El Parlante

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La Estrella Roja, una herida abierta

Moscú, 25 de diciembre de 1991, 19.30 horas. La bandera soviética es reemplazada por la insignia rusa en el mástil de la Plaza Roja. Ese día dimite el último líder soviético, Mijaíl Gorbachov.

Luego de estampar los últimos trazos de su firma, como zar de ese imperio, concedió una conferencia de prensa donde anunció que no tendrá sustituto.

Gorbachov -en otra entrevista cedida al canal alemán: Deutsch- dijo que renunció por el bien de su país. “creo en la democracia y no en el derramamiento de sangre, por eso dejé el poder. Dimití voluntariamente. Algo inédito para un líder ruso”, sentenció el último jefe de Estado de ese régimen.

Gorvachov. Imagen: Revista Semana

Hoy, a poco de cumplirse 28 años del colapso de la Unión Soviética, existen vestigios de lo que el consumismo considera “el paraíso de la clase obrera”.

Pero algunas cosas cambiaron desde la época de Gorbachov. Actualmente el Partido Comunista esta oficialmente en la oposición, aunque sus líderes no le disputan el poder a Vladimir Putin.

El periódico La Nación de Argentina, en su sección El Mundo, publicó que el 75% de los rusos sienten nostalgia de la URSS, tal como se inmortalizó con siglas el régimen comunista totalitario.

Según los sondeos de opinión, más de la mitad de los rusos sienten añoranza de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), porcentaje que supera el 75 por ciento en los mayores de 60 años, menciona el artículo publicado el 26 de diciembre de 2006 por el citado medio de comunicación argentino.

La publicación, en mención, aborda desde el punto de vista de las reivindicaciones sociales como base de esa nostalgia que embarga a un sector muy importante de la población rusa.

Las barricadas cerca del Parlamento durante la intentona golpista de 1991.
Imagen: © SPUTNIK / ALEXANDR POLYAKOV

El poder de Gorbachov

Desde la investigación realizada por el periódico digital se aborda el poder de llegar a las masas que tenía el último referente de ese modelo de Estado, Gorbachov se caracterizaba por sus magníficos dotes como orador, era uno de los motivos por el cual era alabado. Aquella noche de la caída del sistema de gobierno, Mijaíl ofreció un emotivo discurso en el que hizo acto de arrepentimiento, pero defendió las reformas introducidas durante la perestroika.

En la misma encuesta hecha por el medio, los rusos destacan las reformas practicadas y, al parecer, quedaron tatuadas en la memoria de varias generaciones. “la independencia de los pueblos” y “la preservación del Estado”, dos conceptos por los que abogó Gorbachov. A estos conceptos también caben “integridad del país” era vital para el desenvolvimiento de una Nación. El líder soviético insistió, por aquel entonces, que la decisión de cesar la URSS debería haberse aprobado mediante la expresión de la “voluntad popular”.

Quizás, la conducta que tuvo Gorbachov, tras su salida, con base en lo pacifista, ordenada y –su conducta- cooperativista en la transición postsoviética son puntos que calaron en una sociedad que hoy día, en una coyuntura capitalista, aún muestra resabios de aquel modelo.

Tanques en las calles de Moscú durante intentona golpista de 1991
Imagen: © SPUTNIK / SERGEI SUBBOTIN

La nostalgia en números

Gallup, Inc. es una empresa de los Estados Unidos, con sede en Washington, D.C. Se dedica al análisis y asesoría. Opera desde 1935, y se hizo conocida por encuestas de opinión pública. 

El 22 de diciembre de 2013 el diario digital rt.com, en su sección actualidad, publicó bajo el artículo: “Corazones ‘rojos’: La mayoría de los ciudadanos ex soviéticos añora la URSS”. En el material se destaca una encuesta aún más reveladora sobre la añoranza por la URSS. Gallup Inc. planteó, con este trabajó, una pregunta: ¿consideran que la desintegración de la Unión Soviética –hace 22 años- ha dañado o beneficiado a la población de los nuevos países independientes surgidos de aquel colapso? El sondeo fue realizado en once repúblicas postsoviéticas y el número de encuestados fue de 1.000 participantes.

