EL LLANTO DE E.V.P.

EL GATOPARDO: Enrique Vargas Peña proviene de una familia de la posguerra de 1864-1870, con los atavismos culturales propios de su casa. Cosmopolita con algunos toques de delirios de grandeza, han sabido convivir no obstante con todos los grandes popes del poder en Paraguay.

Pidiendo revolución sin jamás obtenerla ni encabezarla, pareciera que el fin de una parte de los Vargas Peña siempre fue agitar las aguas y promover el tumulto… Pero para que nunca pase nada. Un poco como «El Gatopardo» de Giuseppe di Lampedusa. Cabe decir que no son los únicos en este linaje de la histeria según conveniencias en el Paraguay. Esta escuela ha dejado familias enteras con verdaderos especialistas en la materia, esos a los que Don Eligio Ayala llamaba «oportunistas sin corazón» (los que terminaron haciéndolo renunciar de su propio partido, no podían soportar tanta rectitud en los principios políticos).

E.V.P. no niega sus raíces. Siempre se supo acomodar gritando mucho y haciendo muy poco. Fue Luguista pero luego negó su luguismo. Sirvió a Cartes pero luego negó su cartismo. Pataleando y gritando como histérica siempre logró hacer olvidar a los demás, a su séquito de chupamedias acomodados, las cosas que hizo y las que no hizo. 

Pero desde luego, los hechos objetivos siempre importan más (para analistas objetivos) que los meros artificios del Gatopardo. 

Ese es Enrique Vargas Peña. 

Porque la mera crítica a dictadores, sean de izquierda o derecha en el arcaico pero siempre útil espectro político, no lo hace a uno «un derechista puro y duro».

El anarquismo siempre estuvo más ligado a la zurdería. Pero tampoco E.V.P. llega a ese nivel, ni siquiera es un anarcocapitalista más utópico que los mismos marxistas clásicos. 

Él es socialdemócrata «light». Camina siempre hacia donde la izquierda le lleva, pero sin jamás salir del closet y gritar «soy bolche». Porque recuerden, muchachos, que no sólo existió Iosif Stalin, de la facción «nacionalista» (si cabe tal cosa) en el bolchevismo. También estuvo un tal Davidovitch Bronstein «Trotsky», la faceta liberal-demócrata y de «Revolución Permanente» contra cualquier orden que no sea el propio interés y las ansias de exportar bolchevismo liberal al mundo entero. 

Hoy se da por descontado que todo socialdemócrata es un Trotskysta en mayor o menor medida. Y así queda al descubierto Enrique Vargas Peña: siempre acomodado pero siempre, para promover la Revolución Permanente contra todo aquel que se halle en contra de sus delirios.

¿Acaso no sabían que existe una facción liberal-bolchevique en el marxismo leninista?

Trotsky es su fundador, E.V.P. es en Paraguay, su mejor émulo. 

Afortunadamente, en esto Enrique Vargas Peña ya salió del closet. Le gusta saltar de manera violenta para criticar por el mero placer de hacerlo. Su palabra favorita es «autoritarismo» (no se diferencia de los periodistas de medio pelo que abundan en los grandes medios de nuestro país). Olvidan que «liberales clásicos» (o más adecuadamente, derechistas clásicos) con ideas tan dispares pero al mismo tiempo, tan firmemente unidos en el entendimiento de las cosas como David Hume y Miguel de Unamuno hablaban de la «necesidad de la autoridad» para que la libertad prospere. Y vale decir que ninguno de ellos era «fascista», aunque sabemos que ese epíteto les espera ante la falta de argumentos.

Criticar a la autoridad (o el «autoritarismo») no hace más liberal o menos bolchevique a los periodistas como E.V.P. 

Sólo revela que son personas acostumbradas a tener siempre lo que quieren, y que lloran lágrimas de arcoiris cuando aparece una muralla que se les opone. El estilo Trotskysta de toda la vida. A decir verdad, en esto E.V.P. no es el único. Pero sin duda alguna, es la cabeza más visible. Y si los neomarxistas avanzan cada vez más en Paraguay, es gracias a personajes como Enrique Vargas Peña, por más que critique todo el día a Nicolas Maduro. Pero eso es otra historia. E.V.P. siempre caerá como el «gatopardo» lo hace.

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Emilio Urdapilleta

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