El Parlante

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El “Plan Nacional de pillaje, mediocridad y despilfarro 2021-2025”

Se firmó oficialmente el proyecto del Plan Nacional de Integridad, Transparencia y Anticorrupción 2021-2025, en coincidencia con la conmemoración del Día Internacional contra la Corrupción, esta mañana, en el Palacio de Francisco Solano López Carrillo. Todo es una farsa, una ilusión para el pueblo. Deberían empezar por condenar todos los actos de corrupción que se dieron en el Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social, que según, las denuncias, se dieron el antojo de jugar con la salud del país, y con la excusa de la compra de insumos médicos, que jamás llegaron, o si llegaron, estaban en malas condiciones, despilfarraron los próximos diez años con el famoso préstamo de 1600 millones y otras causas que están al tapete para rimbombantemente llenar titulares de medios de comunicación y no pasar de ser apenas una anécdota en el mundo del revés donde hemos nacido, en este infierno verde mesopotámico.

¿Dónde está ese dinero? ¿Qué grandes obras se realizaron con esa gran veta de oro? Según los mafiosos del MSPyBS, lo que se hizo en tres meses, eclipsa todo lo realizado en 30 años de transición democrática por sucesivos gobiernos que jugaron con el sueño de la gente y se llevaron para sus faltriqueras profundas, todas las esperanzas de un futuro mejor, con una salud pública de calidad, infraestructura de primer mundo, insumos constantes y profesionales cada vez más eficientes y por sobre todas las cosas, patriotas. Resulta un tragicómico momento del olvido que recuerda a todos los nefastos que nos han gobernado últimamente, los fatos, los escándalos de la construcción, las violaciones constantes de la CN, epidemias prevenibles que se convirtieron en golpes funestos a familias paraguayas, y más cosas, que llenarían inconmensurables volúmenes de páginas que solo aportarán excusas y preocupaciones, pero jamás hechos, evidencias o resoluciones. Por citar algo que nos ocupa, en la actualidad, es el famoso rebrote incontenible de contagios y muertes por Covid-19 en las últimas semanas.

Firma del Plan Nacional 2021-2025 con presencia de los tres poderes del Estado. Todo quedará en el opareí, de seguro, como siempre pasa.

El ministro Dr. «Fausto» Mazzoleni, el capitán de mar y tierra se desvive criticando la irresponsabilidad de la gente por haberse descuidado y no haber tomado las medidas necesarias de distanciamiento social y uso de tapabocas, es decir, desde un comienzo las medidas anunciadas por el Gobierno de Mario Abdo fueron tomadas por los jefes ministeriales y principalmente, el de la Salud Nacional, como el movimiento más capaz y elementalmente, exitoso, en el mundo para prevenir el avance de la pandemia a nivel nacional, consiguiendo con ello, colocar a nuestro país, a la palestra de las grandes potencias de Primer Mundo: consecuencia directa: nuestro país no aparece en ninguna estadística real y confiable de buen manejo de la situación, por lo que, es una falsedad eminente, que los medios de comunicación acólitos al gobierno de turno y que reciben del Estado, emolumentos discrecionales de dinero del contribuyente, para alojar en sus transmisiones radiofónicas o televisivas, los grandes avances que el Estado Paraguayo está logrando en obras públicas (más falso que esto, que van a negociar de manera patriótica el Tratado de Itaipú, con la poderosa e imperial, Itamaraty). Nambré luego. Esto merece una crítica radical hasta si se puede, o al menos, alejada de los intereses que mueven a la prensa nacional, que se escuda en la inversión del Estado en sus medios para hacer propaganda con el dinero del contribuyente. SÍNTESIS: Todos los ciudadanos paraguayos son los culpables de las circunstancias médicas que provocan el abarrotamiento de los hospitales y la alerta roja por el colapso de los nosocomios.

El ministro visitó el INERAM y se reunión con los directivos, instó a la ciudadanía a «cooperar» ante el colapso de los hospitales.

Pero, no debemos caer en imprecisiones y creer en las palabras dulzonas de los mandamases de turno al frente del Ministerio de Salud; ellos no entienden las vicisitudes anuales que todos debemos pasar en este sistema sanitario lamentable que tenemos, que siempre apoya y beneficia al más pudiente, y deja de lado, a los más necesitados. Esto repercute directamente sobre los que tienen más a la larga, porque los impuestos suben para tapar grietas o parchear sobre la marcha, las ingentes muestras de mediocridad pública e indiferencia social porque una persona accidentada en el Hospital del Trauma, no es otra cosa, que la falta total de una política pública encaminada a la acción preventiva, sino siempre reactiva.

