El mejor piropo

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El mejor piropo. Aprovecho lo mediático de este último término para dejar una reflexión estuvo dando vueltas por la sala de máquinas y decidí publicarla. Tiene que ver con el último piropo que me dijeron, que no fue una gentileza con el fin de alargarme, por contrario, buscaron denigrarme. Me dijeron «criticón», lo cuál, lo tomé bastante mal aquella vez; pero después entendí que, la verdad, era todo un halago. Pero a eso llegaremos más adelante.

Hipocresía vestida de indignación. Vivimos en tiempo donde, escupir frases y repetir mantras, atacando consecuencias mientras se olvidan las causas, es la moda de los grupos retrógados y resentidos. Cada día que pasa, más se confirma este mal endémico que padecemos justos por pecadores. No se salva nadie. Al final; a todos nos toca convivir y aguantarnos, así como hay que convivir y hasta valorar lo políticamente correcto para no ser tachado ni de radical sin sentido o de un simple insensible.

Pobres de los que coincidan con una corriente mal vista por las gentes del siglo XXI; o de los que defienden el sentido común, algo que se ha perdido en tiempos de indignación por redes. No olviden que los hipócritas se mueven por apariencias, coincidir en donde puede encajar con mayor facilidad, porque la pérdida de personalidad es uno de los mayores males en las personas con complejos camaleónicos.

A eso nos hemos reducidos. Como si de la mínima expresión de nuestra existencia se tratara; como si un escrito u opinión que vaya en contra de cierta línea discursiva solo valiera para representar el «odio que llevamos dentro». Lamentablemente, los valores de la libertad se están confundiendo, y, proporcionalmente, se están perdiendo en detrimento de los valores y derechos fundamentales de nuestras sociedades. El no entender lo que se lee juega un papel preponderante, a mi me pasa mucho.

El oportunismo venció a la razón y la razón se quedó relegada en la intrascendencia de una sociedad apática y poco crítica que prefiere seguir lineamientos a pensar. El que crítica a las ideologías –viejas y nuevas– pasa a ser un rencoroso, lleno de odio, un insensible conservador que no quiere «progresar»; siendo que, la progresía, se ha convertido en la antítesis del progreso despertando la polarización de los temas más complejos de la furiosa actualidad. Cuestiones importantes y relevantes que han pasado al segundo y tercer plano, porque ya no importan los derechos, sino las agendas; y el problema es que nos están utilizando para promoverlas (Sí, me incluyo).

La muerte del sentido común, la razón y la crítica no ha llegado; no seré yo el alarmista que venda algo destinado a prevalecer a lo largo de la historia. Pero, sí he de decir que, partes importantes de nuestras sociedades; se han suicidado en la irracionalidad. Deben resucitar en pensamiento. ¿Será imposible un resurgir?

Vuelvo al principio, el mejor piropo, ¿cómo entendí que el intento de insulto en realidad fue halago? Porque, hoy en día, se confunde ser crítico con ser un criticón.

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