«Es culpa de la gente»

«Es culpa de la gente»

Esa es la frase con la que el Gobierno de Mario Abdo Benítez y sus ministros argumentaron todas las irregularidades en el manejo de la pandemia, del que en algún momento se jactaron y se autoposicionaron como “ejemplo de gestión de crisis sanitarias”, aderezados por medios internacionales cuyos reportajes lo realizaron sin conocer la situación in situ del Paraguay.

Acentúo lo dicho en el párrafo anterior: Ciertos medios internacionales y de gran renombre quisieron hacer la gran Emilio Salgari y escribir sobre lugares y situaciones que no conocen. La diferencia es que Salgari legó trabajos destacables y los otros, elementos que inflaron los pechos corruptos de políticos con las más deleznables excusas que insultaban la inteligencia.

Y es que estas publicaciones extranjeras y otras de medios nacionales impresentables, dieron fuerza al argumento “la culpa es de la gente” cuando el génesis de la pandemia en Paraguay ocurrió con la vista gorda de los encargados de velar por el cumplimiento de las medidas de cuarentena de quienes llegaron contagiados del extranjero. No es culpa de la gente ni por asomo.

Por otra parte, si bien se quiere instalar como versión oficial “el relajo” de la gente con las medidas sanitarias, no se debe olvidar que las autoridades nacionales encarcelaron a todos los paraguayos en sus hogares por cerca de tres meses con la promesa de que de esa forma se evitaría un colapso del sistema nacional. Pero lo que colapsó con esa falsa promesa fue la economía de gente que se ganaba el pan con trabajo honesto, sin olvidar que existen todavía, casi un año después, sectores como el de los eventos que poco y nada lograron recuperarse.

La falacia detestable que sugiere que la gente tiene el monopolio de la culpa no hace más que incrementar continuamente el termómetro de la crispación social y este gobierno ciego, sordo y hasta mudo, no da el brazo a torcer y continúa como aquel terco fanático asegurando que la gestión del Paraguay contra la pandemia es razón de orgullo y ejemplo a seguir. Honestamente no veo a países con verdadero éxito como Uruguay aumentar la tasa de mortandad y fracasar estrepitosamente en la adquisición de vacunas para inmunizar a su pueblo.

La presencia del galáctico préstamo de USD 1.600 millones que el pueblo paraguayo aceptó con la ilusa pero entendible esperanza de que se mejore el sistema de salud nacional es el contraargumento más irrefutable contra el soberbio argumento oficial, apuntalado por ciertos medios de prensa de dudosa ética y compromiso social.

Se confió al Estado la salvaguardia de la salud pública y lo único que se logró fue que con polladas y la apelación a la solidaridad de la gente se puedan costear ciertos insumos y medicamentos básicos que debían estar garantizados de acuerdo con el argumento que el Gobierno esgrimió durante todo el lobby para la aprobación del gigantesco empréstito, tan grande como su ausencia.

Entonces, estimados Mario Abdo Benítez, Julio Mazzoleni, y otros miembros del Ejecutivo que tuvieron la osadía de culpar al pueblo de sus propios fracasos, ¿qué es lo que esperan para renunciar? Poner vuestros cargos a disposición es lo menos que pueden hacer, ya que no irán presos, como bien ocurriría en cualquier país serio. Así que, ya que no pagarán por su desidia, al menos tengan la dignidad y el patriotismo de irse. La ciudadanía hasta les agradecería ese gesto y, quién sabe, hasta les perdone.

Este Gobierno le falló el pueblo paraguayo ya desde la epidemia del dengue del 2019-2020 y su desidia y negligencia ya le pasó la factura a 3.239 compatriotas que fallecieron por covid-19. Ninguna de esas muertes debe quedar impune. Alguien debe pagar, y debe pagar ya.

Reconocer los errores es de grandes, culpar a otros es de corruptos miserables. Grábenselo en la cabeza.

Rodolfo Sosa

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