Instagram y el fenómeno de los suicidios infantiles

Instagram y el fenómeno de los suicidios infantiles

La popular red social “Instagram”, plataforma digital enfocada en imágenes y videos, desde su lanzamiento, en el 2010, hasta la fecha ha sumado alrededor de 1000 millones de usuarios en el mundo[1], entre ellos menores de edad que en los últimos años han sido protagonistas de trágicas noticias vinculadas a la autolesión y, en el peor de los casos, el suicidio.

En el año 2017, la Sociedad Real de Salud Pública de Inglaterra (RSPH), -país en el cual el suicidio es la primera causa de muerte en jóvenes y adolescentes- realizó una encuesta que posicionó al Instagram como la red social que más afecta psicológicamente a los jóvenes[2], seguida por el Snapchat, Facebook y, por último, Twitter.

¿Pero en qué sentido podría esta red social propiciar a la autolesión y eventual suicidio en adolescentes y jóvenes? La respuesta radica en el algoritmo del Instagram.

En las redes sociales existen algoritmos que funcionan como motores de búsqueda orientados a mostrar contenidos en función a los “me gusta” que cada usuario otorga a las distintas publicaciones que diariamente se suben a las redes sociales.

En el Instagram, a través de los hashtags, las personas pueden acceder a contenidos “personalizados” simplemente escribiéndolos.Por ejemplo, si queremos informarnos sobre fútbol, más precisamente sobre alguna competencia, escribimos #ChampionsLeague o #PremierLeague, u otros; si nos gustan los paisajes naturales escribimos #WildNature o similares, y se nos despliega una gran cantidad de fotos o videos relacionados con nuestra búsqueda, y luego, el algoritmo se encarga de seguir mostrándonos aquello que buscamos y “nos gustó”.

En el 2017, se hizo público el caso del suicidio de Molly Russell, adolescente británica de 14 años, cuyo padre, Ian Russell denunció a través de la BBC que “Instagram ayudó a matar a su hija”.[3]

En la entrevista, Russell explicó que indagó en las redes sociales de su fallecida hija y se topó con una serie de publicaciones depresivas y que incitaban a la autoeliminación. Asimismo, mencionó que había cuentas de gente muy deprimida que se autolesionaba y lo posteaba en Instagram.

«No nos podíamos imaginar que este tipo de contenido pudiera estar en una plataforma como Instagram. Y todavía está ahí, es muy fácil de encontrar, no está escondido. Está disponible»[4], denunció durante la entrevista con la BBC.

Otro de los casos investigados por la BBC fue el de la joven Libby, quien felizmente no tuvo el trágico final de Molly, pero quien confesó que a los 12 años “compartía imágenes de sus heridas con 8.000 seguidores, atraída por una comunidad online que se caracterizaba por fotos de autolesiones”[5].

«Estaba muy enganchada. Era como si tuviera que estar siempre siguiendo el ritmo, porque de lo contrario la gente dejaría de preocuparse»[6], declaró Libby.

Fuente: Getty Images

En su libro “La expulsión de lo distinto”, el filósofo surcoreano Byung-Chul Han, explica que este tipo de situaciones parten de una autoexplotación, en donde el sujeto “se percibe a sí mismo como un objeto funcional que hay que optimizar”[7]en función a la “demanda” que plantea, en este caso, el Instagram.

Un caso más reciente de suicidio infantil relacionado con el uso del Instagram, fue el de una joven de 16 años en Malasia, quien a través de una historia (publicación temporal en Instagram) realizó una macabra encuesta con la consigna de si debía quitarse la vida[8].

El 69% de los encuestados habían votado en favor de la muerte de la joven, cuales césares romanos bajando el pulgar ante algún desdichado gladiador.

Este suceso obliga a pensar en los actos irresponsables de los otros internautas quienes deberían ser sancionados por incitar al suicidio, hecho que está penado según las leyes de Malasia.

Fuente: as.com/meristation

Ante estas graves situaciones debemos pensar si es realmente conveniente permitir el acceso a las redes sociales a menores de edad, o en su defecto, concienciar a los padres a que monitoreen constantemente el desenvolvimiento de sus hijos en las diversas plataformas digitales, que han demostrado tener más repercusiones negativas que positivas en el desarrollo psicológico de la gente en general.

Los desarrolladores de Instagram declararon en varias ocasiones que trabajarían para evitar contenidos que hagan apología a la autolesión y al suicidio, pero la situación también radica en la psiquis de las personas que publican este tipo de cosas aberrantes.

Las redes sociales, lejos de facilitar las relaciones interpersonales, se han convertido en una herramienta que convierte a sus usuarios en verdugos y víctimas al mismo tiempo, sin discriminar sexos ni edades. Cerremos este artículo con la siguiente pregunta:

¿Qué tanto han ayudado las redes sociales a mejorar a las sociedades hoy día?


[1] ://marketing4ecommerce.net/cuales-redes-sociales-con-mas-usuarios-mundo-2019-top/

[2] https://www.bbc.com/mundo/noticias-39974688

[3] https://www.bbc.com/mundo/noticias-46975980

[4] Íbid.

[5]https://www.bbc.com/mundo/noticias-47118999

[6] Íbid.

[7] Byung-Chul Han. “La expulsión de lo Distinto”. Herder, 2016.

[8]https://www.bbc.com/mundo/noticias-48295559?ocid=socialflow_facebook&fbclid=IwAR1rKZ9eu7xk8o1K00f7fzr9vCg-duv6RHLfU-vLatUdyB94zMM_Qtzeg9c

Rodolfo Sosa

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