El trabajo invisible

El trabajo invisible

Llegamos a nuestros hogares y está todo patas para arriba, nadie hizo las compras del día, ni pasó la escoba, hay una pila de ropas para lavar y ya no quedan platos para usar; el cansancio depara plagueos y altercados de pareja, cosas internas que todos los días son fáciles de prever si tenés ayuda, pero no siempre es así. Sin dudas es un problema que nos llevará unas cuantas horas solucionar pero lo que no hay dudas es de que hay que hacerlo, no hay ningún señor musculoso que nos libere de la tarea de la casa y en todo caso se apelará a la mujer.

También es cierto que generalmente no se llegan a estos extremos. Hay rutinas diarias que generan mayoritariamente las mujeres para mantener el funcionamiento de cada hogar y lo que se buscó, tengo entendido, es el reconocimiento de estas tareas que son necesarias, nada más y nada menos, para que los integrantes del hogar puedan realizar sus vidas, disfrutando un poco de la existencia.

Empleadas domésticas paraguayas en una manifestación antes de la obtención de la ley del salario mínimo en el Congreso. Fuente de la Imagen: Diario Vanguardia

Vayamos a un dato interesante:

La tasa de subempleo visible afecta más a mujeres (8,9%) que a hombres (4,5%). El desempleo más el subempleo dan como resultado el nivel de subutilización de la mano de obra en una economía. Si se suman ambos problemas, casi el 17% de las mujeres no encuentra trabajo o trabaja menos horas que las que desea o está disponible, frente al 9% de los hombres[1].

El reconocimiento del trabajo doméstico en Paraguay fue un gran paso hacia la mejora de las condiciones laborales de las mujeres ya que la invisibilidad muchas veces, provoca la indiferencia de la ciudadanía, que se aprovecha de esta mano de obra, citando datos proveídos por otro medio de comunicación casi la quinta parte de las trabajadoras domésticas tienen entre 10 y 19 años, calculándose que entre el 5 y el 17 por ciento de los niños y niñas, es económicamente activo, siendo el 41 por ciento, dedicados a labores domésticas remuneradas[2].

Las mujeres y principalmente, las que se dedican a estas tareas son necesarias para el sostenimiento del hogar, muy lejos de lo que se considera un supuesto machista que fortalece la visión sesgada de mujeres sentadas en los sillones viendo telenovelas o chateando por el Smartphone, algo muy lejos de la realidad.

Desde mucamas, cocineras, administradoras y al cuidado tanto de chicos y grandes, las empleadas domésticas son un motor que hace que la casa funcione. Fuente de la Imagen: noticieroaltavoz.com/2

Este logro definitivamente provocará la profesionalización de las empleadas domésticas, que tras años de lucha han podido efectuar el lobby correspondiente de manera positiva a los intereses de esta franja laboral en el momento en que se aprobó en el Congreso la ley del salario mínimo para éstas[3].

Mucho se debatió durante este último año sobre la participación activa de la mujer, empoderada de la casa que a fuerza de voluntad debe encargarse del cuidado de los adultos mayores o niños pequeños por una cuestión de conductas asumidas como costumbre a lo largo de las décadas, creyendo de esta forma que el hombre es el que tiene que salir a realizar las tareas más duras, dejando la atención y la responsabilidad de la casa a las tareas cotidianas como comprar lo necesario de los supermercados, lavar, planchar o cocinar, que de un tiempo a esta parte, están cambiando en su alcance ya que se necesita entender que las tareas deben ser conjuntas.

Estas horas destinadas a mantener la casa en orden dejan a las mujeres con menos tiempo para destinar al mercado de trabajo remunerado, porque si en algo hay igualdad entre las personas es en la duración del día.

De acuerdo con las estadísticas del área urbana, el 81% de los hombres cuenta con un trabajo remunerado. En contrapartida, solo el 54,9% de las paraguayas forman parte del sistema de empleo formal. La brecha se torna aún más amplia en el campo, donde se maneja una tasa de ocupación femenina del 52,4%, mientras que la masculina asciende el 84%[4].

