El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

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Mi ex – compañero, el ladrón

Imagen: www.dailymail.co.uk

Eran aproximadamente las tres de la mañana de este incipiente lunes. Una taciturna madrugada que parecía no salirse de lo cotidiano, hasta que escucho a mi hermano levantarse de forma apresurada al patio. Ése fue el momento en el que me desperté, calculando que se me hizo muy tarde, puesto que generalmente soy yo el primero en levantarse entre semana, dado mi tempranero horario laboral.

Aún con los reflejos y los sentidos anestesiados por un sueño interrumpido abruptamente, también salí al patio, cuando mi hermano, nervioso, me pregunta si tenía objetos de valor en mi habitación, que se encuentra fuera de la casa (esa noche había decidido dormir en la pieza de mi madre, porque el ventilador es más potente). Todavía sin entender lo que sucedía, me explicó que había entrado un ladrón a la casa.

Me comentó que había escuchado que nuestra cachorra ladraba y lloraba bastante, y fue eso lo que lo había despertado a él en primera instancia, luego escuchó sonidos de que, efectivamente, alguien estaba en el patio. Lo primero que pensó, me comentó, es que se trataba de mí, pero al momento de ver que estaba yo en la pieza de mi madre, se apresuró a salir al patio.

En el momento en que salió, ya lo vio al malviviente trepando con una agilidad casi felina por nuestro portón, que tendrá sus buenos dos metros de alto. Luego me comentó que él malhechor lo vio a mi hermano y con una caradurez, impudicia, sinvergüencía y hasta un poco de picardía, le dice: “Nderakore la nde jagua”, para luego fugarse en la mal iluminada madrugada fernandina junto con su acompañante.

Luego de esto me comenta que logró ver el rostro de aquel paria y me dice: “¿Sabés quién era el tipo? Alberto, ese tu compañero-kué, ¿te acordás? Y por supuesto que lo recordaba, fue mi compañero de quinto o sexto grado, allá por el 2005.

Alberto era uno de esos niños al cual la desidia e irresponsabilidad de los padres lo obligó a priorizar la supervivencia por sobre la educación. Uno lo veía de vez en cuando subiendo a los colectivos a vender caramelos, o incluso recolectando plásticos o latas de cerveza por la calle.

En el año 2005 aún había profesoras de “la vieja escuela”, esas maestras que se ponían a los hombros -y en paralelo a su labor educativa- el rol de madre, el trabajo de disciplinar a quienes no recibían suficiente educación o castigos ejemplares en sus respectivos hogares. Pero a pesar de todos los intentos de nuestra maestra de corregir al infeliz Alberto, éste ya lamentablemente había sido absorbido al lado oscuro al cual fue de a poco empujado por una vida injusta y severa para con él.

Alberto presentaba síntomas de resentimientos hacia sus compañeros más “chetos”, como quizá denominaría a quienes tuvieron la suerte de contar con un hogar mejor en diferencia al cual él estuvo acostumbrado siempre. Ese resentimiento, año tras año lo fue transformando en el criminal que hoy día, a sus 26 años, se ha constituido ya de una forma hasta devota.

Antes de su irrupción a nuestra propiedad, te lo podías encontrar por las plazas públicas con los ojos rojos, caminando rápido, como huyendo, cubriendo su rostro lo más posible con su típico “quepi”, mirando a un lado y al otro, alerta, temeroso, agresivo, fugitivo.

Este desdichado sujeto trae tal vez en evidencia la tesis de Jean-Jacques Rosseau, quien aseguraba que “el hombre es bueno por naturaleza, pero la sociedad lo corrompe”. En su caso, la irresponsabilidad familiar y la ausencia de trabajadores sociales o profesores guías dentro de las instituciones educativas.

Es imperante, estimado lector, poner énfasis y bastante atención en la importancia de la existencia de verdaderos profesores guías o trabajadores sociales que trabajen con los alumnos y con su entorno familiar, que propicien ayuda o denuncien a los padres irresponsables, que planifiquen programas efectivos que garanticen que cada alumno en situación de riesgo escolar pueda asistir todos los días a la escuela y hacer que los padres se involucren en el desarrollo escolar y ético de sus hijos.

No debemos olvidar el rol de Secretaría de la Niñez y la Adolescencia, quienes no deberían permitir que ningún niño o niña del Paraguay deba preocuparse más que de pasar los exámenes escolares y de jugar, como todo menor debería.

La casi nula política pública en este ámbito es la principal responsable de este fenómeno social en nuestro país, los hijos indeseados de personas de escasos recursos a quienes los irresponsables padres los tienen como cuasi esclavos, que deben salir a las calles a generar ingresos para sus progenitores holgazanes.

Esta monserga mía no quisiera que se tomase como una apología a la aporofobia ni al aborto legal, ni nada de eso, sino más bien un llamado a la reflexión sobre una realidad que se viene arrastrando desde hace décadas y que afecta a la población paraguaya desde edades cortas, en un país que posee un bono demográfico con mayor proyección de la región[1].

Este Alberto se ha llevado como botín una garrafa, pero igualmente se robó la paz y tranquilidad del hogar de personas trabajadoras. ¿Cuál será su próximo objetivo? Nadie puede asegurarlo, pero al menos en casa, un bate de béisbol lo espera con su nombre escrito en él, ya que la Policía Nacional aparentemente no puede retenerlo por mucho tiempo, porque la Fiscalía no supo darle sanciones ejemplares jamás.

Obs: La imagen adjunta al artículo, es meramente ilustrativa, ya que en la casa, ni en el barrio hay cámaras de seguridad.

Referencias

  • [1] http://www.abc.com.py/nacionales/bono-demografico-ventajas-y-desafios-1708926.html

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