende exponer a continuación en una breve reseña que incluya algunas de las críticas más punzantes que se le han hecho y que procure aclarar, también, las razones por las que algunos economistas y pensadores excéntricos –nerds, “científicos locos” y “sabios distraídos”- hasta ayer casi olvidados estén comenzando, poco a poco, a ser rescatados como algo más que una simple curiosidad.

«La trampa de la polisemia»

Tal vez la principal razón por la que expresiones de este tipo resulten a la vez tan chocantes e incomprensibles radique en una de las características más fascinantes del lenguaje, su dinamismo. 

Llamamos polisemia a la multiplicidad de significados que puede tener una misma palabra. Bota es la tercera persona en singular del verbo botar pero también es un tipo de calzado. Damasco es una fruta y es la capital de Siria lo mismo que lima es una fruta; una herramienta para, precisamente, limar; la tercera persona en singular de ese verbo y, con mayúscula, la capital del Perú. 

En el mundo de los conceptos intelectuales se da el mismo fenómeno y especialmente en el mundo de los “ismos”. Capitalismo o socialismo –y también, aunque en menor medida, liberalismo, comunismo o anarquismo- son términos polisémicos. 

Muchas veces las discusiones ideológicas consisten en asumir una definición de un término como la única posible o correcta y en decir “no oigo, no oigo, soy de palo”. Así pues, cuando alguien dice “capitalismo popular” o “capitalismo democrático”, otro dirá “es una redundancia, el capitalismo es 100% democrático” y otro más lo contradecirá con un “es una contradicción en ambos términos, el capitalismo es siempre plutocrático u oligárquico, de hecho capitalismo, plutocracia y oligarquía son sinónimos”.

Es difícil, en rigor, aclarar si esto es estupidez o mala fe. Pero, believe it or not, hay intelectuales –y no son pocos- que creen estar “refutando brillantemente” a su interlocutor con simplezas de este tipo, simplezas que ni siquiera valdría la pena catalogar como falacias de no ser porque se recurre una y otra vez a ellas. Está claro que capitalismo puede ser sinónimo, simplemente, de empresa privada (incluso la formada por una sola persona, como una señora que va a vender papas y verduras al mercado) o que puede ser sinónimo de oligarquía o plutocracia. 

En la segunda acepción, “capitalismo popular” o “capitalismo democrático” son contradicciones en ambos términos; en la primera, no. Socialismo puede significar, entre otras cosas, economía dirigida con planificación central y obligatoria o asociación de trabajadores libres e iguales. 

En el segundo caso, expresiones como “socialismo liberal”, “socialismo libertario” o “socialismo de mercado” no tienen nada de incongruente pero en el primero resultan bastante absurdas. Parece mentira que haya que aclarar temas tan básicos. 

En las discusiones debería imperar un clima de buena fe y búsqueda desinteresada de la verdad que permitiera decir, por ejemplo, “bien, estás utilizando la palabra x en el sentido y, aceptémosla provisionalmente”. Pero, lamentablemente, no suele ser así.

«Primeras definiciones»

Aclarado esto, podemos comenzar a entender una expresión como la del “libre mercado como camino al socialismo”. 

Se trata de que los ideales del socialismo –es decir, una economía de trabajadores libres que, libremente y sin coacciones, se asocien para producir e intercambiar, sin ninguna clase de explotación o parasitismo- pueden ser mejor alcanzados mediante una política de libre mercado que mediante medidas de fuerza tomadas desde el Estado o en desafío de éste (como expropiaciones, regulaciones o inversión social).

La corriente de pensamiento que sostiene esta idea es conocida en inglés como left libertarian, expresión que se ha traducido como “izquierda libertaria” pero que quizás quedaría mejor como “izquierda liberal” o “liberalismo de izquierda”. 

En inglés –o, por lo menos, en los Estados Unidos- el término “liberal” se utiliza para designar a un partidario de políticas públicas redistributivas o de “inversión social” mientras que el término libertarian se refiere a un partidario de la libre empresa, el libre mercado y la libre competencia. 

Pero esto último es, precisamente, lo que en castellano se suele denominar un liberal mientras que el término libertario –traducción del francés libertaire- designa a un anarquista o afín. Es verdad –como veremos más adelante- que, por lo menos en castellano, se puede ser, a la vez, libertarian y libertaire, liberal y libertario (aunque “liberal libertario” suena a un espantoso trabalenguas). Pero también es verdad que ni todos los libertarios –siempre en castellano- son liberales –también en castellano- (Kropotkin, por ejemplo, era partidario de una economía predominante o exclusivamente comunal) ni todos los liberales son libertarios (hasta hoy, una gran parte sigue siendo partidaria de un “estado mínimo”). 

Imagen: Collage

Así pues una expresión como “izquierda libertaria” parece en español más apropiada para designar a un espectro ideológico más amplio que incluya a la corriente que aquí tratamos pero que incluya también a otras. 

Por las razones expuestas, en este artículo hablaré de izquierda liberal y liberalismo de izquierda (otros sinónimos: liberalismo social, liberalismo radical, radicalismo –término muy decimonónico- o socialismo de mercado).

Entonces, un left-libertarian, un liberal de izquierda es alguien que: 

1) Reconoce la validez de las críticas socialistas al Statu Quo imperante, al “capitalismo realmente existente”, que reconoce, en suma, que la empresa privada también comete maldades y que: 

2) Reconoce la validez de los ideales del socialismo pero que: 

3) Cree que la mejor forma de alcanzar o, por lo menos, acercarse a dichos ideales es una política de libre mercado.

Por Alexéi Álvarez

El Parlante

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