El romanticismo como el cáncer de la literatura en Paraguay

El romanticismo como el cáncer de la literatura en Paraguay

Nos repitieron hasta el cansancio que la Literatura en el Paraguay nació romántica pero se olvidaron de decirnos que sigue viviendo romántica, un siglo después y si no hacemos nada morirá con ese Romanticismo. Tanto en Europa como en América, el Romanticismo tuvo lugar ante una necesidad. 

Esa necesidad, que surgía ante la falta de libertades que tenía el artista, asfixiado en una vorágine de estructuras y atrapado en un sistema aristocrático que lo esclavizaba permanentemente. 

Con el surgimiento del Romanticismo el artista se revela ante la sociedad y se erige como un artista independiente y es el mismo quien lucra con su arte logrando edificar el modelo actual que tenemos cuando se nos pasa por la mente la idea del artista. Juntamente con el Romanticismo, los artistas enarbolaron otra bandera: El nacionalismo. Ese sentimiento que surgió de otra necesidad. 

La necesidad de preservar los valores patrióticos de cada país, a través de su lengua y sus costumbres, volcados en música y poesía con el propósito estricto de que la cultura de un país no muera y transcienda fronteras. Paraguay heredó todos esos sentimientos porque fue el primer movimiento que llegó al país de la mano de los extranjeros. Pero el Romanticismo posteriormente resultó ser peor que la enfermedad. Tuvo una trascendencia virósica y se fue apoderando de todas las fronteras y todos los países. Pasó como una aplanadora sobre todo lo anterior imponiéndose a toda disciplina artística. 

Probablemente si algunos románticos no se hubieran tomado la molestia de reivindicar a los grandes referentes de las disciplinas artísticas anteriores, el resultado hoy sería distinto. Un ejemplo claro de esto es el gran trabajo de Félix Mendelsohnn, si él no hubiera hecho la revisión de las obras de Bach, probablemente, nosotros no sabríamos mucho de Bach ni tendría la trascendencia de la que goza ahora. 

En la literatura pasó lo mismo y encontró su paliativo en su el movimiento modernista, al menos en algunos casos. Pero en el Paraguay fue algo distinto. Tanto en música como en literatura, al artista paraguayo prefirió, en lugar de innovar hacia la vanguardia, mirar de reojo el romanticismo, como un viejo que solo vive de sus memorias. 

Esta visión retrospectiva hizo que en consecuencia tengamos una literatura inexacta y como congelada en el tiempo, perdida en el limbo de un pasado que alguna vez fue presente. Los encargados de producir un arte nuevo, los artistas, se negaron a esa tarea y arbitrariamente impusieron un pasado como futuro, presentando una tradición muerta que lejos de innovar se convierte en un arte castrador y sus mismos cultores se convierten en eunucos de un harén artístico que nunca fecundarán. Y ese pensamiento castrado se vuelve un pensamiento acordado se vuelve una imposición a los círculos artísticos, convirtiéndose en una realidad absoluta. 

Un ejemplo claro de esto es Agustín Barrios Mangoré, el célebre guitarrista quien en sus comienzos fue un remedo exacto de la música romanticista europea y recién en la etapa más madura de su composición, se dedicó a ofrecer una revisión de la música nacional. La tradición en este caso enaltece de sobremanera a Barrios (su imagen figura en un billete de este país) y desprecia a otros, José Asunción (creador de un género popular: La Guarania), injustamente cuando la realidad es que en toda disciplina artística, las comparaciones son tediosas. 

En la literatura, todos los escritores anteriores a Casaccia, con excepción de Barret, se dedican a elaborar una literatura de ensueño, que se tapa los ojos para retratar la realidad nacional y se divierte en una torre de marfil que se cae a pedazos. Solo por mencionar un ejemplo Tradiciones del hogar de Teresa Lamas de Rodríguez Alcalá, un libro de relatos donde se justifica la esclavitud y se menciona como un hecho de lo más positivo. 

Imagen: La balsa de la Medusa, de Théodore Géricault, 1819

Recién con Casaccia se puede ver una modernidad en la literatura y una toma de conciencia acerca de la realidad paraguaya, de una manera perfectamente crítica. El problema es que con el correr de los años la literatura erró su rumbo y los escritores dejaron de nuclearse y ese romanticismo recalcitrante sigue infectando el arte paraguayo, sigue estando presente y lo peor es que también se traslada al pensamiento de los escritores. No estamos condenando esa visión particular en los escritores. 

Si un escritor se niega a innovar y se empecina a escribir en determinada corriente a fin de cuentas es su problema. Lo que es grave es que se quiera imponer ese pensamiento a las generaciones futuras, como buscando plantar la semilla castradora en las mentes jóvenes. El resultado: Concursos y premiaciones con obras con títulos ruidosos y una literatura sin innovación, una literatura muerta que lo único que hace es mirar al pasado, solo se llena de eunucos que castran e impiden que el verdadero arte reluzca y salga a la luz. 

Nuestro trabajo empieza con las generaciones jóvenes, solo con esta toma de conciencia podremos dejar sepultado al Romanticismo recalcitrante e impedir que siga infectando al arte actual. Si antes era necesario romperle el cuello al cisne, es momento ahora de enterrar al Romanticismo para siempre y esperar que los eunucos vayan muriendo para fecundar ese harén de jóvenes musas del arte.

Hugo Mendieta