Los negros en el Paraguay

Los negros en el Paraguay

Muchos historiadores posmodernos, influídos por el fuerte cuño neo-marxista y la «teoría crítica», han puesto de moda reescribir «de manera inclusiva» aspectos bastante estudiados y conocidos sobre la Historia del Paraguay. Siempre, cada tanto, intentan sacudir un poco el ambiente apoyados por cierta prensa a la que le gusta el rating (y no se les culpa, es su deber tener audiencia) haciendo comentarios más o menos controvertidos y atomizantes. Hace poco se dio algo de ello con la historiadora Ana Barreto Valinotti, entrevistada por Augusto dos Santos para GEN.

Litografía en color de Johann Moritz Rugendas. Siglo XIX. Imagen: Bridgeman Images. Sin copyright.

¿Asunción del Paraguay, antes de la Independencia, era una «Villa de Negros»?

Es lo que ha afirmado la autora basándose en fuentes de origen poco claro y en supuesta documentación de nuestro manoseado y poco fiable Archivo Nacional.

Nosotros, por otra parte, conocemos otras fuentes históricas que se sostienen en una hermenéutica bastante lógica, objetiva y basada en hechos bien documentados o testimoniados. En Paraguay, el elemento racial que denominamos «negro» siempre fue escaso. Lo cuentan todos los que aquí han estado en tiempos del Imperio Español, lo cuentan investigadores muy afamados como Sánchez Quell (que lo explica con lógica sencilla: en Paraguay no habían casi explotaciones mineras, que era para lo que se usaba principalmente al negro en el Imperio Español).

Pero sin mencionar a autores recientes, vayamos directamente a aquellos quienes vieron con sus propios ojos y accedieron a fuentes primarias para sustentar sus observaciones.

¿QUÉ DICE DON AZARA?

Retrato del militar y explorador español Félix de Azara (1742-1821), que también fue ingeniero, cartógrafo, antropólogo, humanista y naturalista. Pintura de Francisco de Goya (1746-1828). Imagen: Dominio público,

El Señor de Barbuñales, Don Félix de Azara, nacido un 18 de Mayo de 1742, fue ingeniero militar, marino y biólogo español. Ya era bastante conocido por su sapiencia en 1776, cuando se debió realizar la revisión del Tratado de San Ildefonso. Fue designado por Sus Majestades Católicas para defender los derechos de España contra las ambiciones de Portugal, que jamás se presentó para dicha disputa.

Entre 1781 llegó al Paraguay para una misión que debía durar cuatro meses, pero que él mismo eligió seguir durante 20 años. Sus observaciones fueron pioneras de la botánica, la zoología y la geografía en muchos aspectos.

La esclavitud fue un negocio muy lucrativo para los comerciantes de negros africanos que luego eran vendidos a diversas colonias en América. Imagen: Sin copyright. Bridgeman Images

Pero al respecto de Paraguay, el ilustre Azara tenía palabras muy laudatorias respecto a su población, sus habitantes, usos y costumbres.

En su obra «Viajes por la América del Sur» (Segunda Edición: 1850), hace una meticulosa y documentada descripción de todo lo que vio en el Paraguay. En las páginas 292-293 nos cuenta que la Provincia, sin contar al Chaco, los territorios del Norte (lindantes con Mato Grosso) y gran parte de las Misiones, tendría según su censo unos 97.480 habitantes circa 1785. Este censo es muy similar al realizado por Don Pedro de Melo, Gobernador y Virrey del Paraguay, pocos años antes, circa 1779.

Azara luego nos habla de que la Capital del Paraguay, Asunción, tendría unas 7.088 almas censadas, de las cuales 2.726 serían negros. Es decir, el 39% de los habitantes (y no el «más del 50%» que afirma Barreto Valinotti).

