López: ¿Megalómano o Héroe?

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Muerte, miseria, hambruna, dolor, exterminio, un país desangrándose; tres contra uno. Alianza funesta. ¿Dictador con delirios de grandeza que dejó morir a su pueblo o el máximo héroe nacional que dio su vida por la heredad patria y la conservación de nuestra República?

Retrato del Mariscal López, Grabado francés del año 1865. Portal Guaraní.

Dos opciones y un camino, derrota y humillación o genocidio y desaparición. Sometidos en nuestras fronteras, metidos en un trance sempiterno de idas y vueltas involucionando, nunca saliendo de esta desoxigenación constante en la que estamos condenados a vagar como ciudadanos en un país deteriorado por los diferentes gobiernos.

Soldado paraguayo ante el cadáver de su hijo, óleo de José Ignacio Garmendia (1841-1925).

En principio, por involucrarnos en asuntos ajenos al país, rompiendo con la neutralidad de Don Carlos, (recordemos que sus consejos siempre fueron llevados de la mano de soluciones diplomáticas antes que con la fuerza de las armas) tal vez, pero teniendo en cuenta el firme propósito de cumplir con el protocolo suscrito en el exterior con Uruguay en la que el Presidente del Paraguay sería árbitro en igualdad de condiciones con el Imperio del Brasil*, en el caso de afrenta a su soberanía para conseguir la paz por vías diplomáticas, a la que Argentina se opuso tajantemente; ya que Argentina siempre imponía trabas a nuestro país y nos consideraba un peligro para sus intereses comerciales.

Ante esto, Francisco Solano, no podía dejar pasar la ocasión para demostrar su condición natural en él, la de hombre de palabra, hermanado por los lazos de amistad entre naciones con un mismo idioma, pero que se habían ido separando con el paso de las centurias por cuestiones políticas y económicas en un océano de culturas dispares pero similares a pesar de todo, para  hacer más sencillo y fructuoso el comercio mediante los puertos orientales. Decide incursionar en territorio argentino, su estrategia no estaba del todo mal pero llegó muy tarde, el Paraguay, como estado poderoso y árbitro de las naciones en América del Sur se desmoronaba hace un tiempo ya, debido a las alianzas y los cambios de gobiernos en la región, aquí falló la visión de Francisco Solano, pero desde su gobierno se decidió dejar de lado la política aislacionista [1] de los dos gobiernos primigenios de la independencia, el de Francia y el de su padre Don Carlos, y se propuso conformar un gran ejército, una nación industrializada, autosustentable y con salida al mar, evidentes pretensiones de un país que quería el progreso y el desarrollo y al que no dejaron, ni siquiera ahora, dejan lograrlo.

Sin embargo, la jugada sale mal y los gigantes vecinos arreglan el gobierno uruguayo a su antojo, estrangulando el sistema económico paraguayo, negándonos la salida al mar. Venancio Flores echa del poder a Berro y consolida los intereses aliados para unirse en un frente común contra el Paraguay. La tragedia envuelve el horizonte nacional.

Familias paraguayas desamparadas durante la Guerra, 1867. Archivo Nacional del Brasil.

No obstante, imaginando las posibilidades en caso de que el Mariscal López hubiera elegido “la paz”, ¿quién garantiza que hoy no fuéramos Provincia Do Paraguái?, o ¿quizá un apéndice Kurepa, cumpliendo así el eterno sueño de nuestros vecinos que durante la historia más de una vez quisieron tomar posesión de nuestro territorio?

Pero, ¿acaso estamos lejos de esa realidad?, tal vez no, ya que los brasiguayos tienen gran parte de nuestro territorio en su poder, en ciudades “paraguayas” se habla portugués y hasta se usa el Real como moneda de cambio.

Palacio de Los López después del bombardeo durante la guerra. Archivo Nacional del Brasil.

Esta realidad no debe enceguecernos, sin embargo. Que los colonos brasileños y de otras nacionalidades, incluso europeos, vengan a tratar de salir adelante en este cementerio de las ideas donde la tragedia se apoderó del país, no está mal, (después de todo somos fruto de una colonización tras el descubrimiento de nuestro continente).

Los líderes campesinos que se adscriben a movimientos revolucionarios o de izquierdas y hasta terroristas como el EPP, nos muestran esta realidad como si fuera una de las peores desgracias y tragedias modernas. Este boom de los colonos se debe a la potabilidad de invertir en Paraguay debido a sus bajos impuestos que hacen viable la estancia en nuestro suelo patrio. Pero, ¿la lucha de nuestros antepasados no ha sido en vano entonces, luego de 150 años el dinero en tiempos de paz ha podido conquistar el territorio paraguayo sin derramar una gota de sangre? ¿El Mariscal López pensaría que en este futuro pasarían estas cosas teniendo en cuenta sus ideales por los cuales ofreció su vida misma? Es importante no perder el norte ni tampoco obviar una realidad que crece día a día.

Hablemos seriamente, nuestro país tenía la posibilidad (si estaba en manos adelantadas a su tiempo y con verdadero patriotismo) de convertirse en la Suiza americana pero los gobernantes que vinieron después no hicieron nada para lograrlo y los actuales, menos que menos, lo quieren.

