El «Plan Nacional de la Niñez y la Adolescencia», contra las cuerdas

El «Plan Nacional de la Niñez y la Adolescencia», contra las cuerdas

La ministra de la niñez y la adolescencia, Teresa Martínez obtuvo un revés a su ambición de imponer mediante un «Nuevo Plan Nacional de la Niñez» en sus políticas públicas para este 2020. Será interpelada al perder la votación en la Cámara de Diputados, con sesenta votos en su contra. Independientemente, a lo que pueda ocurrir o no, esto va más allá, solamente de una simple oposición de una mayoría o el apoyo de una minoría. A pesar de ello hay que decir ciertas cosas:

Ningún estado sea de tinte izquierdista, centrista o derechista debería inmiscuirse en la educación de los niños. Cada familia tiene el derecho y la obligación de darle a sus niños la educación que se les cante la gana. Todo lo que entra dentro de la palabra «planificación» por lo general, en este país, no se cumple.

Se «planifica» para justificar el sueldo de los perros nada más, no porque en realidad, les interese el futuro de los niños y adolescentes en este país o peor, el futuro de nuestra educación primaria y secundaria. Ni siquiera hablo de la terciaria, ya que no está a la altura de ninguna parte, medianamente moderna. Pero claro, no estamos en ese mundo ideal donde los niños obtienen todo el conocimiento de sus padres o su entorno familiar.

Mi posición sin embargo siempre fue clara, las escuelas y colegios están para transmitir conocimientos esenciales como Matemáticas, Castellano, Filosofía, Música, Artes, Defensa personal, Ciencias Naturales como Biología, Física, Geología, Química y Deportes, pero más de eso, no. Súmenle a esto, algunos importantes oficios como Carpintería, Plomería, Electricidad, Informática y Mecánica Automotriz.

Teresa Martínez. Foto Crédito: Agencia IP

Recuerdo que cuando ingresé a la escuela, comencé a utilizar palabras impropias, el colegio fue una pérdida de tiempo impresionante. Se burlaban de mi forma de hablar el castellano, al final era yo el que hablaba bien. Antes del primer grado ya sabía todas las operaciones esenciales de las matemáticas y también leía en voz alta, recitaba, actuaba y demás yerbas que los que me conocen saben, no las aprendí en ningún instituto o «escuela superior».

La educación que recibí en casa fue mucho mejor que la de la escuela y colegio. Capaz por eso, es que estoy sesgado y no creo por lo general, en la «educación pública» o «plan para mejorar», basura me parecen estas cosas; nadie tiene derecho de decirte qué hacer con tus hijos, la gran puta (putea el tipo). VOLVIENDO A LAS ESCUELAS Y COLEGIOS: No se enseñaban las cosas que deberían haberse enseñado.

Todo era un gran circo que servía para preparar a los payasos del futuro en lo esencial, en lo necesario, «en la producción de lo que el país necesitaba». Aún así, la antigua educación antes de la Deforma Educativa, es mejor que la actual.

En esto deberían enfocarse los esfuerzos de nuevos «planes» para la educación integral de los niños y jóvenes, hasta los 18 años, en que ya, preparados convenientemente (al menos eso se espera) puedan elegir una carrera en la Universidad o la profesión que más les venga en gana realizar.

Tanto el MEC como este Ministerio de la Niñez y Adolescencia que antes era secretaría, deberían desaparecer, no justifican el gasto público y nunca, lo harán, desde luego. Pero es mi punto de vista pues pibe y piba. ¡Ah! y antes de que me olvide, tampoco la religión tiene derecho a decirte cómo educar a tus hijos, ¿Quiénes pio se creen estos tipos, que escudados en Dios, Jesús y la Virgen María te dicen lo que tenés que hacer como si fueras un robot? Japoína.

Si todo se hiciera como uno piensa que debe hacerse, entonces estaría viviendo su propia utopía, y todo «funcionaría mejor», y los niños saldrían genios (ésta es mi definición de genialidad, porque solamente el individuo importa), útiles en realidad para sí mismos, no para la sociedad, upéa la problema, SE PLANIFICA PARA QUE TODOS SEAMOS COMO ABEJAS OBRERAS PARA MATARNOS TODOS LOS DÍAS POR LA «REINA ESTADE» Y CONTRIBUIR CON NUESTRES IMPUESTES.

Gabriel Ojeda

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