Nietzsche: Racionalidad y Egoísmo

Nietzsche: Racionalidad y Egoísmo

Friedrich Nietzsche, es uno de los filósofos más populares de la historia, esto en gran parte debido a sus demoledoras premisas que desafiaron más de 2.000 años de filosofía.

De las ideas que hablaré en este ensayo, se encuentran las de racionalidad y el egoísmo en las personas, y lo que pregonaba en estos ámbitos.

Su principal premisa sobre el racionalismo la dio en una de sus principales obras, llamada «El ocaso de los ídolos», donde pregona que el error más grande de la cultura occidental está en instaurar la racionalidad en el ser humano a toda costa; para el filósofo alemán, al contrario de lo que han dicho muchos de sus colegas, la irracionalidad está ligada naturalmente al hombre. Mediante esto, se niega que el hombre sea racional.

Cuando critica el racionalismo, también lo hace a sus derivados como la ciencia; él no crítica el hecho del conocimiento en general y el progreso de la humanidad, gracias a la ciencia, sino que ve el deseo del hombre de cada día saber y descubrir más cosas, como una debilidad. Analiza que en estas situaciones, el hombre débil siempre ha tenido algo en qué apoyarse, en un principio, los dioses, y luego, la ciencia.

Imagen: Friedrich Nietzsche, 1869.

Pero, ¿realmente tiene razón en este caso?, yo no veo como una debilidad el hecho de que el hombre tenga mayores deseos de conocimiento. Lo entiendo como una fortaleza; seguir buscando nuevas certezas para que la sociedad humana siga sosteniendo un desarrollo a través de las soluciones propuestas por la ciencia y el avance logrado por la humanidad, mediante ella.

En “La Gaya Ciencia”, nuestro querido pensador, expone con lujo de detalles su postura, y podemos aventurarnos a decir que estamos de acuerdo con esto, el conocimiento no tiene la culpa, sino aquellos que se escudan en ese conocimiento, para producir actos detestables y sanguinarios o lograr acercarse al poder, poder que fructificará sus deseos imperiosos de dominio intelectual sobre la sociedad.

Siendo la Ciencia, el nuevo orden académico, el filósofo pone el dedo en la llaga jamás cerrada, primero fue Dios, es decir, la religión, ahora es la ciencia, (¿pero qué ciencia, la que nos proviene de la antigüedad tras un largo proceso de ensayo y error, o aquella novedad moderna, que transita al abrigo de la noche, guiada por intereses no populares, sino particulares?, más adelante creemos responder la pregunta), es decir, la pedantería intelectual tiene el control, los sicarios de la verdad se parapetan en sus antros académicos, impulsando reformas y el lavado de cerebros de las nuevas generaciones, he allí la verdadera crítica schopenhaueriana al decir sobre Hegel (a la sazón, el primer representante de ese racionalismo trasnochado en el que nadie querría caer pero que ejerce un poder sobrenatural), hasta nuestros días:

“Hegel, instalado en las alturas por las fuerzas en el poder, fue un charlatán de mente obtusa, insípido, nauseabundo, iletrado, que llegó al colmo de la audacia garabateando y narrando las cosas más alocadas, mixtificadoras y carentes de sentido. Todas estas insensateces fueron ruidosamente celebradas como sabiduría inmortal por seguidores mercenarios, y muy pronto fueron aceptadas como tales por todos los estólidos, que se unieron de este modo para entonar un coro de admiración tan perfecto como nunca se había escuchado antes. El enorme campo de influencia espiritual que pusieron a disposición de Hegel aquellos que ocupaban el poder le permitió perpetrar la corrupción intelectual de toda una generación”…

«…Así, siguiendo con lo dicho Hegel representa con su pensamiento una “bufonada filosófica, que se reduce exclusivamente a la más vacía e insignificante habladuría que jamás haya contentado a una cabeza de alcornoque. Hegel es un charlatán pesado y tedioso, que se expresa en la jerga más repugnante y a la vez insensata, que recuerda el delirio de los locos. Hegel, este sicario de la verdad, convierte la filosofía en sierva del Estado y hiere en su propio corazón la libertad de pensamiento: ¿Qué mejor preparación para los futuros empleados y jefes de administración pública, que esta que enseñaba a entregar por completo la vida al Estado, a pertenecerle en alma y cuerpo como la abeja a la colmena, a no tener otra mira que convertirse en engranaje capaz de ayudar a mantener en pie la gran máquina del Estado? El jefe de la administración y el hombre eran así una y la misma cosa”. Pág. 207 (1)