Prisioneros paraguayos. Wikipedia

A pesar de todo lo que supuso la confrontación inevitable, la realidad fue otra, el Mariscal eligió la guerra, evitable a través de la diplomacia para cumplir con su palabra en el tratado que se había firmado en conjunto con Argentina, Uruguay, saliendo en defensa de este último país, pero oh, sorpresa, los argentinos ya habían consignado otro Tratado. Esta vez, de carácter secreto, con las facciones políticas opositoras al gobierno legalmente constituido en la Banda Oriental y el Imperio del Brasil, algo penoso desde cualquier punto de vista, lo que nos hace pensar en diferentes terrenos donde los intereses en juego, son más importantes que la palabra de los mandatarios.

El segundo presidente constitucional del Paraguay debía enfrentarse entonces a una difícil decisión, joven como era, el honor de la patria, buscando un futuro comercial independiente a los vecinos, o por tratar de marcar historia al estilo de Napoleón, según comentan algunos detractores, el hecho en sí, es que debía elegir un camino: La guerra u otorgar nuestro territorio pacíficamente a las demandas de Buenos Aires y el Imperio de Brasil, algo que carece de sentido común, pero por lo que se pudo evitar la muerte de tantos compatriotas y aliados.

Pasan los años, seguimos en pérdidas, pero no parecen existir posibilidades de que Paraguay dé el brazo a torcer.

Conflictos territoriales hacia 1864 en la región del río de la Plata.

1869. ¿Luchar hasta el final muriendo por la patria o rendirse para salvar y entregar lo poco que queda? Seguía al mando de sus tropas valerosas el Mariscal; en la capital, el enemigo, puso a un grupo de expatriados para gobernar el país de posguerra, títeres a todas luces, tropas de ancianos y niños se alzaban con emblemas nacionales y amurallaban con sus pechos, la tierra que los vio nacer.

Conducción de prisioneros aliados, acuarela de J.I Garmendia

Para un gran grupo de compatriotas era el líder mayor, el que iba a salvar la patria de la deshonra y el aislamiento. Para otros, una minoría acomodada gracias a la derrota paraguaya, era un asesino sanguinario que no respetó ni su propia tropa, un dictador descontrolado que perdía el rumbo sobre todo lo poco que aún le sobraba perder.

Paraguay, singular corazón de América del Sur, a pesar de todas las adversidades de nuestra historia y realidad, les guste o no, seguimos viviendo, tenemos una cédula que dice “República del Paraguay”, una Constitución nos ampara: somos una nación “libre, independiente, representativa, participativa y pluralista”.

Inexplicablemente, cual Fénix, a pesar de todos los desfalcos a las arcas nacionales, la inseguridad, la baja calidad educativa, salud deplorable, el despilfarro provocado por políticos sinvergüenzas, seguimos andando y dando pelea.

Combate de Paso de la Patria en corrientes. 2 de mayo de 1866, Acuarela de José Ignacio Garmendia.

Como en aquel 1870, devastados en apariencia, pero con valiosos tesoros guardados que levantaron lo que quedó del país y que con sus descendientes, defendieron el agreste infierno verde chaqueño ante la afrenta boliviana, última muestra del patriotismo y la dureza y la estirpe del soldado paraguayo. La tragedia apenas comenzaba con la muerte del Héroe Máximo, pues los aliados se ensañaron con los sobrevivientes paraguayos, violando, matando niños, quemando hospitales con heridos y enfermos y saqueando todo a su paso, como si no existiera el mañana.

Ante todo queda una pregunta que te hago querido lector, en las mismas circunstancias ¿Qué harías tú, rendirte o dar pelea? Creo que la respuesta es obvia, pero esa, es otra historia.

Que se determina, a la par de S.M. el emperador del Brasil, a S.E. el presidente de la República del Paraguay, también como árbitro aceptado”. Se puede leer este desenlace y el «Marco Diplomático» en Oribe Stemmer, Juan (2008). El umbral de la Triple Alianza. Banda Oriental: Montevideo, Uruguay y en Lincoln R. Maiztegui Casas (2004). Orientales una historia Política del Uruguay 1. De los orígenes a 1865. Buenos Aires: Grupo Planeta.

[1]El 30 de agosto de 1864, el Paraguay adoptó una trascendental actitud que iba a tener vastas y dramáticas repercusiones en la historia nacional y americana. En esta fecha el ministro de Relaciones Exteriores don José Berges envió una nota al ministro plenipotenciario del Imperio del Brasil don César Vianna de Lima, en la cual se manifestó categóricamente que el Paraguay no consentiría que en ejecución del ultimátum del 4 de agosto las fuerzas brasileñas, navales o terrestres, ocupasen parte del territorio de la República Oriental del Uruguay, ni temporaria ni permanentemente. Se declaró también en esa nota, conocida en la historia con el nombre de Protesta del 30 de agosto pero que en realidad fue un contra ultimátum, que cualquier ocupación del territorio oriental sería considerada por el Paraguay «como atentatorio al equilibrio de los Estados del Plata, que interesa a la República del Paraguay como garantía de su seguridad, paz y prosperidad«. La nota de Berges terminaba diciendo que el gobierno paraguayo «protesta de la manera más solemne contra tal acto (la ocupación del territorio uruguayo), descargándose desde luego de toda la responsabilidad de las ulterioridades de la presente declaración«. Esta determinación estuvo en consonancia con los principios de la política del Paraguay, tal como ellos habían sido enunciados por el Presidente de la República, general Francisco Solano López, desde que comenzó a hacer crisis la situación del Río de la Plata, con la revolución encabezada por el general Venancio Flores y por el apoyo que prestaba a este movimiento el gobierno argentino presidido por el general Bartolomé Mitre. Cardozo, Efraím (2010). Hace Cien Años – Crónicas de la Guerra de 1864-1870. El Lector. Asunción. p 11.

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