Los resultados marcan un sentimiento profundo. El 51% de los consultados asegura que la desintegración del bloque no fue para nada beneficiosa. Los números marcados se dieron en pobladores de Armenia, Rusia y Ucrania. Es más, estimaron que la disolución del bloque comunista desencadenó en violencia y conflictos étnicos. El otro lado de esta medición dice que un 24% valora la desintegración de la Unión Soviética

Pero los números significativos se dan en Rusia. Un 55% cree que el cambio que se dio tras el quiebre de la alianza dañó a su país. Las personas que mantienen esta opinión están en el rango de los 30 años. Y sólo el 19% piensa lo contrario, calificando el colapso como algo positivo y el mejoramiento de su calidad de vida.

Siguiendo lo revelador de la encuesta, podemos agregar que –según el estudio de la empresa estadounidense- un 33% de los jóvenes que fueron encuestados califican la desintegración del bloque como algo perjudicial. Sin embargo, cerca del 30% de las personas menores de 30 años vieron la ruptura del régimen con ventajas. Gallup Inc. Aclara que un 20% de las personas que fueron consultadas no realizaron ninguna estimación o simplemente se negaron a responder la pregunta.

Para aquellos que estuvieron de acuerdo con la idea de impacto negativo al disolver la Unión Soviética prima la idea equivocada que se hicieron en aquel momento de la finalidad de lo que pasaría a futuro.

La encuesta menciona que estas personas, que fueron mayoría, en esa opinión coincidieron en que no se produjo la libertad a la que accederían tras la caída del régimen. En el mismo margen de esta encuesta se revela ciertas secuelas de sistemas totalitarios, eso se puede observar en un 61% de los encuestados en la República de Tayikistán, ellos temen dar una opinión política.

Gorvachov y Yeltsin, protagonistas de la caída de la URSS.

La visión negativa que existe sobre el modelo actual también tiene números. Solo el 18% de los encuestados tienen confianza en el futuro. Una parte significativa de los ciudadanos de las ex repúblicas soviéticas, sin embargo, no ven ninguna mejora a corto plazo tras la desintegración de la URSS, haciendo referencia a las nuevas generaciones.

Como mencionábamos, la encuesta de este medio digital fue hecha hace 6 años. La misma sigue activa en el portal. Para examinar los resultados practicamos el voto y los guarismos actuales son aún más notorios sobre la melancolía por la estrella roja.

Aquí los datos a la fecha: 03 de noviembre de 2019.

No, la desintegración provocó conflictos étnicos, violencia y crisis sociales.

68.8% 

Sí, porque ahora la sociedad de las repúblicas postsoviéticas tiene más libertades y oportunidades

9.6% 

Resultó ser un proceso dispar, ya que algunas repúblicas salieron mejor paradas que otras

21.6% 

Gorvachov, sin ser comunista, promovía las ideas de ese partido. Lo cual –hasta el día de hoy- sigue dejando sentimientos profundos en una sociedad que no encuentra un repunte en su calidad de vida.

El círculo vicioso de la URSS

Para comprender mejor hay que ver, en simple, a lo que apunta el comunismo.

El Comunismo fue y sigue siendo un movimiento político que fomenta una formación y aceptación de la sociedad sin que existan clases sociales. Es decir, los medios de producción deben ser de propiedad común y no existe la propiedad privada, lo que significa que la clase trabajadora estaría en el poder.

Bajo este concepto, siempre la clase que sustenta el capitalismo es la obrera. Por ende, será la que sufrirá el mayor impacto de una nostalgia que tiene reminiscencias de una equidad, aunque no siempre.

Fiodor Lukianov (1967) es un periodista y politólogo ruso. Germanista de formación, trabajó durante largo tiempo en los servicios de información internacional de diarios rusos, antes de fundar el diario Rossia v Globalnoï Politiké (Russia in Global Affairs en su versión anglófona). En el portal digital sputniknews.com escribió una opinión, publicada el 8 de diciembre de 2011, llamada: “El círculo vicioso de la nostalgia por la URSS” donde analizó detenidamente como este fenómeno de “extrañar” un modelo socio-económico pasa por la falta de una alternativa que logre opacar esos sentimientos.

