El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Opinión

Horacio, el Sabio y dragón de la política criolla paraguaya

Entre mis hogareñas salvadas, la manteca trébol, el tereré posterior y la música vikinga de Danheim, estuve pensando y reflexionando sobre el nuevo episodio de nuestra política criolla, que en los últimos días, el cartismo ha demostrado su resurrección de las cenizas como el Fénix, esa mitológica ave que se cierne sobre el Colorado Añeteté, bajo imperio de las circunstancias.

Horacio Cartes ha demostrado, muy a mi pesar, que es una persona inteligente, inteligentísima, extremadamente enferma de inteligencia. Ante la derrota en las internas coloradas del 2018, estaba pendiente de qué hacer para seguir teniendo preponderancia política, después de todo, su movimiento Honor Colorado, estaba cayendo en segundo lugar en la candidatura presidencial pero no así en los puestos al senado de la Nación.

Fuera lo que tuviera que ocurrir en aquellos tiempos, el discurso de Colorado Añeteté fue ondeando cual bandera en días de ventisca tanto ondeaba sin “ondear” que, al final quedó quieta la bandera del movimiento ante la furia del fuego infernal que soplaba contra ella y todo su bloque.

Se fueron sucediendo los días, semanas, meses, trimestres y semestres, año incluido llegamos al 2020, donde la pandemia del coronavirus afligió aún más el corazón de esa bandera ya quemada, y caída al suelo donde los pisotones de propios y extraños comenzaron a reclamar para sí mismos, el beneficio de la duda.

Los movimientos del gobierno, o la inacción de sus extremidades promisorias dejaron sin lugar a dudas, una estela que no tuvo parangón en los últimos años, que hasta el día de hoy, con más razón, con mucha más razón que importancia, ha dejado un preámbulo nocivo que explota en esta fase ininteligible de la cuarentena inteligente que ya no supone el uso forzudo de la fuerza de la inteligencia.

Las circunstancias son ocasiones elementales de la naturaleza que se presentan a los afortunados, a esos quienes se valen de la fortuna, basamentada en sus esfuerzos primarios y en su lucha secundaria para aprovisionarse en épocas de abundancia de los tesoros ineluctables para los momentos de miseria como éstos. Allí, en la cadena evolutiva, en lo alto, allá arriba, en la más sublime invectiva, donde la montaña tuerce sus hombros gigantescos para ofrecer sombra a los espíritus elevados se sitúa la figura de Horacio.

Y Mario Abdo ahora es Confucio, el sabio chino que quiso visitar y horadar el mismo suelo que su gran ídolo, maestro, héroe y semidiós Lao Tsé, el Uncle Horacio de nuestra política actual.

Cartes actuó como un sabio en esta oportunidad. Esperó como Lao Tsé siempre esperó la llegada de sus discípulos, la llegada de sus admiradores, entre lambiscones, fanáticos y aprovechadores profesionales y consuetudinarios, la espera es siempre batalla de los más grandes espíritus cargados de sabiduría eterna, pues la política como la religión y el fútbol, tienen los mismos aditamentos de siempre, ahora y siempre, en el “hic et nunc” de la serpiente enrollada que se muerde su cola en simbólica alusión, el fútbol, la religión y la política, tendrán los mismos resultados, aunque los comienzos sean “aparentemente distintos de los anteriores”, sean realzados con discursos encendidos y demagógicos, aunque el mundo se caiga a los pies del elector, al final, siempre Horacio The Uncle, el Gran Hermano sin Hermandad, será el que ría al último, el hacedor de los cambios indisolubles de la política criolla, sí, reflexionando te puede aparecer esto en tu mente, el pensamiento es simple, pero a la vez “complejizante” porque no lo es. pero no pienses demasiado que te vas por las ramas.

Taoísmo puro y duro lo que hizo Cartes. Embadurno mi galletita hogareña salvada con manteca trébol. Qué deleite. Qué gusto.

Recordemos un rato el famoso encuentro mitológico entre Mario Abdo y Horacio, El Sabio:

Mario Abdo esperaba que Horacio, El Sabio se comportase de forma elegante, honorable, haciendo colación al nombre de su movimiento. Cuando Mario Abdo llegó hasta la montaña donde se alzaba la efigie monumental de Horacio, que permanecía sentado en su trono sin hacer nada, éste lo miró y le dijo:

“Pe guapy atú Marito, no voy a molestarte”, sin mostrarse demasiado interesado en verlo ni en oírlo y mucho menos hablarle, aparentemente.

