La Toxicidad de los fandoms

La Toxicidad de los fandoms

Indudablemente una de las cosas más importantes en el día a día de las personas es la música, esa que te acompaña de camino al trabajo, la escuela o la universidad; esa que forma parte de tus salidas nocturnas, de los viajes con amigos, la que está para vos cuando estás feliz, triste o cuando necesitas motivación, la que te recuerda a esa persona especial y los momentos que compartieron.

La música está presente en todo momento y es lo que le da ritmo a nuestras vidas, pero disfrutar de ella actualmente es algo que resulta muy complicado. El conflicto constante entre los fandoms de determinados artistas o géneros musicales por motivos absurdos resulta un verdadero obstáculo para disfrutar lo que nos brindan nuestros referentes musicales.

Fandom es un término que procede de la contracción de la expresión inglesa Fan Kingdom (Reino Fan), que se refiere al conjunto de aficionados a algún pasatiempo, persona o fenómeno en particular.

En el ámbito de la música, los fandoms se convirtieron en grupos llenos de personas tóxicas, listas para desprestigiar y atacar no solo a otros artistas, sino a otros fans convirtiendo a las redes sociales en un campo de batalla en el cual, por medio de los peores insultos posibles, intentan demostrar -en su lógica absurda- qué artista es superior en base a cuál cuenta con el grupo de fanáticos más agresivo e insoportable.

Esto en ocasiones escala a niveles que se podrían considerar como acoso cibernético. Ojo, formar parte de un fandom no está mal en lo absoluto. Podés ser Swiftie, Army, Katy Cat, Little Monster, Blink, Metalhead, Directioner o Arinator, está bien; de hecho es necesario que estos grupos existan para ayudar a la difusión de la música de sus artistas favoritos por canales alternativos a las radios o la televisión.

Asimismo, son determinantes en muchas de las premiaciones más populares del mundo y también ayudan a los fanáticos casuales a entender mejor la profundidad de las letras, de la producción o de los discursos públicos de estas figuras, asistiendo a la hora de comprender la relevancia que puede tener un músico popular en cuestiones de activismo social, como modelos positivos a seguir y que va más allá de simplemente conseguir un puesto #1 en los charts de Billboard.

Aparte de la posibilidad de conocer personas con tus mismos gustos cerca de ti y alrededor del mundo. De esta forma, el conflicto como tal entre grupos de fanáticos tampoco está mal, pues hay casos en los que resulta hasta folclórico y parte de la cultura del fan como ocurre en el ámbito del fútbol con las clásicas cargadas entre hinchas de Cerro Y Olimpia, Boca y River, etc.

Cuando las discusiones no pasan de quién obtuvo más ventas de álbumes, quien produjo el videoclip más llamativo y de mejor calidad o quién ganó más premios es algo bastante entretenido y no daña a nadie.

Incluso es entendible que se genere discusión y roce entre fans a través de las redes sociales en situaciones en las que es/era realmente necesario elegir un bando y defender a tu artista, como las rivalidades de Taylor Swift vs Katy Perry con el famoso caso de los bailarines; Britney Spears vs Christina Aguilera o en su momento —antes de las redes sociales— Blur vs Oasis que trascendía el ámbito musical y comercial, llegando a una cuestión personal y hasta cultural donde vendían a Oasis como los representantes del norte de Inglaterra, asociado con la clase media trabajadora y a Blur como representantes del sur, más asociados con la clase alta más intelectual.

Así mismo, temas mucho más sensibles como las situaciones de violencia por parte del rapero Chris Brown hacia la estrella global Rihanna, artistas como Justin Bieber que apoyaron públicamente a Brown y definiéndolo como uno de los artistas más grandes de la historia por encima de sus conductas violentas contra las mujeres, conductas que se repitieron en más de una ocasión y con diferentes mujeres. Estas son problemáticas que te obligan a elegir un bando.

El verdadero problema está cuando los fandoms buscan crear pugnas inexistentes, como cuando en el año 2013, Lady Gaga y Katy Perry lanzaron los sencillos principales de lo que serían sus respectivos discos el mismo día y, si bien había una competencia a nivel comercial, no existían problemas personales entre estas artistas, aún así los fanáticos juraban e instalaban la idea de que se Gaga y Perry se odiaban y esto generaba una verdadera guerra entre los Little Monster y los Katy Cats.

Caso parecido es el de los grupos de pop coreano, Blackpink y BTS en el que Blinks por un lado y Armys por el otro, se ven enfrascados en una batalla constante de desprestigios y ataques que incluso llegan a insultos racistas por cosas tan absurdas como Blackpink arrebatándole un récord a BTS o viceversa.

Si bien más arriba había mencionado que discutir y cargarse por récords y primeros lugares no está mal, estos son casos en los que se pasan de la raya y llevan las cosas a un nivel muy personal que ya no resulta agradable ni entretenido. Pues en primera instancia atacan a los artistas con insultos que van desde lo racista, pasando por la imagen corporal y la “belleza”, hasta la orientación sexual y esto posteriormente se redirige a los demás fans.

Y todo lo mencionado hasta el momento ocurre entre fandoms de artistas que se mueven en el mismo ámbito y estilo musical, cuando se trata de géneros diferentes es todavía peor.

Como los metaleros que son enemigos naturales de los reggaetoneros, como los metaleros y los cumbieros, o metaleros y kpopers, o metaleros y otros metaleros. Malditos metaleros, arruinaron el meta; como diría el meme de Willy en Los Simpson.

Pero más allá de la broma, esto es real y también se da a la inversa, sean del género musical que sean, constantemente los acérrimos fanáticos y guerreros de Twitter hallan un placer extasiante en insultar y hacer de menos a otros géneros que no son de su agrado o —como en gran mayoría de los casos— géneros y artistas que no a los que ni siquiera han escuchado realmente a profundidad pero que demeritan por querer estar a la moda de lo contracorriente e insultar todo lo que sea popular, para alimentar su frágil ego y su complejo de superioridad.

De igual manera, hay que reconocer que existen géneros musicales que son más básicos y menos profundos, pero esto no les resta mérito alguno porque lo que debemos entender es que —y eso viene con la madurez porque todos tenemos nuestra etapa en la que hacemos de menos todo lo que no nos gusta sin darnos el tiempo de entenderlas— este tipo de música carente de letras profundas no está hecha para que pienses, está hecha con el único objetivo de entretener y eso es perfectamente válido y no está para nada mal, pues entretenimiento es extremadamente necesario.

Hay música para todo, para pasar el rato, para entrenar, música para salir a bailar despreocupadamente, para relajarse, reír, llorar y cantar a todo pulmón como si fuese lo único que importa.

La música es uno de los pilares fundamentales en nuestro día a día y los fandoms agresivos y tóxicos, de un artista o estilo, deben darse cuenta que cuando llegan a los extremos, se convierten en obstáculos para que gente nueva comience a escuchar a sus artistas o bandas favoritas, lo cual no le conviene ni a los artistas ni a ellos como seguidores.

Debemos madurar como consumidores, como fanáticos, como personas y recordar que la música es un lenguaje universal y que ella debe servir para acercar a las personas, para romper barreras, enlazar culturas, sirve para divertirnos, para despertar y exteriorizar nuestros sentimientos, para ayudar a darnos cuenta de quiénes somos en realidad.

La música debe unir, no dividir.

Fernando Falcón

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