Pero aquí empieza lo curioso. Don Félix de Azara afirma en su obra citada, en las páginas 267-272, que para los paraguayos, la categoría «negro» poco o nada se ajustaba a la realidad «racial» pues se podía encontrar fácilmente en el país a muchos de esos «pardos o mulatos libres» que eran en realidad blancos o incluso rubios. Esto se explica porque en el Paraguay, profundamente tradicionalista y basándose en antiguas leyes grecolatinas e incluso egipcias, una manera de dar «libertad» a un negro esclavo era «cruzándolo» con un hombre o mujer libre blanco. Así los hijos heredaban el estatus de su padre o madre libre, y el progenitor detrás del nuevo liberto…

Por esta razón, muchos que estaban registrados con su «linaje» de «negro» en realidad eran blancos, rojizos, rubios… Lo dice el mismo Azara. E incluso afirma que el «mestizo» paraguayo era «superior» al de Buenos Aires en sagacidad, viveza, fuerza física e incluso «con más blancura de piel» que los mismos europeos.

La famosa obra del Ingeniero, Marino y Biólogo Don Félix de Azara. Imagen proveída por el autor.

Respecto a la esclavitud, en el Paraguay había 176 pardos libres por cada 100 pardos esclavo. Pero como cuenta Azara, en el país la «esclavitud» como tal nunca existió, pues el trato que recibían los pardos y negros era tan suave, tan cordial y cristiano, que llamarles «esclavos» era hasta inexacto. Como mencionamos anteriormente, los paraguayos incluso nunca tenían problema en casar a hombres o mujeres blancos con sus propios negros para darles libertad. Hasta ese punto la esclavitud en Paraguay JAMÁS fue un problema. JAMÁS. Por esto se dice que en tiempos de los López, con las leyes sobre el Vientre Libre y la Prohibición de Venta de Negros, se decía (con toda lógica) que la esclavitud en Paraguay estaba de facto, y luego de iure, extinta.

Esclavos africanos a bordo de un barco con destino a EE. UU. Grabado en color por American School, (siglo XIX); Colección privada; Peter Newark. Sin copyright. Bridgeman Images

Pero si Don Félix de Azara no nos parece suficiente, veamos la palabra de otro que estudio meticulosamente esa materia…

Según estudios de Ernesto Maeder en 1974, basados en el censo del Gobernador Virrey Pedro de Melo y el mismo Azara, la población paraguaya estaría dividida en: Españoles Blancos (peninsulares, criollos o mestizos): 57,6%. Indígenas (originarios, criollos o mestizos): 31,3%. Negros libres (casi todos mestizos): 7%. Negros esclavos (casi todos mestizos): 4,1%.

UN MÉDICO BELGA

Alfred Demersay venía a observar la fauna y flora del Paraguay poco después de la muerte del Dr. Francia. Médico de profesión devenido en comerciante y explorador, ingresó al Paraguay en 1846 y permaneció por más de tres años aquí y en los alrededores.

El Supremo Gobierno de Don Carlos Antonio López aprovechó la oportunidad para pedirle que hiciera un libro sobre la Historia del Paraguay y lo difunda en el Viejo Mundo. Demersay declinó la oferta (con mucha molestia por parte de Don Carlos), pero 10 años después de su partida a Europa, por propia voluntad, lanzó una obra monumental en dos volúmenes sobre el Paraguay. «Histoire Physique, Écomomique et Politique du Paraguay et des Établissements des Jesuites» (1860), que citaremos a continuación.

Grupo de hombres, mujeres y niños capturados para ser llevados a un mercado de esclavos.
Wellcome Collection gallery (2018-03-29): https://wellcomecollection.org/works/stdgr7g5 CC-BY-4.0

En el capítulo 25 del Primer Volumen nos habla largo y tendido de la «raza guaraní» y en el siguiente capítulo se dedica exclusivamente a la «raza negra».

