La influencia social y política en la violencia psicológica

La influencia social y política en la violencia psicológica

Las grandes desigualdades existentes en diferentes ámbitos a lo largo de la construcción de un Estado social de derecho en el continente, han motivado grandes tensiones y estallidos sociales. La evolución democrática en América Latina se vio marcada por las relaciones asimétricas entre poblaciones con identidades particulares dentro de un mismo territorio, como los pueblos originarios, la poca visibilidad y la exclusión de las mujeres en la esfera pública y aún la casi nula participación en la esfera política, la distribución inequitativa de las riquezas, y la falta de previsión en las políticas públicas, entre otras, han incidido en la conducta violenta en la esfera familiar.

El devenir de la historia de la humanidad, nos da cuenta de grandes sucesos que se vieron marcados por las desigualdades y las luchas sociales. Si bien, la organización republicana del Estado demanda la vigencia del principio de igualdad ante la Ley y de la no distinción entre ciudadanos, la experiencia latinoamericana muestra que los Estados se han fundado durante gran parte de su historia sobre la discriminación, sea ésta de clase social, de género o étnica, generando desigualdades sociales que inhabilitan a sectores minoritarios del ejercicio del derecho republicano, de igualdad política.

En su ensayo “Ciudadanía y Clase Social”, T. H. Marshall sostiene, que no se puede disfrutar de una ciudadanía plena en los planos civil y político, en ausencia de determinadas condiciones previas, las cuales están ligadas, directa o indirectamente, a los recursos materiales que hacen posible una vida digna, pero, ¿tiene esto incidencia de alguna manera en las conductas sociales que detonan en violencia?, ¿influye el factor socioeconómico o es un problema cultural y psicológico?, ¿es la conducta humana una respuesta a una construcción social?.

Estas preguntas no escapan a un análisis mucho más minucioso, que sin embargo, en este artículo, pretendemos empezar el camino hacia la elaboración de ideas que nos permitan tener un espectro más amplio sobre el origen de las conductas que desembocan en violencia psíquica o psicológica.

Imagen: Sin memoria no hay historia ni identidad! ezln

Las bases de sustentación que hacen al régimen democrático, son, precisamente la esencia y naturaleza del mismo. Al sostener que los derechos humanos y la democracia van de la mano, y que no es concebible el respeto de los primeros en un estado autoritario, podemos afirmar que las llamadas “bases de sustentación” son justamente eso, “las bases”, en las que se erige el régimen democrático.

Entre ellas podemos encontrar una amplia gama de derechos, no necesariamente de índole económica, sino también, de básicos derechos civiles.

Para proponer un mayor grado de participación ciudadana, nos encontramos ante la muralla del analfabetismo y el poco acceso a medios de comunicación con que cuenta la población más desfavorecida, es decir, la falta de acceso por parte de la ciudadanía es un derecho propio del régimen democrático (base de sustentación del mismo) que en grupos desfavorecidos se encuentra ampliamente conculcado.

Este punto, conlleva consecuentemente a la apatía política, a pesar de ello, es el mismo ciudadano quien vulnera su propio derecho al no ejercer uno de los principales, cual es, EL DERECHO AL VOTO, el derecho a elegir, el derecho a esa libertad primigenia, que nos otorga el régimen democrático.

Uno de los principales problemas del presidencialismo puro es el apoyo popular muy reducido, obteniéndose la presidencia, en muchos casos, con menos del 30% de los votos, lo cual, a la postre, conlleva a la adopción de políticas públicas para la generalidad de la población, ya que hay sectores que no legitiman dichas acciones, lo que favorece a restringir la gobernabilidad.

Otro de los vicios con los que tropieza este sistema es la rigidez del mismo, lo cual hace que, en muchos casos, durante la gestión, el mandatario pierda el apoyo popular y en consecuencia la credibilidad.

También, uno de los problemas esenciales en el régimen presidencialista, es la personalización del poder que debilita las estructuras institucionales, ya que todas las expectativas están centradas en una sola persona, el Presidente, como consecuencia lógica, al centrarse todo el poder en una sola persona, por más que exista un control legal, el mismo, tiene el dominio absoluto sobre las instituciones públicas, situación que obviamente trae aparejada el incremento de la corrupción y los abusos autoritarios y en consecuencia, el descontento creciente de la sociedad.

