Los influencers en el periodismo actual

Los influencers en el periodismo actual

No son pocas las personas que manifiestan abiertamente su disconformidad con respecto a la calidad de la prensa nacional, y quizá no es para menos teniendo en cuenta que los parámetros que se manejan actualmente para calificar a un medio como eficiente se basan en lo “viralizable” de los hechos publicados, por encima de su calidad e importancia noticiosa.

Tras haber leído el artículo denominado “El periodismo en los tiempos de los virales, los influencers y los reporteros sin calle”, de Esther Vargas, creadora de la fanpage “Clases de Periodismo”, necesariamente ponemos en tela de juicio a la actualidad de esta noble profesión que en sus mejores momentos ha sido protagonista y testigo de grandes sucesos a lo largo de la historia contemporánea.

Entre otras cuestiones, Vargas señala que los influencers trasvestidos de periodistas “trasgreden formas, buenas prácticas y hacen de la noticia un espectáculo chirriante que se acerca más al talk show que al periodismo responsable” (1). No podría estar más de acuerdo.

Es así que, adicionando el imperativo de la inmediatez, se genera el efecto de los periodistas que disparan primero y preguntan después. Comunicadores que invierten la clásica concepción cartesiana a una nueva máxima que sería como “posteo, luego pienso”, que crea un periodismo farandulero que promociona shows absurdos a partir de hechos importantes.

Estos influencers crean una visión distorsionada de la profesión que hace que se la perciba como una carrera en la que uno puede, simplemente de la mano de las redes sociales, constituirse en un gran referente de la prensa, en un gran transgresor, audaz, conocedor de los matices sociales y gran teórico político en ciertos casos.

Para Vargas la problemática se extiende a los estudiantes que buscan ingresar al mundo de la prensa y denuncia que “el periodismo de chillones en Twitter nos está llevando a formar periodistas que primero opinan y luego piensan. Tenemos periodistas peleando por ser influencers y no buenos reporteros” (2).

“Este periodismo de egos inflamados llega a las aulas universitarias como modelo del éxito. Cuidado.” (3), advierte Vargas.

En ese sentido, ya no es ninguna sorpresa que los medios de comunicación pidan dentro del currículum vitae las cuentas de redes sociales de quienes buscan trabajar, para evaluar la cantidad de seguidores y el “feedback” que recibe cada posteo del interesado o interesada en cuestión.

Aunque parezca reiterativo, siempre cabe mencionar en estas situaciones al filósofo surcoreano Byung Chul Han y sus críticas puesto que grafican con excelencia el desenvolvimiento de la sociedad en el mundo digital y el ruido que generan estos influencers.

Es justamente ese ruido o shitstorm la principal virtud que algunos medios buscan en sus periodistas puesto que, como dice Han, “es soberano quien dispone sobre las shitstorm de la red” (4) .

Igualmente se debe considerar que los medios de comunicación son empresas que buscan lucrar, por tanto, coexisten dentro de un mercado competitivo que se adecua a las demandas del público. Para determinar el porqué de la existencia de los influencers, se debe analizar a quienes sustentan su fama.

El público espera de sus influencers informaciones pre-digeridas, que ya contienen sesgo, hechos pasados previamente por el tamiz ideológico de estos personajes que a su vez responden al criterio de sus financiadores. No busca el espectador una información a través de la cual pueda llegar a conclusiones propias, se encuentra inmerso en una pereza mental. Lo único que realiza a partir de lo que propicia su influencer es colaborar con la viralización de las shitstorm.

Todos estos fenómenos hacen lucir la necesidad de una formación más exigente en el campo de la ética y la deontología, dos aspectos que deben contemplarse férreamente a la hora de escribir la primera línea de las noticias o antes de la primera palabra a pronunciarse en la radio o en la televisión.

Para culminar esta opinión, creo conveniente citar a Ryszard Kapuscinski, quien considera que “el deber de un periodista es informar, informar de manera que ayude a la humanidad y no fomentando el odio o la arrogancia. La noticia debe servir para aumentar el conocimiento del otro, el respeto del otro” (5).

Notas:

1.https://fundaciongabo.org/…/el-periodismo-en-los-tiempos-de…
2. Íbid.
3. Íbid.
4. Byung Chul Han. En el enjambre, Herder 2014.
5.https://elpais.com/…/2002/12/17/cata…/1040090841_850215.html

Fuente de las imágenes:

Imagen 1. http://www.tresfaros.com/…/como-trabajar-con-influencers-p…/

Imagen 2. https://infomercado.pe/marcas-pagan-hasta-s-100-mil-por-ca…/

Imagen 3. https://institutolap.com/no…/influencers-mercadeo-influyente

Imagen 4. https://es.semrush.com/…/que-es-un-influencer-ventajas-mar…/

Rodolfo Sosa

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