Demersay empieza a hablar sobre los negros en Paraguay con estas palabras textuales: «El África jamás ha entrado en el Paraguay, salvo una muy pequeña población, a pesar de que el país ha contado con esclavos por varios siglos». (Vol. 1, p. 338).

Y continúa diciendo:

«El Dr. Francia, al tomar el país, cortó con la importación de negros y los mezcló con sus indios, especialmente mujeres, con el fin de otorgar libertad a sus descendientes y no tardaron mucho en confundirse con la población (el niño nacido de padre esclavo y madre libre, hereda siempre la condición de la madre; en el Imperio Español, los indios jamás fueron esclavos aunque sufrieron de una servidumbre llamada encomienda)». Así pues, en vano buscaremos en Paraguay al llamado «negro de la costa africana» (bozal)».

Primer Volumen del inmenso trabajo sobre Paraguay del médico belga Alfred Demersay. Imagen proveída por el autor.

A diferencia de lo ocurrido en otros países, continúa diciendo Demersay: «en el Paraguay, al momento de su separación de la metrópoli, jamás tuvieron problemas con el asunto de los esclavos, que de por sí ya eran bastante poco numerosos y vivían en condiciones bastante dulces».

En la página 348, Vol.1, Demersay afirma tajantemente luego de una meticulosa descripción de la situación de los negros en el Imperio Español (que les otorgaba, al igual que a los indios, una protección y unos derechos que no tenían punto de comparación alguno con los otros grandes Imperios), que en el Paraguay, al momento de su visita, «la raza negra prácticamente desapareció, quedando simplemente trazos de su pasaje por el país, mezclados entre el indio, el mestizo y el europeo».

Finaliza en las páginas 350-351 el médico belga diciendo que en el Paraguay, ya antes de la Independencia, el asunto de los esclavos y los negros estaba «rumbo a extinguirse»; que con las medidas del Dr. Francia esto avanzó progresivamente y que con el Gobierno de los López, al decretarse la abolición gradual de la esclavitud, la prohibición del tráfico de negros, el Vientre Libre de las Esclavas y la posibilidad de comprar la propia libertad en las «Esclavaturas», el asunto quedaba de facto y de iuré, finiquitado. En Paraguay «la esclavitud se extinguió solita», sin necesidad de rimbombantes decretos.

«El comercio de esclavos» por Auguste François Biard, 1840. De François-Auguste Biard – Dominio público.
1. Originally from en.wikipedia; description page is/was here 2. The Bridgeman Art Library, Object 112033

«Al momento en que visitamos Paraguay, el número de esclavos NO PASABA DE MIL INDIVIDUOS, casi todos mestizos pues la raza negra en Paraguay había prácticamente desaparecido. Los esclavos muy ancianos son premiados con la libertad por sus largos servicios y no son pocos los dueños que al morir declaran libres a todos sus esclavos en sus testamentos.

Las mulatas paraguayas son ¡blancas y bonitas!, y no es raro que sean liberadas por sus propios amantes. En el país no existen más las distinciones entre esclavos y servidores libres, pero siempre se prefiere a los negros antes que a las mulatas, pérfidas y fieras, pues los paraguayos nunca olvidan el adagio español: no se fíe de mula ni de mulata».

Sobran las palabras…

PARA CONCLUIR

Podríamos seguir citando a tantos otros autores que hablaron sobre este tema de manera detenida y meticulosa. Que vieron con sus propios ojos y accedieron a fuentes primarias, no contaminadas con los sesgos actuales. Burton, Washburn, Cunningham Graham…

En fin. Lo que ahora queda es preguntarnos: ¿por qué es tan intensa la intención de ciertos historiadores de presentar un relato histórico que a todas luces, no se sustenta en la hermenéutica y ni siquiera en documentación certera?

¿Por qué esa desesperada búsqueda de encontrar una quinta pata al gato, de decir lo que nadie con criterio objetivo ha dicho?

Queda a manos del lector discernir todo eso…

Emilio Urdapilleta

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