Las Locuras del Mariscal, un ensayo de hipocresía progre

Las Locuras del Mariscal, un ensayo de hipocresía progre

«Haz lo que yo digo, no lo que yo hago», es la premisa eterna del progresismo paraguayo. Tirar la piedra y esconder la mano, insultar detrás de bambalinas y luego esconderse tras la reacción.

Nada extraña que la «claque» periodístico-académico-literaria del Paraguay actúe de esa manera. En este caso, haciendo propaganda desmedida a algo más que natural en cualquier parte del mundo: abuchear y repudiar una obra de teatro.

«La democracia es libre» siempre dicen ellos. Pero sólo cuando ELLOS la ejercen. Los demás sólo tienen derecho a decir «sí» a todo lo que la prensa y el establishment progre paraguayo imponen. ¡Con cuidadito de protestar contra una obra de teatro que es empujada por nuestros intereses sectarios!

¿Cuántos grandes actores y actrices del Paraguay, guionistas y escritores debieron soportar los escraches y atropellos del progresismo paraguayo? Cientos. Boicotear, para ellos, está siempre a la orden del día. En Filosofía UNA es práctica común y corriente poner parlantes al máximo volumen frente a presentaciones teatrales que «no condicen con el espíritu del zurderío paraguayo”.

Los escraches digitales del progresismo están a la orden del día, siempre vemos a personas honorables siendo vilipendiadas en grupo y rollete por la rancia «progredumbre» paraguasha kurepizada, por el simple hecho de ser colorados, de ser de derecha clásica, de no alinearse con el feminismo y la llamada «ideología de género», etcétera.

Póster de la polémica obra.

Vemos a una bloggera rioplatense insultar a un país entero tildándolo de homófobo femicida heteropatriarcal y cuanto neologismo mongoloide zurdo pueda uno imaginar. Pero allí «no hubo indignación». Allí todos dijeron «Amén Jesús, María y José», y a callarse la boca. ¡Qué nadie ose un solo milímetro a oponerse a la narrativa falsaria del establishment cultural paraguasho, aunque sea mentira!

Por esos recovecos llegamos a la obra «Las Locuras del Mariscal» de un tal Garabato, que es todo lo que se puede decir de él. Una sátira sobre un hombre loco que se convierte en el Mariscal López. No diré más para no hacer «spoilers».

Pero evidentemente, no hay inocencia ni ligereza en la intención. Los artistas de nuestra época, para ganar notoriedad, prefieren la polémica facilona antes que buscar crear algo con profunda calidad y significado. Un niño es arrojado a la muerte segura, un hombre insano se regodea a sus anchas sintiéndose feliz en el nuevo disfraz que le toca usar, sintiéndose «en su salsa”. Evidentemente, hay gente que interpretará la obra como mejor le parezca.

¿Y acaso no pueden detestarla?

¿Acaso no pueden, especialmente si pagaron sus entradas, decir que es una bazofia, condenarla, boicotearla al mejor estilo zurdo si se les place a quiénes gastaron sus guaraníes para verla? Hay gente que es peor que Iosif Stalin en el «Paraguay Cooltural», y si uno no les aplaude hasta que se quedan las manos sin fuerza, lo mandan al gulag del sovietismo chetiprogre paraguayo, los tildan de cavernícolas retrógrados por el simple hecho de decir:

«TÚ OBRA ES UNA MIERDA, Y PEOR AÚN QUE HAGAN UNA SÁTIRA ASÍ CON LA FIGURA DEL MARISCAL LÓPEZ».

Pero como dijimos antes: ellos y solamente ellos tienen derecho a repudiar, abuchear, escrachar y boicotear. ¡Qué no se le ocurra hacerlo a alguien que no forma parte de la «claque»!

No hay sorpresas en este país. Todo muy predecible…

Personalmente, mi única crítica es a la Alianza Francesa y a la Embajadora de Francia en particular, porque ellos deberían evitar que este tipo de polémicas absurdas tengan lugar en una sede cuasi-diplomática, como lo es la que administran.

Si sabían que algo así podía ocurrir, se hubieran ahorrado los problemas y no aceptado la realización del «Garabato». Pero lo hicieron, y volvieron a ver arder Notre Dame, en pequeña escala. ¡Estos franchutes desde 1789 que no aprenden nada!

Nada en contra por lo demás, que Garabato haga su sátira. Tiene derecho a ser imbécil y cretino, como cualquier otro ser humano. Pero yo preferiría que se diera apoyo a verdaderas obras maestras sobre la Historia Paraguaya, como «López Hipertextual» que pasó absolutamente desapercibida, olvidada por toda la opinión pública paraguaya y los cultores del teatro. Lastimosamente, la «claque» sólo apoya a los suyos, sólo se indigna por los suyos y sólo chilla cuando le tocan lo suyo.

Finalmente, yo no hubiera escrachado la obra «Las Locuras del Mariscal». Se les da propaganda innecesaria. Pero… Si hubo gente que quiso repudiarla de todo corazón, abuchearla e incluso tirar tomates y huevos a los actores, entre ellos un niño (¿qué hace un niño semi desnudo sobre las tablas en una obra para adultos?), ¿ESTÁN EN SU DERECHO, VERDAD? Ni que fuera una Santa Misa… Un teatro que se cae a pedazos nomás es, con un «Garabato» de obra perfectamente olvidable…

Basura en pocas palabras. Un poco más de basura en medio de toda la basura altamente publicitada, defendida y aplaudida por los dueños de la indignación en Paraguay. «P… Pe… Pero… Censura…», nadie censuró nada. Al menos, no las fuerzas del orden. Gente común y corriente se fue a abuchearles. ¿Algún problema? ¿Pe rasê ta en colores pio?

Los teatreros acostumbran a decir, tomando del francés, una expresión: «mucha mierda para ustedes«, que en realidad se toma como una bendición. Supuestamente, en otros tiempos iba la gente amante de los espectáculos a dichos eventos en sus caballos, y cuando había muchos matungos, el lugar se llenaba de mierda. Eso indicaba que la obra fue todo un éxito,

Pero en este caso, yo estoy deleitado por lo contrario. «Vous avez reçu trop de merde» por una obra que tiene… Lo que merece. Mierda. Ni más ni menos.

Póster de la polémica obra. Detalle.

Finalmente, aclarando que no soy amante de la democracia moderna, sí pido que los jugadores jueguen en las mismas reglas: todos tienen derecho a escrachar lo que se les pega la regalada gana, y si a un grupo de paraguayos les calienta ir a abuchear a otro grupo de cretinos por insultar, en verdad o en fantasía, a uno de los Héroes Nacionales:

¡Qué lo hagan, y mucha merde para todos!

Que así sea…

Emilio Urdapilleta

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