Este desaire político causó mucho pavor en Mario Abdo, se dijo entre dientes y a regañadientes para sus adentros exclamó “¿Qué clase de político es éste?”, y le dijo ni corto ni perezoso al gran Horacio, El Sabio lo siguiente:

“¿Así me vas a recibir?”.

Horacio, El Sabio siguió sin excusarse ni decir otra cosa que…

-“Peguapy atú Marito, no voy a molestarte”, tras lo cual, Mario Abdo se enojó aún más.

Pero se contuvo, dada su gran caballerosidad y le preguntó a Horacio, El Sabio algo que tenía en mente desde mucho tiempo atrás…

Pe ñe´e chéve Don Horacio, ¿Qué es el hombre superior, el verdadero caballero político de Maquiavelo?

Horacio, El Sabio respondió secamente:

En mi vida me he cruzado con algo superior o inferior, los políticos son políticos, como los árboles son árboles, cuando mueren caen, se pudren y forman parte de la materia orgánica, así los políticos cuando no sirven deben ser cambiados cuando no sirven, porque si sirven, no estaríamos hablando de los que no sirven. Ningún político es superior a otro, nadie es indispensable en la política, nadie es más indispensable que la propia hormiga que se rebusca en las casas por migas de pan echadas en el suelo antes de que la escoba las barra de una vez; toda la política en Paraguay es basura, es un irreverente acto fallido, una tontería que vende mucho al periodismo amarillista que también es basura. (Y moviendo su brazo y alzando su mano al cielo hizo un chasquido con sus dedos y dijo: “Con un simple chasquido los periodistas bailan al son de mi dulce melodía, el resto como dije, sigue siendo y seguirá siendo basura).

Mario Abdo no esperó a que siga el gran Horacio, El Sabio que ni siquiera le miró, ni de reojo; cuando regresó al Palacio de López Hipertextual dijo a sus discípulos lo siguiente:

Él es el más peligroso de los hombres. Si te acercas a un tigre puedes salvarte de alguna manera, si es que el Tigre no está interesado en vos, si te acercás a un León también podés hacerlo pero Horacio es como un Dragón mitológico, un Dragón volador que matará a cualquiera que ose ir a verlo, cada vez que oigan que Don Horacio anda por ahí pastando, allí, allá o acullá, corran, corran por sus vidas, escapen como puedan porque no sobrevivirán a su ira. A él no le importa si tiene que convertirse en un caballero, no le importa su aspecto mucho menos piensa en su impecabilidad, su carácter es el más fisurado de todos en este país, no le interesa el conocimiento ni la educación ni el honor ni la tradición, convenciones, escrituras, sabiduría ni el respeto de grandes, chicos, jóvenes, no tan jóvenes, adultos y ancianos, reyes y reinas, Papas y políticos, filósofos y científicos son lo mismo para él, basura, sonsera, tontería.

Cartes se sentó a esperar. Entre whisky y whisky entendió que debió salirse un poco de la política y regresar al fútbol para ver cómo anda el ambiente…en el trascurso estaba pensando en la estrategia para destruir el gobierno de Mario Abdo y el país a la vez. Pero no tuvo que hacer demasiado, tratando de que su Club Libertad pueda levantar cabeza ante el tetracampeonato de Trovato, se sentó a charlar con jugadores, técnicos y aficionados fanáticos, allí estaba él, esperando, mirando de reojo al poder, o desde el poder, mirando de reojo al poder, es decir, al poder que se cree comanda el país desde el Palacio de López Hipertextual que atónito sigue arrojando pétalos de rosas ponzoñosas en el lago Estigia preguntándose si por acaso, nuestro pueblo merece el futuro que le hace sufrir cual marionetas el enojoso servicio de los dueños del país, se pregunta si este presente debe ser destruido de una vez para así, construir tal vez, ese sueño americano de un Paraguay soberano, libre e  independiente, no encadenado a los vaivenes del estado de ánimo de sus políticos, un pueblo encasillado en la ignorancia, llamada analfabetismo funcional pero con gran sentido común para el acopio de posesiones que en ofrenda regalan los contribuyentes, día a día durante el trascurso de esta transición intrascendida, trasnochada en el hip…hip…hipo alcohólico de uno de sus grandes patriarcas. En la tranquilidad de mi casa, en el interín de mi des-ayuno, mientras sigo escuchando esa música de guerra vikinga del grupo danés Danheim, puretota. Si te gusta lo nórdico, aquí está. Simplemente, dejáte llevar por la catarsis musical de la exploración de tu interioridad mientras comés una rica galletita hogareña salvada con manteca trébol.