Es decir, los modelos actuales de gobierno no logran convencer por la deficiente propaganda de sus modelos de desarrollo.

Lukianov, opinó, que las actuales manifestaciones de democracia resultan repugnantes, por la rápida pérdida de credibilidad. Esto lleva a que la sociedad -harta de mentiras- optaría por un modelo real de socialismo.

Una muchedumbre se reunía frente al Parlamento Soviético en 1991.
Imagen: © RIA Novosti . Alexandr Polyakov

El capitalismo, como base, sustenta la privatización como modelo económico. Esto tuvo en la reforma de los años 90, por lo que resultaría imposible retornar al sistema político y económico que proponían los soviéticos; explica el periodista. 

Sin embargo el uso, y abuso, de la nostalgia soviética, como herramienta de contra ataque político fue un hecho sistemático que se afianzó bajo el mando de Vladimir Putin. Pero, con todo esto, no existe uno que logre opacar esa añoranza por lo perdido.

Se puede avivar durante mucho tiempo el interés hacia la Unión Soviética, pero en este caso el abismo entre la discusión pública y las tareas políticas reales irá creciendo. El pasado soviético, cuanto desde más lejos se enfoque, tanto más falsos recuerdos va a generar, provocando reacciones públicas cada vez menos productivas y adecuadas”, mencionó Fiodor Lukianov.

¿Añoranza de lo negativo?

El ensayista y pensador español, José Sánchez Sánchez analizó en un artículo para la revista um.com.es, que las reformas emprendidas por Gorbachov con la perestroika no dieron el resultado que pretendía, y tuvo en efecto adverso al debilitar el poder central de URSS. Su base económica cayó, la misma que permeaba en los extractos sociales menos favorecidos para decirlo en otros términos. Esto provocó que el reavivamiento del nacionalismo y los conflictos interétnicos. Es decir, sufrían lo mismo que acusan –en la actualidad- los nostálgicos del modelo soviético.

Oficial junto a la cabeza de Lenin. Imagen: © CORDON PRESS

Como modelo que repare esta crisis dejada hace dos decenios, los nuevos Estados independientes, liderados por Rusia, crearon el Consejo de Estados Independientes (CEI). La intención era poner en marcha una estructura que sirva para darles estabilidad, y resolver problemas económicos. El proceso de reintegración aun es lento, cuando se refiere a un espacio común en lo económico y político.

En el libro “¿Por qué Fracasan los países?”, de los escritores Daron Acemoglu y James A. Robinson, se concluye-en el capítulo cinco- que los casos de crecimiento económico bajo se dan en instituciones extractivas, como ocurrió durante el periodo stalinista en la Unión de Repúblicas Soviéticas. Es difícil que dé lugar a un crecimiento sostenido, ya que no hay espacio para la creatividad destructiva y el modelo se basa en la adquisición de tecnologías existentes y rápida inversión. Concluyen que el crecimiento en estas condiciones históricamente ha sido limitado y que no puede ser sostenido.

Entre los motivos del por qué cayó el régimen soviético podemos citar: la falta de libertades y la dictadura de Partidos Comunistas, la resistencia a los cambios de la burocracia en el poder, la pérdida de la batalla ideológica con el capitalismo, el peso de los gastos militares, el aislamiento económico, la baja productividad, la necesidad de cambios para compaginar, el mantenimiento de un papel internacional de gran potencia y la mejora del nivel de vida de la población.

Estatua desmantelada de Stalin en Budapest, cerca de 1990. Imagen: thechamelhouse.org

Si uno lee detenidamente estos puntos se dará cuenta que no existe mucha diferencia con el régimen de derecha capitalista, sin la necesidad de ser totalitarios; al menos no en su política pública de gestión. Si tomamos a nivel mundial todos los modelos con esta base encontraremos – en la mayoría- el mismo punto crítico de reclamo.

