El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Opinión

Meritocracia pública: contrapeso de la villanía política

La Dra. Graciela Russomando, quien hace días nada más renunció a la Senacsa, debido a que el fútbol es más importante que la ciencia. Una partida de futbolistas y clubes tiene más razón que una profesional que trabajó por varios años dentro del campo científico. No hay otra explicación. La excusa de la “ética y la moral” es un pretexto para no ahondar más en el problema de fondo.

Ante esta situación, el Ministerio de Salud, ni corto ni perezoso, en vez de apoyar a la científica se pone a «analizar» ñandecó los resultados, y por presiones de los clubes y futbolistas sale a favor de estos últimos. Una verdadera Vergüenza nuestro país.

Está claro que desde el Ministerio de Salud no moverán ni un dedo para apoyar a esta señora. Es más, hicieron de todo para que se vaya, siendo ella una voluntaria. Paralelamente la comparsa liderada por el ministro Julio Mazzoleni está saltando en una pata, encima se tomó el atrevimiento de desestimar las acusaciones de la doctora Russomando a través de un tuit, afirmando que la que verdaderamente «faltó en el proceso de ética» fue ella.

Todas estas circunstancias son el resultado de un país gobernado por monos con gillete y ungabungas anticientíficos, porque lastimosamente en el mundo del chonguismo y el amiguismo, no hay lugar para seres reflexivos, pensantes, racionales, y profesionales.

Nuestro país necesita de autoridades sanitarias que entiendan que su pensamiento y sus acciones pueden ser contrastadas por otras opiniones de pares e incluso, desde la sociedad, puesto que deberían ubicarse en el contexto de la pandemia, donde todos aportan su granito de arena para de alguna forma hacerle frente, ya que el Estado jamás ha invertido en salud pública.

Es hora que la egolatría y la envidia deje paso al diálogo y el trabajo multidisciplinario que supondrá el logro de los objetivos más importantes para la Nación.

Una Nación donde a pesar de las diferencias podamos construir Patria a través de las aptitudes de nuestros talentos humanos. Debemos resaltar esto ya que vivimos en una sociedad que deambula en medio de precariedades.

Es hora que el Estado comience a repararse en torno a la profesionalidad, la capacidad y la preparación. Una meritocracia que ejerza de contrapeso a la villanía política. Es tiempo de transformación o muerte irremediable o resurgimiento de aquellos valores que han de sostener el desarrollo y progreso de un país enfrentado a los retos de este siglo XXI.

Necesitamos personas responsables y creyentes en los resultados objetivos y no, en la búsqueda constante de réditos personales conseguidos a través de pulseadas entre pares que no nos llevan a ningún lado y desvían la atención de lo verdaderamente importante: el bienestar general de la sociedad.

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