Héroes

Héroes

Ubíquese, estimado lector, en los albores de este 2021. Un nuevo año llegaba con la promesa de que los efectos de una pandemia estarían más atenuados por el éxito cada vez más concreto de las efectivas vacunas y ciertas partes del mundo ya se podían permitir volver a las costumbres más añoradas cuando la distancia y la disciplina fueron exigidas no siempre con un sustento legal muy concreto. El caso es que, de alguna u otra manera, para algunos lugares la tormenta epidemiológica amainó lo suficiente como para asomarse al exterior sin mucho peligro.

Pero en estas tierras abrazadas (o estranguladas, dependiendo de la óptica de quien lea estas líneas) por dos extensos ríos bautizados con nombres en un idioma nativo del que se enorgullece de hablar toda persona nacida en esta Mesopotamia, existe una nación, un pueblo cuya historia pareciera haber sido escrita como una novela en la que se induce al protagonista a sufrir todo tipo de vejámenes imaginables para probar su fortaleza y forjar su estirpe, su nobleza, y evaluar, en un ejercicio de dantesca pedagogía, su determinación por sobrevivir.

Pero ese guion, esa historia del sufrimiento, se hereda de generación en generación, y es así como la llegada del nuevo año no se tradujo en grandes algarabías en muchos hogares porque para quienes pasan inconmensurables necesidades y padecimientos el giro que hace la Tierra alrededor del Sol, que configura el paso de un año a otro, no implica la llegada de una prosperidad mágica que se invoca con el brindis de unas copas llenas de uvas y sidra.

Sin embargo, el consuelo por excelencia siempre es para la gente el encomendarse a lo que la Divina Providencia determine en función a cuánto confían en la mano de Dios, con una fe que no se puede medir con palabras, pero se puede observar en los ojos suplicantes de quienes rezan un padrenuestro o un rosario frente al crucifijo, o frente al consuelo maternal tácito que brinda la imagen de la Virgen ataviada con mantos azules tan adorada en estas tierras o ante el cuadro que retrata la mirada compasiva de un empático y comprensivo Jesucristo.

Uno podría versar mil cuestiones científicas y filosóficas para discutir la eficacia del acto religioso para la transformación de su realidad social, pero lo cierto es que, en aquel terreno inexplorado en el que las explicaciones y las refutaciones de la ciencia y la filosofía perecen, la religiosidad abraza al desconsolado y le ofrece un refugio ante el dolor y el sufrimiento, cosa que no experimenta quien se vista de escepticismo o nihilismo. Y he ahí la ventaja del religioso: sus fuerzas siempre renacen, siempre afronta el nuevo día con la fortaleza suficiente como para llegar a la noche y repetir sus oraciones y entregar a la divinidad todos sus pesares y de esa forma poder volver a empezar.

Es que la vida en este país exige sacar fuerzas de donde sea… implica no pensar demasiado en la dificultad del problema para no ser absorbido por esta ni verse empequeñecido por su magnitud, porque la gente de este país sabe que doblar la rodilla ante las adversidades es un acto indigno, es una traición a la sangre.

Por esos motivos, a pesar de que la clase gobernante no estuvo a la altura, la mayoría de la gente no se detuvo demasiado en eso y abocó a la empresa de luchar para obtener de donde sea los recursos que necesitaban sus seres queridos para comprarles un día más de vida o para ablandar la sofocante presión de los constrictores acreedores que parecen no estar regidos por ningún código ético, pero ese es otro tema.

Manuel Domínguez escribió hace más de un siglo acerca de cómo el pueblo paraguayo fue el héroe máximo de la Guerra Grande por sobre las individualidades, y estoy más que seguro que si viviera hoy volvería a escribir un “Alma de la raza” viendo cómo la gente, como en su época, suda sangre por el bienestar de sus seres queridos sin miedo y con un coraje digno de quien ve directamente a la cara a la muerte y se bate en pulseadas con ella, e incluso soporta los argumentos puntiagudos de quienes quieren culparlos incluso por despertarse cada mañana y sencillamente existir.

El pueblo es el héroe en estos dos años de pandemia, nadie más.

*Foto de Ilustración: ABC Color.

Rodolfo Sosa

60 comentarios en «Héroes»

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