Si bien la incorporación masiva de las mujeres a los mercados laborales fue en el siglo pasado, esto no las liberó de los quehaceres domésticos y por ende, concluyó en una doble jornada laboral, provocando de esta forma, la imposibilidad de un desarrollo como ser humano.

Hay un claro ejemplo que se puede citar: si Juan tiene una empleada doméstica y se casa con ella, entonces se pierde un puesto de trabajo en la economía, ¿por qué? Porque antes le pagaba un sueldo por ese trabajo y ahora ya no. Pareciera entonces que ahora es parte del trabajo como esposa. La situación no es igual para todas las mujeres porque quienes pueden costearlo tercerizan el trabajo en otra mujer, la empleada doméstica, y digo mujer, porque el sector es 98%[5] femenino.

En este punto se remunera el trabajo dentro del hogar pero se hace en peores condiciones que el resto de los trabajos. Es decir, que cuando se reconoce este trabajo, cuando se le pone un precio  tiene uno de los sueldos promedios más bajos de la economía.

Muchas de las trabajadoras domésticas siguen permaneciendo por fuera de la ley de un digno Contrato de trabajo, como si su empleo no tuviera el mismo estatus que el resto del universo laboral[6].

En nuestro país, los gobiernos sucesivos no satisfacen estas necesidades, el rol de las trabajadoras domésticas se vuelve imprescindible para una gran cantidad de hogares aunque en el fondo, el Estado no debería, de nuevo, inmiscuirse en la vida de las familias y decidir por ellas, qué es bueno o malo u obligatorio en cuanto al pago de honorarios a las mujeres encargadas de la atención de sus casas, (a título personal es mi visión, todo lo que toca el Estado se marchita tarde o temprano), porque sabemos dónde van a parar las mejores intenciones, a generar más caos y pobreza.

Las mujeres en Paraguay trabajan muchísimo más de lo que se les reconoce y si bien es cierto, muchas de las que se dedican a tareas domésticas con salario fijo, sin embargo, se da mayormente en condiciones precarias y con una baja remuneración, que deja en evidencia el poco valor social que se le da al trabajo femenino.

En el mismo sentido, las políticas públicas, en un mundo donde las tareas de reproducción recaen sistemáticamente en las mujeres, son condición necesaria en la búsqueda de una sociedad igualitaria. El trabajo invisible que es el motor de los hogares paraguayos debe ser respetado y apoyado desde diferentes ámbitos, si bien es cierto, desde ya, es imposible retroceder sobre nuestros pasos y evitar pensar en proyectos de ley desde el Congreso Nacional, es lo que hay, y a partir de aquí, se deben profundizar las acciones tendientes a mejorar la visión masculina sobre el trabajo femenino y viceversa, por qué no decirlo así, hay que reconocerlo, y dejar de justificar o elaborar excusas mil veces repetidas sobre a quién le toca el trabajo.

Ya es hora del fifty-fifty.


Fuente de la Imagen: bloggedtopics.com

[1]https://www.lanacion.com.py/destacado/2018/01/18/la-precariedad-laboral-de-las-mujeres-en-paraguay/

[2]http://www.paraguay.com/nacionales/una-de-cada-cinco-trabajadoras-domesticas-tiene-entre-10-y-19-anos-147075

[3]https://www.ultimahora.com/congreso-sanciona-100-del-salario-minimo-el-trabajo-domestico-n2826626.html

[4]https://www.ultimahora.com/8m-estadisticas-siguen-favorecer-al-trabajo-femenino-n2805789.html

[5]https://www.ultimahora.com/trabajo-domestico-cuanto-se-aporta-al-ips-n2828373.html

[6]http://www.paraguay.com/nacionales/una-de-cada-cinco-trabajadoras-domesticas-tiene-entre-10-y-19-anos-147075

Mayra Quevedo

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