Además, una de las posiciones negativas para defender este sistema, se encuentra en la confrontación entre los partidos políticos y la dificultad de formar coaliciones entre los mismos, debido a que los partidos de oposición se verán a menudo concentrados en aumentar el descrédito popular hacia el oficialismo.

Ortíz refiere en su obra que “la estructura económica paraguaya presenta rasgos dominantes en su relación con la población y que impacta en la configuración del Estado”. La desigualdad juega a contracorriente de una sociedad y un Estado democrático porque dificulta la participación de los ciudadanos en la redefinición efectiva de las reglas de juego. Además socava las instituciones democráticas haciendo pervivir prácticas atávicas propias de una sociedad autoritaria y de escaso protagonismo de los diferentes sectores.

Reinhard Bendix, en su obra “Trasformaciones experimentadas por las sociedades de Europa occidental a partir del siglo XVIII”, hace referencia al pensamiento planteado por Alexis de Tocqueville. Este académico y político de origen francés que estableció en una de sus obras más influyentes, “La democracia en América”, uno de los pilares fundamentales del pensamiento político de su época, argumenta como noción principal del régimen democrático, un estado social cuyo principio único, es la igualdad de condiciones.

La noción tocquevilliana acerca de las relaciones individualistas de autoridad, trazan una línea interesante en nuestra área de estudio, pues sostenía, que el término “autoridad” significa que los pocos que dirigen cuentan con una vasta gama de opciones; su opuesto, la “subordinación”, significa que los muchos que acatan órdenes tienen un ámbito de elección restringido. Pero, aun cuando el poder de que disponen los pocos, es avasallador, sus opciones están limitadas.

Uno de los límites consiste en que aun la subordinación más drástica deja abiertas ciertas posibilidades a quienes obedecen. Sin embargo, para que exista una clase autoritaria y una clase subordinada, deben darse dos situaciones simultáneas: que la autoridad desee mantener ese estatus de superioridad sobre el subordinado y que el subordinado, aun pudiendo dejar de serlo, decida voluntariamente obedecer.

Es precisamente ese punto de convergencia lo que, analógicamente se traslada a todos los aspectos en los que existe una autoridad y un subordinado, en términos de violencia estructural en el seno familiar, específicamente en lo que hace a la violencia psicológica, ese estado de sumisión y tolerancia viene supeditada a un factor que genera dependencia. Dicho en otras palabras, “hasta lo más malo necesita algo de bueno para no dejarlo cuando pudiéramos hacerlo”.

¿Por qué no dejo mi trabajo de asalariado, cuando el mercado laboral externo, me ofrece mayores rentabilidades?, ¿por qué prefiero ir por el camino conocido cuando sé que existe otro, con menores atajos, pero desconocido? ¿Por qué prefiero no dejar una relación de décadas, aunque sé que la misma, ya no funciona? Evidentemente cuando nos referíamos a ese algo “bueno” no estábamos hablando de las bondades en sentido lato, sino a las condiciones que me generan la convicción, de que lo que hago, es lo más seguro.

Las cifras de la violencia familiar en América Latina han crecido en los últimos años, y la violencia psicológica es una modalidad que crece alarmantemente. La pobreza, y la arraigada noción del “eterno sufrimiento del pobre” juegan un papel preponderante a la hora de contribuir con el estado de subordinación. En este punto, el papel del sistema educativo es crucial, tanto para la formación de idoneidad como para la construcción de ciudadanía, esa ciudadanía que nos permita empoderarnos de espacios de toma de decisiones.

Por Carlos Peralta

Bibliografía:

* Bendix, Reinhard “Trasformaciones experimentadas por las sociedades de Europa occidental a partir del siglo XVIII”.
* Nino, Carlos. La implementación de la democracia deliberativa.
* O´Donnell, Guillermo. Acerca del estado en América Latina: Diez Tesis para la discusión.
* Ortíz, Luís. “El Estado paraguayo y su transformación ante los desafíos del desarrollo con equidad”
* Tocqueville, Alexis de. «La democracia en América»

El Parlante

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *