El Parlante

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El siglo XXI y su necesidad de un relato político nuevo

Durante el siglo XX el mundo se regía por tres concepciones distintas de cómo debía manejarse el mundo, de cómo se debía asimilarla: la fascista, la comunista y la liberal. Al acabar la Segunda Guerra Mundial, el fascismo quedó desplazado de la lucha discursiva.

En consecuencia, el mundo giraba en torno a dos grandes relatos: el comunista y el liberal (entiéndase relato como un tipo de utopía en la que creer, por la que mirar para concebir a la realidad). Este término lo utiliza Yuval Noah Harari en su libro 21 lecciones para el siglo XXI. “Los humanos pensamos más en relatos que en hechos, números o ecuaciones, y cuanto más sencillo es el relato, mejor”.

El relato liberal terminaría predominando la política, mientras el comunista estaba en declive. El liberalismo lleva los estandartes de la libertad, en contra de las opresiones a las que era sometida la humanidad en regímenes dictatoriales.

Imagen crédito: AL DÍA News

El marcado libre sustituía las restricciones comerciales, la globalización destruía los muros y creaba puentes y a la democracia se la tenía (hasta ahora) como único régimen digno. Todas estas ideas parecían tener el poder de resolver todos los problemas que se presentasen. Sin embargo, este relato comenzaba a oxidarse.

“Durante la era industrial, el sistema político liberal se moldeó para gestionar un mundo de motores de vapor refinerías de petróleo y televisores. Le cuesta tratar con las revoluciones en curso en la tecnología de la información y la biotecnología (Harari)”. Este sistema político elaborado para un contexto pasado perdía su eficacia en el siglo de las revoluciones tecnológicas.

El ciudadano común ya deja de formar parte de este cambio, queda excluido y se siente así. Considera, con razón, que el futuro liberal pertenece a las élites. Pues el entendimiento de la economía y la política ya está muy alejado de su alcance. Ya no son el proletariado y la burguesía industrial. La burguesía permanecerá mientras el proletariado será cada vez más remplazable por la tecnología.

Pese a esto, pareciera no haber otra alternativa pues la más viable está quedando obsoleta. En conclusión, nos queda actualizar nuestro relato, de la misma forma que el liberalismo tomó del comunismo ideas para aumentar la calidad de la libertad que defienden, con las políticas de seguridad social.  

Como bien menciona Harari:

“De la misma manera que los grandes cambios generados por la revolución industrial dieron origen a las nuevas ideologías del siglo XX, es probable que las revoluciones venideras en biotecnología y tecnología de la información requieran perspectivas nuevas”.

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