Se deben tener políticas públicas eminentemente, considerativas y conservativas en cuanto a la proyección en los años venideros para un crecimiento sustentable y mejor aún, para la inversión pública del dinero de los contribuyentes de manera eficiente y que generen las oportunidades que implanten el chip social de la gestión inteligente de los recursos de todo tipo, que abundan en nuestro país, pero que son malgastados o mal aprovechados por una caterva de corruptos que han manejado este país desde la época del Rubio y que continúan en el poder, 31 años después del General Stroessner.

Mario Abdo sigue reflexionando sobre el presente del país, dentro de su tanque, alejado de la realidad que vive el Paraguay, lastimosamente.

La democracia es un sistema político que ha fallado millones de veces, pero siempre se lo prefiere a una tiranía del poder en manos de corruptos. Sin embargo, nuestra supuesta democracia no es otra cosa que la consecución en el espacio-tiempo del poder omnímodo manejado por una oligarquía politiquera de facinerosos, letrinarios, sinvergüenzas, aledaños de la peor calaña de batracios fulgurantes de vómito social, que se escudan en grandes y altisonantes discursos de morondanga, pero que siguen, a sus anchas, gobernando sobre un pueblo ignorante que no sabe elegir y que, si elige, debe elegir al menos peor, no al mejor proyecto.

Somos un país en la actualidad, que intentó desarrollarse, pero por el propio poder de nuestra ignominiosa existencia, desde adentro, desde el centro del Paraguay, ha fallado, fracasado, logrando con ello frustrar un porvenir atorado de progreso e innovación. Acá se innova sobre lo peor, se progresa en mediocridad y se genera conocimiento para delinquir impunemente desde las altas esferas públicas, sin que nadie pueda hacer absolutamente, nada.

Nuestro país, que ha perdido su nacionalidad por culpa de estos proxenetas de la política, evoluciona, progresa, se desarrolla e innova de forma sustentable y sistémica, hacia el ocaso de las ideas, en el norte que avizora el rayo de luz que parte en dos el corazón criminal del monstruo paraguayo, escindiéndolo en dos músculos corruptos, que bombean la sangre al cerebro delincuencial, que por un lado se parapeta en el infortunio de su gente y por el otro, en la visión política que es sinónimo de fraudulencia, esquistosidad supurante de incontinencia cínica, una refrescante necedad atiborrada de patibularia perversidad, ya que, los depravados saltimbanquis que tenemos, lucran con el sufrimiento, la necesidad, y la melancolía de un pueblo, que yace moribundo, gritando de dolor por el nuevo parto que se llega sin aviso. Un parto que engloba toda la fastuosidad de la maledicencia, indecencia, cochinería, deshonestidad abanicada por el caluroso sosiego que imprime la indignidad más pura y dura en la psique de sus padres e hijos malditos, con una procacidad única en el mundo, que gime de dolor, hasta que ese nuevo ser impuro, satánico, sórdido y grasiento de fe en la suciedad que lo cubre, porque ha nacido corrompido por la semilla de la deslealtad que fecundó la matriz pegajosa se convierte en el nuevo rostro podrido de virtud que contamina todo a su paso, una larga desintegración de nuestra sociedad que no es más que el mero reflejo deforme de su frígida inutilidad.

Lamentablemente, nuestro sistema abierto para los saqueadores de la cosa pública y cerrado para los valientes y honorables seres que aún puedan existir en este territorio marcado por la sangre inocente derramada todos los días, que quieren transformar ese espíritu voluptuoso de lascivia pecaminosa, en voluntad irreprimible de ética y moral, que con un último empujón de la esperanza, quizás, pueda proyectarse en algún momento pretérito de un futuro imposible, porque nuestro presente nos inclina hacia la desazón y el pesimismo; esta pesadilla actual de la cual no podemos despertar, que nos hunde en los pensamientos sinsentido y en acciones perfectamente, llenas de chispazos de nobleza que a la larga, contribuyen, a que el sistema se cierre aún más, al verdadero cambio que anhelamos, no para nosotros, porque proféticamente, nosotros debemos perecer con esta casta de malditos, sino para las generaciones que vendrán y que se verán cara a cara con la mirada de una degradación social, que aparentemente, jamás podrá extirparse.

Esta panacea que nos ofrecen los gobernantes de turno para cumplir con las presiones internacionales o de los millones de paraguayos que claman justicia, igualdad de oportunidades, libertad con responsabilidad o imperio de la ley es apenas una muestra torpe de su razón vulgar abrillantada por la complicidad de los encubridores. Todo lo que con bombos y platillos se firma y se da a conocer a los medios de comunicación, solo es mero trámite para la estafa consuetudinaria, para la mentira más descarada, en esta Nación sin valientes, atrevidos y temerarios, pero sí, con abundantes fanfarrones, aguerridos y enérgicos chambelanes del oprobio, la destrucción de los valores morales, pillaje interminable, y, cobardes vergonzosos, asociados de la tramoya, el despilfarro, el robo grosero y el asesinato de masas.

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