En tiempos del todólogo

En tiempos del todólogo

Madrid, 1930. Es publicada «La rebelión de las masas», obra cumbre del filósofo español José Ortega y Gasset. En ella se advertía del advenimiento del hombre masa, un tipo de individuo que por medio de la vulgaridad e irreverencia se abría caminos en la sociedad.

Hoy, en pleno siglo XXI la profetizada idea de Don Ortega se ha cumplido a raja tabla, con el atenuante de que aquel individuo masa ha sufrido una transformación, dando paso un nuevo eslabón dentro de la sociedad actual, al que denominaremos: «El todólogo».

El todólogo es aquella persona que ha hecho del atrevimiento y banalidad su derecho. Es el culpable principal de llevar a la prostitución y al ultraje la libertad de expresión, haciendo de ella su arma y justificante para expresar todo aquello que le venga en gana. No importa la fundamentación de lo expresado o el grado de credibilidad que pueda tener. El todólogo no se restringe nada y dispara a mansalva sin medir consecuencias.

Fueron las redes sociales el elemento fundamental para culminar la metamorfosis de la criatura que es nuestra materia de estudio. Sin el alto poder de difusión de las plataformas digitales, las corrosivas expresiones del todólogo, no trascenderían de su foro cercano y terminarían perdiéndose en el aire. Pero, ante el gran alcance que permite el internet, su chocante y destructor pensamiento se vuelve virulento esparciéndose sin control alguno, difamando, insultando e hiriendo de manera exponencial.

Este personaje aparte de tener el irrespeto impregnado, emana aires de soberbia y osadía que lo hacen acreedor de poder opinar sobre todo tipo de temas y contrariar a todo tipo de personas. Ciencias, Política, Economía, Medicina. Solo él conoce sus límites, si es que los tiene. Y por lo general, su rango intelectual ni siquiera alcanza el del hombre promedio, aunque él crea que aquello que expresa es una verdad irrefutable, absoluta y de gran interés público.

Insaciable e insolente, busca vanidosamente ser el foco de atención. Si por azar se presenta un tema sobre el que tiene un vago y superficial conocimiento, el todólogo se impone como un especialista y entendido del caso. Amo y señor de las circunstancias, no hay nada que esté exento de su monopolio.

Lejos de ser un individuo aislado, el todólogo es la representación fiel de un gran porcentaje de los componentes de la sociedad. La unión hace la fuerza, y así se da paso a una turba de individuos que sesgados por la óptica cuadrada y apabullante de sus pensamientos, se llevan todo por delante a punta ofensas e ignorancia

De esta manera conforman un contemporáneo tribunal inquisidor, donde la hoguera es denominada «justicia social», y castiga sin distinciones. La facilidad para destruir la integridad, reputación e imagen de las personas, está al alcance de las teclas de un celular o computador. Este libertinaje que ejercen los todólogos, puede llegar a generar grandes daños, instalando falsas premisas y calumnias. Una mentira repetida mil veces se puede disfrazar de verdad.

Ni ideologías políticas ni credos, los todólogos no distinguen estratos sociales. No existe ser más intolerante que aquel cuyo prisma de análisis se limita y gira entorno a un fanatismo ciego, este es un rasgo bien definido de este individuo que todo lo juzga desde su obtuso juicio. Si algo no se amolda a su línea, entonces lo ataca, buscando destruirlo o ridiculizarlo.

Lo preocupante no es solo el acaparamiento de este individuo en todo ámbito social, sino que su patología viene siendo experimentada por la gran mayoría de personas. ¿Quién no ha padecido ese ímpetu iracundo de atacar al que disiente de nuestro pensamiento? ¿Quién no se ha erigido alguna vez como todo un experto en temas del que solo tiene un pobre conocimiento? Ninguno se animaría a arrojar piedra alguna por vergüenza y culpa.

Ya nadie quiere hacerse dueño de su silencio. Creemos que toda opinión merece ser expresada inherentemente, cuando en realidad es nuestro ego el que emerge buscando tener siempre la razón. Y para colmo de males hemos catalogado como derecho este impulso narcisista. Nadie piensa lo que dice pero todos dicen lo que piensan.

Jesús Melgarejo

96 comentarios en «En tiempos del todólogo»

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