El Parlante

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Editorial Opinión

Limpiavidrios y Cuidacoches: el Dengue de los automovilistas

Dadas las circunstancias en las que estamos en la ciudad de Asunción, y los movimientos con los cuales Óscar “Nenecho” Rodríguez, actual intendente en ejercicio de la ciudad capital, intenta “mostrar” que es un buen candidato para ser el próximo jefe del municipio podemos entender que esta medida que atenta en contra de la vida e intereses de los moscardones callejeros, no pasa de ser una acción social con tinte político.

Imagen ilustrativa. Los cuidacoches, otro flagelo de nunca acabar. Imagen crédito: diariocuartopoder.com

Desde la perspectiva del automovilista, estos moscardones, con aguijones poderosos coaccionan la libertad ambulatoria de trabajadores, peatones, automovilistas y demás yerbas que quieran pasearse por las calles de Asunción.

Son seres intrépidos y caraduras, que pretenden con la excusa de la pobreza y el aichinjaranguismo del que no puede salir adelante por el esfuerzo del trabajo transforman las avenidas y esquinas de la ciudad en lugares en situación de vulnerabilidad, asentándose como los campesinos sin tierra, en las calzadas y veredas, con sus armas de destrucción masiva, su agua con detergente, los repasadores y el escurridor de ventanas, súmenle a eso el crack, la cola de zapatero, la birra barata y tenemos el perfecto inicio de cualquier eventual peligro para los transeúntes y los propios automovilistas, quienes con miedo deben regalar monedas o hasta billetes, dependiendo del estado de ánimo de estos mequetrefes de la vía pública. Son como virus que se reproduce a pasos agigantados, son el dengue de esta sociedad chopeta y aldeana.

¿Qué diferencia existe entre estos moscardones y los vendedores ambulantes?

Mucha. Para empezar, los vendedores ambulantes al menos, tienen una estrategia, vender lo máximo que puedan sus suvenires, frutas, verduras o lo que sea del agrado del cliente potencial, lo poco que se gana utilizarlo para dos cosas, sobrevivir el día a día y el resto, que es muy poco, ahorrar para darse algunos lujos. Sienten que su trabajo puede mejorar si dan el mayor esfuerzo y se asocian con otros vendedores para formar una pequeña empresa.

Los limpiavidrios y cuidacoches no tienen estrategia. No piensan en el futuro. Solo piensan en ganar lo suficiente a costa de los automovilistas y cuando éstos “desaparecen” los transeúntes forman parte de su coacción para exigir de aquellos, el famoso “peaje”.

Imagen ilustrativa. Los limpiavidrios, un flagelo de nunca acabar. Imagen Crédito: npy.com.py

Todo lo ganado sirve para drogarse o alcoholizarse, principio básico para la procreación posterior, sin protección, legando a nuestro mundo más vástagos que serán utilizados cuando obtengan la mayoría de edad que para éstos moscardones significa los tres o cuatro años, para subirse por ellos a los buses chatarra a pedir limosnas.

Y de nuevo, que comience la evolución hacia la autodestrucción: estos niños enfrentan situaciones enfermizas y violentas, al abrigo de la noche e incluso del día, a los ojos de todos los demás ciudadanos indiferentes de Asunción, se drogan con cola de zapatero o crack; luego sus conductas violentas los convierten en las famosas pirañitas que pululan a cualquier hora, enfrentándose a los extranjeros a los ingenuos paraguayos que consideran que estos peces del asfalto son seres inofensivos.

La problemática que tiene enfrentados a los ciudadanos paraguayos, específicamente de la comuna asuncena en contra de estos malévolos habitantes de las calles y rincones de la capital, ya tiene larga data. Las autoridades municipales nunca quisieron solucionar este flagelo. Al anterior intendente, «aparentemente» le convenía tenerlos a sus anchas, molestando a todo aquel que desprevenido, cayera en sus garras, hasta el día de hoy.

El intendente de la ciudad de Asunción, «Nenecho» Rodríguez, en pie de guerra contra los limpìavidrios y cuidacoches. Imagen crédito: Ultima Hora

Qué se puede esperar de personas que sin educación alguna, viviendo en situación de vulnerabilidad recalcitrante y extrema pobreza coaccionan a sus semejantes para que se les otorgue la limosna, al libre “pecheo” sin mirar a quién, se ubican en lugares, apeligrando no solo sus vidas sino las de los automovilistas y motociclistas que tienen que esquivarlos aparte de los ya tan mentados baches, que nunca son convenientemente arreglados.

Los cuidacoches y limpiavidrios, a falta de una palabra clave que los describa en su conducta y comportamiento, son delincuentes que se aprovechan de su pobreza para cantar las miserias a los demás habitantes de las diversas ciudades del Departamento Central donde se encuentren, además de vivir a costa de la miserabilidad de la pobreza, también se ocultan tras el velo falso del aichinjaranga desprotegido y discriminado de la sociedad, todo ello, señores y señoras automovilistas, para obtener rédito económico y político, sin hacer absolutamente nada por sus vidas ni por la de su prole.

Enhorabuena por estas acciones sociales directas de la Municipalidad, pero ahora que lo pienso, solo es un ligero esbozo, un respiro breve y premeditado de la siempre maldita politiquería, son apenas, berrinches de nuestros caudillos políticos que sacarán su tajada de todo este vyryry´i, generado a partir de los ciudadanos vyros que “luchan” y se erigen en abogados de reos pobres, gritando histéricamente por los diversos medios comunicación por los derechos de estos delincuentes, que deben ser respetados por encima, de una mayoría que abúlica y atada de manos, debe silenciarse para no ser denunciado e ir a parar a la cárcel por reclamar en ocasiones, justicia.

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