El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

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El Premio Nacional de Mandioquetura

En vez de que estos tipos hablen siempre de lo mismo: del bar, de la birra, de estar en pedo, del garche; o de que se lancen los dandis para el garche; o de que anden copiando los estilos de los grandes escritores diciendo que rompen estructuras y todas esas pelotudeces que lo único que hace es que por cada libro que impriman la literatura de nuestro país se hunda diez metros más bajo la tierra, –si seguimos de esta manera, muy pronto vamos a salir al otro lado del mundo, claro, eso es viendo la situación desde otro punto de vista, pero, es más, hasta puede que nuestra literatura salga disparada por el espacio sideral, eso sí, por el culo del mundo, como lo que es–, deberían de darse cuenta de un tema muy denso, viejo: las cosas que pasan en los pasillos del bondi.

Mirá nomás cuando te vayas otra vez a tu facultad. Las cosas que pasan en los pasillos del bondi son inconmensurables. ¡Dejáte de joder!, pero legal, viejo. Se podría escribir novelas de trescientas páginas como mínimo, trilogías; hasta se podría grabar, eso que tanto está de moda, esas series que te dejan como un boludo frente a la pantalla por horas y horas, pero eso ya es otra cosa.

Ni siquiera le vas a buscar un título, ya está el título, lo que podés hacer es cambiarle nomás un poco la forma, dependiendo de si, por ejemplo, querés escribir algo así como que medio no te acordás bien de lo que pasó, entonces, escribís, «¿Qué pasó ayer en el pasillo del bondi?», o si querés ser más dramático, «¿Qué pasó en el pasillo del bondi?!»; o si querés tipo una novela de terror, que por cierto, no existe en nuestra literatura, entonces sería, «Por los pasillos del bondi a la media noche», o «El extraño caso en el pasillo del bondi», ¡gran puta!, con esos títulos mínimo ganás el Premio Nacional de Mandioquetura, y encima todos te van a lamer la media (pluma) sean o no personas funcionales al sistema, ¡te paro, viejo!; o si no, te podés hacer del ñembo pro volviendo al siglo pasado (?) y hacés una novela surrealista, no importa que eso sea una basura, pero imagináte un título algo así como «Situaciones increíbles en los pasillos interminables del bondi».

Ya veo todo. Hasta estos adolescentes que solo arman kilombo para no dar clase se van a poner a leer. Se dictarán talleres, conferencias; se harán excursiones en los mismos pasillos de los bondis, ojalá que no se instalen en los pasillos los asaditeros y bodegueros, te digo, viejo, ahora sí que cualquiera ya va a poder escribir y lanzarse al estrellato (del verbo estrellarse) de la escritura, contando su experiencia.

Pero no para ahí, se harán tratados filosóficos, sociológicos y psicológicos; es más, yo creo que revolucionará todos los ámbitos artísticos porque no es solamente lo que pasa en los pasillos del bondi sino que es la actitud de las mismas personas en el bondi, algo muy interesante.

Por ejemplo, he visto a personas que cuando están paradas en los pasillos del bondi se distraen con su celular o se arreglan el pelo y se olvidan de algo muy importante: del efecto gravitacional que provoca el cambio brusco de velocidad del bondi. Y como se olvidan de este factor, piensan que sin sostenerse van a poder mantener el equilibrio y sucede que el efecto de inercia es más fuerte. 

43 Fantasma. Imagen fuente: http://www.abc.com.py/edicion-impresa/locales/colectivo-cancelado-pierde-ruedas-con-usuarios-a-bordo-972653.html

Ahí es que entra en juego la actitud porque, he visto, a personas cayéndose en los pasillos con una sonrisa y, a otras más espectaculares, con una carcajada. Con un jajaja desplazándose por el aire hasta terminar en el piso o por algún barrote vertical del bondi. Yo no puedo entender eso. Si yo fuera esa persona quisiera ver mi propio rostro de desesperación en ese momento, sería algo así como estar en el baño público de la Plaza de la Democracia, por la noche, y ver que entra el negro del WhatsApp y se apagan las luces, como mínimo. 

Pero no, las personas caen aparatosamente con una sonrisa. 

¿Una metáfora?, puede ser, la vida es una metáfora.

Bueno, eso era lo que quería decirte, pero pensá nomás, viejo. 

Espero tu respuesta. 

Un abrazo.

Por Carlos Maximiliano Ayala Rodríguez

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