Friedrich Nietzsche toma como caballito de batalla, a partir de allí, la nueva oleada de ataques hacia la “bufonada filosófica” y la “vacuidad engreída” de los racionalistas-cientificistas con poder, y dirige sus balas de plata, hacia los que quieren hacerse con el poder para “trampear” intelectualmente; el hecho en sí, es que en esta lucha, lo mismo que Schopenhauer, se erige en el caballero de la triste figura, enfrentándose a los molinos de viento de la opresión de los necios racionalistas.

Y es que si nos ponemos a pensar en los ejemplos válidos de los tiempos en que vivimos, mucho de lo que preocupaba al filósofo en aquella época, también nos toca de cerca, a muchos de nosotros, por lo que habría que ponerse de acuerdo, con el “demente” y luchar contra los poderes, en la actualidad, con sagacidad y mucha valentía.

El egoísmo

Yendo al siguiente punto, sí, puedo estar muy de acuerdo con lo que pregonaba Nietzsche sobre el egoísmo.
Hoy en día, y prácticamente en gran parte de la historia se ha visto que para la opinión pública en general, que un hombre tenga el egoísmo impregnado en él, es “algo malo”, rozando lo trágico, pero, ¿realmente es así? Creo que el egoísmo es algo necesario en la vida de las personas, en algún momento debemos poner nuestras vidas como principal y único objetivo, y esto también, lo entendía el alemán.

Pensaba que la costumbre de ver el egoísmo como “algo malo”, era algo totalmente necio; el hombre es naturalmente egoísta, puesto que es su vida de la que uno puede hacerse responsable, no de la vida de los demás, ni de pretender que las demás personas se hagan cargo de nuestras vidas; todo lo que sale de la naturaleza del hombre es bueno, como premisa principal.

Frenzel nos comenta en su biografía del filósofo:

«Este lema del estoicismo por el estoicismo puede ser considerado como uno de los postulados básicos de las ideas existencialistas del siglo XX: con esta concepción de la grandeza individual del hombre aristocrático. Nietzsche se revela como uno de los más importantes precursores de una rama de la filosofía futura, sobre todo en Alemania. Para él los poderosos, la élite, son “fieras” para las que la divisa de “vivir peligrosamente” se convierte en la clave para acceder al secreto de una vida aceptable. Frente a esto, el código moral del esclavo, del animal gregario, expresa su debilidad:Las sensaciones agradables, que nos inspira el hombre bueno, amistoso, justo (mientras el nuevo hombre superior provoca tensión y pavor) denotan seguridad e igualdad, el hombre gregario ensalza su propio carácter gregario porque en él se siente a gusto. Esta opción cómoda se enmarca con bellas palabras, y surge la “moral”». (2) Pág. 174

Nietzsche odiaba el altruismo, la obligación moral de que uno sólo es bueno si renuncia a su propia vida, para vivir, la de los demás. Un invento de los débiles para poder sobrevivir a costa de los fuertes y brillantes. Con ello, destruía el castillo de naipes que fue construido, a partir de un principio equivocado, es decir, cristiano.

No existe verdadero altruismo, no existe en el mundo, ni uno sólo, verdaderamente justo, como para no decir, que en el fondo de su alma, no lo han guiado sentimientos egoístas, en algún momento de su apremiado existir.

Bibliografía:

-Friedrich Nietzsche. Obras inmortales. 4 Tomos. EDICOMUNICACIÓN, S.A. 1985
-Historia del pensamiento filosófico y científico. Giovanni Reale-Darío Antiseri. Herder. 1988
-Nietzsche, Ivo Frenzel. Salvat Editores. 1985

Notas:

(1)-Citado en Historia del pensamiento filosófico y científico. Giovanni Reale-Darío Antiseri. Herder. 1988. Págs. 206 y 207
(2)-Citado en Nietzsche. Ivo Frenzel. Págs. 173-174

Notas y edición, por GO.

Jose Dielma