El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Literatura Paraguaya Opinión

Entre sombras y silencios

Es bien sabido para el común lector paraguayo, que los lugares frecuentes, la riquísima variedad de espacios y costumbres, hacen de nuestro país una amalgama a ser explotada siempre, de la mejor forma por los cultores de la literatura y ni qué decir, en esta rica variedad de personajes que superan a la ficción.

Edición de Ojo por Diente de Rubén Bareiro Saguier. Plaza y Janés, 1985.

En “SÓLO UN MOMENTITO”, la muerte como símbolo recorre los poros de los protagonistas, y el lector se siente satisfecho al final, ya que la muerte nunca aparece pero se la “huele/olfatea” en el ambiente ya que ella apesta una vez te despiertas de ese sueño que te embota los sentidos y carcome el alma, se esconde detrás del mismo cuento, está más allá del bien y del mal de los protagonistas, es el lector el que la descubre a medida que va leyendo; es la situación planteada frente al destino que no se cumple o del sino que aturde la razón de sus pensamientos. Su sombra silenciosa, nos aturde y nos persigue desde siempre, desde el albor mismo de nuestra nación.

Decía Bareiro Saguier que «La mayor parte de la literatura paraguaya ha sido escrita en el destierro y  la que nace en el país tiene también el signo de un estilo impuesto por el temor: una obra no representa sólo lo que dice, sino también lo que deja de decir»¹; pues bien, tanto en éste, como en los demás relatos de este libro, “Ojo por Diente”, podemos embarcarnos en justipreciar lo que el maestro de las letras ha querido trasladar al debate, lo que ha tratado de mostrarnos como inicio y fin de nuestros males.

Rubén Bareiro Saguier.

El discurso de Bareiro Saguier está cargado de simbolismos, porque el lector debe hacer ese ejercicio lectura/crítica, debe embarcarse en la dilucidación del porqué, ser parte de la trama, asumir el control al final y poder luego, despertarse de esa ensoñación que representó lo narrado; claro está que yo recomiendo leer esta obra y masticarla, digerirla, reflexionarla; en otras palabras, disfrutarla antes que intentar descifrarla en el primer encuentro.

Tanto omnisciente como protagonista narrador², el escritor aborda la problemática de aquellos días de oscuridad, desde la perspectiva del juglar, es por ello, que podemos decir que su prosa se aleja del realismo, no busca denunciar una cualidad de los gobiernos que existían sino mostrarnos un equidistante presente allá donde se encuentre, no acontece como criticidad ante la indiferencia social que nos aqueja desde siempre o al menos, desde la instauración de las dictaduras, prefiere evitar la batalla, para así, en un mundo onírico, rescatar los valores que se han perdido, y proferir el insulto más denigrante, hacia la persecución atroz de la incultura que nos gobernaba y continúa haciéndolo, años después de la caída de la oscuridad, vaya ejemplo y coincidencia que resulta más terrible aún comparándolo con nuestra actualidad, sumida en las tinieblas de una ignorancia gobernada por la necedad y no, por la necesidad de conocer y descubrir.

No hablaremos de los ojos, el diente, la sangre, el sol, la tierra, los bosques, el fuego, los gritos del silencio, la luz, el viento, de armas o de la lluvia, hablaremos sobre el sustrato implícito en el final del cuento, pero antes, recordemos brevemente lo que el símbolo muerte significa:

Portada de la edición de Servilibro.

“La muerte designa el fin absoluto de algo positivo y vivo: un ser humano, un animal, una planta, una amistad, una alianza, la paz, una época. No se habla de la muerte de una tempestad pero sí en cambio, de la muerte de un bello día. En cuanto símbolo la muerte es el aspecto perecedero y destructor de la existencia. Indica lo que desaparece en la ineluctable evolución de las cosas: se relaciona con la simbólica de la Tierra. Pero también nos introduce en los mundos desconocidos de los infiernos o los paraísos; lo cual muestra su ambivalencia, análoga a la de la Tierra, y la vincula a los ritos de pasaje. Es revelación e introducción. Todas las iniciaciones atraviesan una fase de muerte antes de abrir el acceso a la vida nueva”³.

Aquí hay un claro paralelismo entre lo que se busca y lo que se encuentra, entre lo que se espera y lo que nos sorprende, grata o negativamente; la entrada en la selva tupida es el desconocer del héroe, pero no el héroe del novecentismo, sino un héroe más deshumanizado, a propósito, por Bareiro Saguier o por Roa Bastos, claros ejemplos de una extraña coincidencia en el cambio de estilos y modas literarias, llevado hacia las maravillosas cumbres metafóricas.

Rubén Bareiro Saguier junto a Augusto Roa Bastos.

El pasaje de un mundo conocido y patético (pensar en el futuro cuando estás a punto de morir, acordarse de los mimos de la Madre cuando te estás desangrando, la novia, el hijo en ciernes, los recuerdos de la niñez, recuerdos, que al fin de cuentas, son preámbulos hacia la nada) hacia lo desconocido y mejor que la propia existencia actual (paraíso, infierno, vacío), todo ello, es simplemente una mezcolanza de la realidad llevada al extremo de acuerdo a Norah Giraldi dei Cas, ya que es una técnica expresionista “más que realista, ya que hay una objetivación, a nivel del discurso, de contenidos vividos o intuidos por el narrador”.⁴

¿Qué espera el autor? ¿Qué puede esperar el lector?

