El Parlante

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El mito del feminismo

Anoche tuve la oportunidad (en el capitalista «Día Internacional de la Mujer», excelente motivo para exprimir unos cuántos billetes a las incautas del propagandismo) de ver una excelente película de finales de 2018, recientemente estrenada en Paraguay.

«Mary Queen of Scots», que en español fue titulada «Las Dos Reinas».

Como imaginará el avezado lector, es la historia de la legendaria heroína trágica María de Estuardo (representada por Saoirse Ronan) y su prima Elisabeth de Tudor (en actuación de Margot Robbie). Las intrigas palaciegas con sangre y lágrimas que dieron nacimiento a la moderna Gran Bretaña.

Al feminismo convenientemente le gusta olvidar que en el mundo católico, hasta el siglo XVII XVIII cuando empieza el dizque iluminismo a luchar contra todo lo establecido por la Santa Iglesia, las mujeres siempre han tenido un sitial de máxima preponderancia política, histórica y cultural.

Empezando por el «ser humano más importante de la historia», la Virgen María, Madre de Jesús, que luego crecientemente fue desdeñada y despreciada por el protestantismo, pasando por cientas y miles de Santas y Reinas de la más alta estima y prestigio. Entrar en ese terreno es no acabar más.

Sólo mencionemos en breve resumen a Bertha de Francia, Leonor de Aquitania, Juana de Arco, la gloriosa Isabel la Católica, Juana de Brabante, Catalina de Medici, etcétera etcétera, sin mencionar a tremendas mujeres más recientes como Catalina de Rusia ó Victoria, e incluso a más antiguas como Cleopatra, Teodora de Bizancio y otras tantas que mejor paremos.

María de Estuardo y Elisabeth de Tudor fueron verdaderas monarcas, cada una hija de su circunstancia, cada una con su propia feminidad, luchas y sufrimientos. A la legendaria heroína franco-escocesa, belleza impactante y llena de virtudes cristianas, la tragedia le estaba servida en una tierra de traiciones y tejemanejes como Escocia. Y la «Reina Virgen» (que de virgen nada tenía), por su infertilidad y frigidez sexual, poco podía hacer para sostenerse salvo convertir su vida en la misma Corona inglesa.

A pesar de los terribles recelos, había mutua admiración entre Elisabeth, que deseaba tener el coraje y la virtuosa feminidad de María, y esta por su parte, tener el tacto político y la astucia de su prima inglesa.

Estas dos mujeres con sus propias tragedias, una de ellas cuasi-mártir católica, la otra infértil protestante, unieron a Gran Bretaña en la persona del heredero Estuardo, hijo de María y ahijado de Elisabeth.

Estas dos extraordinarias mujeres hicieron todo ello (al igual que otras tantas ya citadas) SIN NECESIDAD DE FEMINISMO.

Y hablamos del siglo XVI. ¿Cómo le queda el ojo a las feministas y sus mitos insostenibles con los hechos históricos? ¿Cómo pueden mentir descaradamente cuando dicen que las mujeres siempre fueron «invisibles» dominadas por el maligno «Patriarcado»?

Al menos en la Europa Cristiana hasta el Siglo XVII, la Mujer siempre tuvo un sitial de preponderancia. Luego llegó el anti-catolicismo para poner a todo el mundo de cabeza: donde Roma consideraba a hombres y mujeres iguales en dignidad, el «iluminismo» venía a decirnos que «sólo los hombres saben gobernar, las mujeres deben permanecer en el hogar». Donde Roma proclamó varias veces a Reinas en derecho propio, aparecía el asunto de las «leyes sálicas» inexistentes antes para dejar de lado a las mujeres en donde fuera posible.

María en su cautividad en Inglaterra (Hilliard, 1575).  Fuente Imagen: De http://www.marileecody.com/maryqosimages.html, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=3623973

Señalamos todo esto para recordar que la mujer en la cristiandad siempre tuvo un lugar de privilegio. Occidente empezó a alejarse de la cristiandad y fue allí cuando todos los valores empezaron a trastocarse. Fue el «iluminismo» el padre de toda la decadencia posterior, y el feminismo no es sino uno más de sus «hijos bobos».

Afortunadamente, nuestros avezados lectores y todas las personas de bien siempre podrán recordar a María de Estuardo, Elisabeth de Tudor (y todas las demás mencionadas y no mencionadas) para demostrar al mundo entero esto que hace tiempo venimos diciendo algunos, para bien o para mal:

EL FEMINISMO ES UN MITO.

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