El país de las pavadas

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Siempre que se acercan las elecciones en los diferentes partidos antes de las generales, la gente humilde y sencilla se pone en primera fila, su indefenso oído se infesta con palabras rápidamente, más aún si provienen de la prédica de candidatos presidenciales jóvenes. Simples promesas de extravagantes personajes que luchan como en la jungla por un zoquete, parapetados tras el muro de contención de la “juventud”.

Santi Peña votando. Archivo Ultima Hora

Durante meses siguen caravanas y caminatas, convirtiéndose en cómplices de un sistema parasitario y prebendario, donde el caudillo es aquel que más amigos colocó en la función pública o el que más prometió cargos para luego de la victoria.

Es así, mientras las peroratas con discursos encendidos y muestras patéticas de la oratoria más pérfida, en cada reunión también siguen con las hurras, los aplausos, zapateos y ovaciones que gatillan el ego de los politiqueros involucrando astutamente a todas las personas en sus fines e intereses personales.

Habitualmente todo tiene un precio, más de uno tendrá la esperanza del «puestito». Y aquí se plantean las preguntas y la duda… ¿serán truchos los padrones? ¿Habrá trampas? ¿Se realizarán o no? ¿Quiénes controlan esto?

Efraín Alegre. Perfil

El ambiente se infesta más de preguntas disparatadas y ni qué decir, respuestas tomadas de los pelos del sentido común. Así van movilizándose por un interés personal y con esa mentalidad de conseguir todo fácilmente, arrastran a los ingenuos a esta escalada de la peor violencia que existe, la opresión a través de la “democracia”. Difícilmente podremos sanear la podredumbre política que gobierna al país y que ahora ya no tiene color fijo al que culpar, todos en la misma bolsa de gatos locos.

Lo que sigue es esperar el milagro de que gane nuestro «cavaju» (caballo de batalla), y si no, resignarnos hasta la próxima, como si esto fuera un castigo divino.

Mario Abdo Benitez votando. EFE Andres Cristaldo

Queda claro que la juventud debería buscar otras formas de salir adelante y de esa manera tal vez, nos liberemos de seguir escuchando discursos que son una pavada, y de aparecer como sinvergüenzas ante todo un país que está harto de promesas, prebendas, amiguismo, mentiras y despilfarro.

Aprendamos a votar señoras y señores.

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