La pobreza: El punto ciego de la sociedad

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Nos vendamos los ojos ante la realidad. La indiferencia y la falta de empatía imperan en la sociedad, solo nos quejamos de las problemáticas que provoca la escasez de recursos.

Vivimos acelerados, cada uno en su mundo, en sus cosas, únicamente interesa resolver los problemas particulares. Poco importa comprender el estilo de vida de los demás y, mucho menos de las personas que subsisten en la miseria, hasta que nos afecta directamente sus decisiones, indisciplina, la violencia, agresividad falta de valores y educación.

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En esos momentos pensamos en el tema y, generalmente, no entendemos el motivo que los impulsa a actuar agresivamente. Ante la mencionada situación la clásica pregunta suele ser, ¿no es más fácil solucionar el problema conversando con las personas? o ¿cuál es la necesidad de ser violentos?;  pero alguna vez se preguntó ¿será que alguna vez aprendieron respeto o tuvieron amor en su hogar?, probablemente la respuesta es negativa.

Esto nos demuestra que realmente no comprendemos el pensamiento de las personas que viven en la pobreza. Tal vez porque no pasamos por esa impotencia verdadera de la falta de recursos para sobrevivir, aunque, a veces, el consumismo hace creer que sí hemos pasado penurias económicas; es decir, que para muchos es miserable no tener el celular del año o ropa de marca, pero es la actitud materialista ante la vida la que ciega hacia esa realidad, en donde, millones de personas en el mundo recurren a los desechos hogareños para poder consumir por lo menos un alimento en el día.

Por otro lado, Mayra Arena[1], una joven que fue de escasos recursos monetarios, en una ponencia de TEDx explica que, “se generan burlas en torno a las personas que alguna vez no tuvieron dinero suficiente como para tener una vida cómoda y ahora aumentaron su calidad de vida monetaria enormemente, ya que, generalmente,   buscan alguna manera de llamar la atención, ya sea con su forma de vestir o cualquiera de sus pertenencias”.

“Usualmente,  los zapatos grandes de colores vistosos como flúor, el animal print, colores variados en un mismo vestuario, joyas o alguna cosa con la que pueda destacar, suelen ser un indicador”. Así también, la joven cuenta que “el no haber tenido nunca lujos y en la actualidad se abre la oportunidad de poseerlos hace que la persona quiera contar al mundo lo que ahora tiene la capacidad económica de adquirir lo que desee”.

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Así también, en el andar diario pasan situaciones que rara vez se comprenden. Como que uno le dé la oportunidad de trabajar a alguien de escasos recursos ya sea un jardinero, un albañil, un plomero o una persona que ayude con la limpieza y no se presente a trabajar, llegue tarde, o que vaya pero no haga nada. En ese momento podemos ver cómo lo que se aprende en el hogar influye mucho más de lo que normalmente se piensa en el actuar de las personas.

Aquellas cosas que vemos tan simples como levantarse regularmente temprano para hacer alguna actividad que implique periodicidad, ser puntual, responsable,  etc., actividades que, probablemente, más de una vez se recriminó a los padres por exigir su cumplimiento, sin embargo, tienen una finalidad.

La falta de cariño o afecto, también puede ser un tipo de pobreza la cual, a veces, provoca reacciones violentas y, en este caso, la capacidad económica no influye. Las respuestas agresivas podrían ser una forma de imponer “respeto” aunque para mí, recurren a la violencia por acumulación de sentimientos negativos, tal vez como un medio de escape o de descarga emocional que se presenta ante casi cualquier circunstancia.

En conclusión, creo que por sobre todo es importante recordar ser tolerantes, asertivos, empáticos, respetuosos, pacientes, comprender las diferencias y tratar de afrontar la vida con templanza, fortaleza y atención para hacer nuestros entornos menos conflictivos y más productivos.

Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=4JDu69Jy41Y

[1] Arena, Mayra. ¿Qué tienen los pobres en la cabeza? TEDxBahiaBlanca. 2018

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