Tomemos dos países de nuestra región con modelos cuasi parecidos, sin dejar de lado el pasado en lazos estrechados con la URSS: Argentina, con un gobierno de derecha capitalista perdió, en sus últimas elecciones, contra uno que pregona un modelo más socialista, parecido al comunismo, el de Fernández. Los argentinos dijeron basta a un modelo derruido en lo económico y con sectarismo social. Esto le costó a Macri la continuidad en el poder.

En Chile el modelo de Sebastián Piñera sufre su peor crisis en mucho tiempo. Siendo que él mismo se constituyó en el primer presidente de derecha electo democráticamente desde 1958. Los chilenos dijeron basta porque éste no pudo darle un cambio rotundo al modelo impuesto por el totalitario, también de derecha, Augusto Pinochet.  La privatización de casi todas las empresas públicas y la exclusión de las clases bajas del acceso a servicios básicos provocaron una debacle política.

El porqué de la nostalgia

Entonces, ¿qué provoca la nostalgia sobre modelos que generan quiebres de gestión financiera y con ello una batahola de desigualdad social?

La respuesta parece ser clara: Estabilidad económica a futuro. Las generaciones que oscilan los 30 años y aquellos por debajo de este rango etario tienen algo en común, y esto es que no encuentran en los modelos actuales una seguridad en el sistema jubilatorio y la endeble economía, es fluctuante y los regímenes de derecha capitalista buscan una concentración del poder en solo un sector.

La romantización de la URSS

En un reportaje publicado el 19 de diciembre en el portal digital El País, por la corresponsal en Moscú, María Sahuquillo, revela una creciente nostalgia por la Unión Soviética. La periodista basa su reporte en una encuesta realizada por el Centro Levada, una organización rusa independiente no gubernamental de encuestas e investigación sociológica, donde menciona que un 66% de la ciudadanía rusa esta arrepentida por la disolución del sistema. En el citado artículo se menciona que la reforma del sistema de pensiones –con un aumento en la edad de jubilación- y un creciente temor de una inestabilidad económica se encuentran entre las principales causas de esa añoranza.

Este aumento se debe principalmente a lo primero expuesto. Ya que aquellas personas de 55 años son los que sumaron en los últimos años.

La reforma al sistema de pensiones elevó la edad para retirarse del sistema laboral, en hombres en 65 años y en las mujeres 60 años. Esta medida no solo provocó que el propio Vladimir Putin haya reconocido que la caída del URSS haya sido la peor catástrofe del siglo XX, sino la caída estrepitosa de su popularidad.

También se debe agregar un fenómeno no menor: la “romantización” de la Unión Soviética, así lo califica la socióloga Karina Pipiya, en el artículo publicado por la periodista en Moscú. Esta romantización se da en jóvenes entre 18 y 24 años, que desconocen por completo la historia de los rusos. Lo grave es que esta forma sesgada de ver la historia podría llevar a obviar momentos oscuros del régimen comunista, tales como la represión estalinista, la reescritura de la historia o que den por sentada las supuestas reformas democráticas.

El Centro Levada, de carácter extranjero, registró el índice máximo de “nostalgia soviética” en el año 2000, con un 75% de arrepentidos. Algo histórico.

Por último, ¿cuál es la respuesta que da el gobierno ruso a estos números?

Desde el Kremlin apuntan a restar importancia a las encuestas mencionando que son agentes extranjeros, y que si el fenómeno es estudiado por otros sociólogos estos dirán que es una faceta normal del ser humano, aquel que quiere idealizar los momentos de juventud vividos. “piensan que todo lo que les ocurrió en aquellos años, de jóvenes, fue mejor, más fiable y más grande», dijo el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov.

Fuentes:

https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/los-rusos-sienten-nostalgia-de-la-urss-nid870360
https://mundo.sputniknews.com/opinion/20111208151922192
https://actualidad.rt.com/sociedad/view/114970-urss-ciudadanos-anorar-tiempos-sovieticos

libro: http://mingaonline.uach.cl/pdf/racs/n26/art08.pdf

https://elpais.com/internacional/2018/12/19/actualidad/1545228653_659406.html
Dibujo de Óscar Lovera. Detalle.

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