¿Para qué pensar demasiado si no hace falta? ¿Para qué romperse el coco para obtener respuestas y posibles estrategias? ¿Para qué hacerse el gallo con amenazas de revueltas o desestabilización política? Nada de eso sirvió ni sirve para los que verdaderamente entienden las fluctuaciones de la madre naturaleza y que actúan en consecuencia, aprovechando la oportunidad. Ahí está la solución. Aprovechando la coyuntura de la pandemia se hizo con el poder sin hacerse con él, luchó sin luchar, obtuvo sin obtener, es dueño del poder sin serlo, ¿qué más explicación práctica del taoísmo se puede dar en estos tiempos a los que nunca leyeron la filosofía sínica? Ni siquiera movió un dedo, o lo movió sin moverlo, simplemente se atuvo a dejar hacer, dejar pasar y contener sus ansias en el mediodía del karma. Le conoce a los colorados, le conoce a su pueblo, sabe que son todos unos ambiciosos traidores y esperó nada más. Fue como Lao Tsé. Esperó sin esperar. Se movió como un arroyuelo congelado. Pensó sin pensar, en fin, habló sin hablar, rió sin reír aunque sigue haciéndolo, sin hacer porque no se necesita hacer cuando ya estás embebido del tener. Ahora ya voy terminando de desayunarme mis galletitas hogareñas salvadas con manteca trébol y demás está decir, ya es hora del tereré rupá.

9:25 AM. Espero mi mbejú con el rico cocidete. Pero el mbejú es jodido en este tiempo de trifulcas políticas. Siento mucho que este San Juan que pasó no pude comer el mbejú. Cada año en fechas similares como una tradición consumo al menos tres en un día para no perder la costumbre de degustar una delicia paraguaya mientras observo el canal de noticias y me doy cuenta que el fuego se forma en mi interior y sube por el esófago hasta que ya no pueda contener más el hip…hip…hipo de satisfecho o deshecho estómago para luego volver a la indigencia con té de boldo y burrito para aligerar la pesada carga que tengo en el estómago.

Ahora que lo pienso me cuido desde los 18 años en la comida porque desde esa época ya tenía gastritis carajo…No pega esa mierda…Paté de hígado de ochsci con pan integral y queso Paraguay con cocido con leche…y mucha azúcar; eso provocó mi inacción actual, porque tanto Lao Tsé como yo lo entendemos y ni qué decir Horacio, el Sabio, hay días de acción humana completa y completizante, y hay otros días para reflexionar, reflexionar, hacer que lo reflectante consiga lo que la reflexión reflexiva no logra contener.

Había sido que esa mezcla es mortal. Jajajajajajaja. Da gusto comer la chipa so´o con tereré mientras ves el canal de noticias de la multinacional que tiene bancos, mayonesas, puré de tomate de contrabando y equipos de fútbol con políticos de fuste en sus filas, porque definitivamente esa mezcla mortal de influencia negativa para nuestras vidas, como la mala comida puede ofrecernos un espectáculo alentador, del que pretendemos algún día despertar soñando porque si la vida es un sueño en esta aldea monumental, es evidente que si nos dormimos ya no podremos despertarnos de esta vida llamada sueño que duerme en el sueño sin soñar siquiera en despertar.

Pero tiene un sabor deleitante, aunque amargo al final, ver lo que te hace mal y consumirlo por el simple placer del paladar completamente desquiciado y saber que ésa mezcla flipante para el reino estomacal, producirá tarde o temprano el dolor y el sufrimiento de las miles de bacterias y virus que viven en ese tracto gastrointestinal llamado Paraguay.

Odiar es malo pero algunas veces es reconfortante porque nos damos cuenta que odiar es también, sin querer queriendo no queriendo, admirar, y es que admiramos demasiado la sabiduría de ciertos políticos y ni qué decir la de Horacio, El Sabio, El Gran Hermano sin Hermandad y odio pensarlo, decirlo y escribirlo, odio a Horacio, El Sabio, el Dragón de la política criolla paraguaya.

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