Empresarios, transportistas y la ley del mbareté

Toda acción es de cara al futuro, y el futuro es necesariamente incierto, por ello cada acción es esencialmente especulativa, la diferencia radica en la evaluación de los riesgos. La incertidumbre es una variable omnipresente en cada acción, no se puede medir y no está a nuestro alcance manejarla.
Supongamos que Juan logra unos excedentes de liquidez y no se decide entre abrir una caja de ahorro a plazo fijo, quizá comprar un camión y hacer trabajar o aplicar en apuestas deportivas.
Las tres son acciones sometidas a la incertidumbre, la caja de ahorro puede permitirle algunos rendimientos, pero estos rendimientos podrán ser estériles si repentinamente la inflación de sale de control; el camión puede ser un buen negocio dependiendo del precio del flete y de los costos operativos, que pueden oscilar a favor o en contra, y en el caso de apuestas deportivas, la posibilidad de perder su dinero es mayor. Los tres casos tienen un desenlace incierto, sin embargo, se considera que la última acción es más riesgosa ya que existen mayores posibilidades de fallar en obtener un resultado positivo, se considera que la posibilidad de un evento inflacionario es menor ya que la política monetaria se supone que se encarga de cumplir con metas inflacionarias con el objeto de que no se deteriore la unidad monetaria.
¿Pero por qué alguien se arriesgaría en aplicar a apuestas deportivas consciente de que el riesgo de perder es tan elevado? o en un camión cuyo flete oscila y los costos también?. En economía decimos que todo es cuestión de incentivos, en el caso de la apuesta deportiva o del camión, el incentivo es la posibilidad de obtener rendimientos extraordinarios, comparados con el ahorro a plazo fijo. De ahí surge el viejo adagio. A mayores rendimientos, mayores riesgos, o el famoso ñe’enga “En el riesgo está la ganancia he’i guerrahápe omoîvaekue kantina”.
En términos más técnicos, los economistas dicen que la función empresarial radica en detectar oportunidades de negocio, sea una demanda insatisfecha o una mescla creativa de factores que le permitan obtener rendimientos. Estos rendimientos se obtienen mediante el cálculo económico, estos cálculos se realizan mediante la evaluación de los precios del producto final a ofrecer y los precios de los factores e insumos necesarios para suministrar el producto final. Mediante el mecanismo de los precios, Juan había decidido adquirir para su camión. Recordando que los precios son sugerencias que se presentan a los demás para que éstos decidan sus propios proyectos. Justamente aquel que posee el activo más líquido antes de la transacción es el que suele tener mayor margen de maniobra. Si decide aceptar el precio sugerido, efectúa la compra.
Como pueden observar, los precios son el medio de comunicación por el cual los diferentes agentes en un sistema de división del trabajo informan la escasez, exceso, urgencia o deseo de los bienes que cada uno suministra, y en base a ellos se realizan los cálculos de costo y beneficios esperados, y obviamente de los riesgos que se asumirán al embarcarse en un emprendimiento, del mismo modo que Juan decidió comprarse para su camión pues analizó el precio del flete, el del chofer, el del combustible y el de los demás costos operativos del camión.
El beneficio es un indicador de que se han tomado las decisiones correctas de inversión y ejecución del emprendimiento. Por lo general el inversionista (una de las facetas de la función empresarial) decide previo análisis de rendimientos ajustados a valor presente de unos flujos futuros de fondos proyectados comparados con el costo de oportunidad, recordando que siempre están sometidos a la inclemencia de la incertidumbre y de que siempre existen riesgos.
Una gestión de riesgos bien hecha permite que los resultados se ajusten lo más cerca posible a lo planificado, una mala gestión de los riesgos puede obligarnos a cambios administrativos o incluso a liquidar el proyecto para reinvertir el residuo en otro emprendimiento quizá más rentable. Ese es el proceso de mercado, un ensayo de prueba y error constante donde los aciertos se premian con rendimientos y los errores con pérdidas económicas, es un proceso de descubrimiento constante. La acción de un nuevo agente cambia la información inicial sobre la cual se habían tomado las primeras decisiones.
Como hablamos de innumerables agentes, cada agente debe adecuar sus planes a los planes de los demás y eso solo se logra hacer mediante un indicador que nos permita evaluar como va nuestro plan original, sin ese indicador, hablo de los precios formados en el mercado, lo más probable es que caigamos en un proceso de descoordinación de acciones que a largo plazo se traducirá en uso ineficiente de recursos o que también podemos llamar de pobreza, estancamiento o incluso desigualdad económica y social, término muy de moda hoy día.
A mayores rendimientos, (la diferencia entre los ingresos y egresos sobre inversión), se está transmitiendo información a otros agentes que, si ven que los rendimientos aumentan, se verán en la tentación de entrar en el negocio que se supone rentable. Su entrada al rubro necesariamente generará una nueva información. Si los rendimientos son bajos, muchos preferirán liquidar sus posiciones y buscar otras oportunidades de negocios.
Daniel Lacalle afirma:
“El individuo es libre para invertir su dinero donde crea que le conviene, y para ello arriesga su dinero. El riesgo de quiebra y de perderlo todo es esencial para que funcione el mercado, se premie al buen gestor y se establezcan claramente los riesgos de invertir mal”.
En otros términos, los agentes cuyas inversiones se encuentran en riesgo de pérdida o de rendimientos inferiores a lo originalmente planeados, buscaran evitar ese desenlace. Si desean hacerlo por medio de las reglas del mercado, serían:
a) liquidando sus posiciones, dicho de otro modo, vendiendo sus activos y reasignando sus recursos a otras actividades;
b) Reduciendo costos o innovando para mantener los niveles de rendimientos.
Pero existe otra manera de resolver ese problema, y es el uso de la fuerza, uno puede solicitar al Estado para que te rescate (Como lo hicieron los bancos gringos en el 2008) o pedir al Estado una ley que proteja tus rendimientos por medio de la fuerza. ¿Qué puede salir mal?
Recordemos que estamos hablando de un proceso de coordinación de acciones que ocurre espontáneamente, aumentar los rendimientos en el rubro y dejarlos fijo por medio de la fuerza, debe provocar la entrada de nuevos agentes en el rubro, generando un exceso de oferta del bien suministrado. Si el rendimiento obliga a los consumidores a mayores desembolsos, éstos buscarán otras alternativas para mantener la eficiencia en sus respectivas asignaciones de recursos lo cual los obligarán a innovar. Esto obligará a aquellos que solicitaron rendimientos legislación mediante, a que por el mismo medio se impida el ingreso de competidores innovadores o diferenciados, transformándose en un gran cártel que legislación mediante somete a todos los demás a sus deseos.
Es el camino de la Ley del Mbareté acusado por don Helio Vera, esa ley a la que los paraguayos se ciñen con religiosa sumisión. Si bien, acusa a todos las autoridades de ejercer mando sin la molestia de las leyes, reglamentos y todo inútil papelerío que solo sirve para complicar las cosas, pues en el caso que estamos analizando, el lector ya habrá notado que estamos hablando del uso de la fuerza rompiendo cualquier tipo de ley, para obligar con una ley a acceder a un privilegio que le faculta al gremio más poderoso del país a hacer imperar su voluntad y satisfacer sus caprichos.
¿Cuántos buscarán imitar el ejemplo? ¿Y a donde conducirá ese tipo de medidas?

Víctor Ocampos