Para mí, esperar o no esperar da lo mismo, puesto que lo onírico supera a la realidad, los ideales quedan solamente en eso, en profundización de un anhelo a lo largo del tiempo, un anhelo que ha caído en el olvido, que encierra una esperada regeneración de esos valores perdidos, esta tensión entre anhelo y realidad, entre olvido y regeneración de lo perdido, entre la muerte y la vida como fuerzas contrarias pero coexistentes, sólo son el curso cíclico de la actividad humana, el pasaje a otro estado espiritual, que no se ha dado o que al menos, en los protagonistas, está a punto de consolidarse al entrar a la floresta interminable del sacrificio.

Pues bien, la muerte es solo un momentito, la frase final del cuento es la introducción a lo desconocido por los protagonistas, pero a su vez, es la apuesta por lo que habrá después de la muerte tal y como la estamos interpretando, ¿qué nos espera como sociedad cuando ya no suframos el infierno de la persecución, o el propio infierno del autoexilio? ¿Qué espera el paraguayo detrás de la cortina mesopotámica que nos cuece el alma y nos atomiza el intelecto?

Una transformación real pero a su vez pragmática, ningún cambio se da de la noche a la mañana, no es por mero proceso espontáneo que algo se crea; la creación de un nuevo paradigma, de una nueva visión que revitalice aquello que realza y que expulse lo que nos sobra, es decir, la propia cultura afianzada en una tradición mejorada. La muerte es la puerta de la vida, de una vida que proporcionará al caminante iluminado de la espiritualidad que tanto ha deseado.

De esta forma los oprimidos, los sacrificados, aquellos desterrados, los seres malditos, los desvalidos, los desesperanzados, faltos de fe, aburridos de la existencia, suicidas, bastardos de la historia, rebeldes convertidos en coprófagos en las mazmorras del gobierno, vencidos, derrotados, desilusionados, condenados por ser diferentes o pensar distinto, los atolondrados que siempre acampan cerca del atardecer, del ocaso del mundo, resucitan en el corazón del rebelde en búsqueda de justicia o simplemente en búsqueda de algo diferente, el receptáculo por medio del cual es dable regalar la propia vida a cambio del descanso final.

Banksy: Niña y un soldado Graffiti Stencil street art urban Spray de pintura artista Póster.

En este eterno retorno de todos sus héroes paraguayos, Bareiro Saguier encuentra la razón de su discurso: El paraguayo se desarrolla como un Segismundo, que sueña, ya que la vida es sueño y los sueños, solo sueños son, y no existe la realidad, porque ella se convierte en futilidad, en sueño que no muestra ningún desenlace transformador, porque el compatriota no da el siguiente paso, no accede al inframundo ni tampoco retrocede, es la peor maldición paraguaya, el no avanzar ni hacia adelante ni para atrás, sino estancarse, petrificarse en vida por esa extraña satisfacción que tenemos de un conservadurismo exacerbado implantado en el chip cerebral por nuestros presentes y pasados gobernantes que utilizaron la fuerza en contra de las posturas contrarias.

Así llegamos a un final que nos induce a pensar en lo que vendrá.

Allí, donde las siestas infernales agrietan de manera especular, los sedientos fuegos que se consumen carcomiendo una existencia que se reencuentra solitaria frente al lago donde las aves mueren; allí el grito postrero expresa el movimiento que se apoya en el flujo y reflujo de una repetición cíclica que envanece nuestra capacidad evolutiva como sociedad; pues nos hemos convertido en hombres que nos alimentamos y seguimos teniendo hambre, bebemos pero seguimos teniendo sed, gozamos de los placeres pero aún los apetecemos, donde todo se hace tedioso pero a la vez gratificante, al no haber otra salida a este suplicio que representa nuestro singular aislamiento natural. ¿No será que culpar a la naturaleza es nuestra excusa para no transformarnos?

El paraguayo gira en círculos, describiendo órbitas que desintegran la novedad a favor de las rúbricas inútiles, nuestra inconsistencia es la Diosa que erige los edificios más singulares, que caen irremediablemente uno tras otro en este progreso hacia ninguna parte, en esta graciosa pero a la vez irónica absurdidad de perfeccionarnos constantemente para no ambicionar nada bueno, para morir en esta eternidad de sombras y silencios.

Notas:

¹Prólogo a “Ojo por Diente”. Edición digital: Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2001.

²p. 298 Símbolos de «Ojo por diente» de R. Bareiro Saguier Norah Giraldi dei Cas Cahiers du CRICCAL, n°2, 1987. Techniques narratives et représentations du monde dans le conte latino-américain. pp. 295-311.

doi : https://doi.org/10.3406/ameri.1987.919

https://www.persee.fr/doc/ameri_0982-9237_1987_num_2_1_919

³Chevalier, Jean, Gheerbrant, Alain. Diccionario de Símbolos. Herder. p. 731

⁴p. 298 Símbolos de «Ojo por diente» de R. Bareiro Saguier Norah Giraldi dei Cas Cahiers du CRICCAL, n°2, 1987. Techniques narratives et représentations du monde dans le conte latino-américain. pp. 295-311.

doi : https://doi.org/10.3406/ameri.1987.919

https://www.persee.fr/doc/ameri_0982-9237_1987_num_2_1_919

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