OCTUBRE ROJO

OCTUBRE ROJO

Este año, 2017. Recordamos y algunos no sólo recuerdan, sino que celebran la «madre» de «todas las efemérides»: La Revolución Rusa. 

Ministros en el entierro de las víctimas de la Revolución de Febrero. Entre ellos, de izquierda a derecha: Konovalov, Shingarev, Lvov, Nekrasov, Godnev y Miliukov. Imagen Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Revoluci%C3%B3n_rusa#/media/File:Gouvernement_provisoire_russe.jpg

Aquel cataclismo que marcó el Siglo XX, partió el mundo en dos mitades después de la segunda guerra mundial haciendo cumplir la profecía de Alexis de Tocqueville y se deshizo como un azucarillo, cayó como un gigante de pies de barro apenas siete décadas después parecía amortizado en los noventas tras la caída del muro de Berlin. Pero, una vez más, los rumores sobre el fin de la historia habían sido exagerados. 

Las tensiones políticas recientes prometen convertir este 2017 el centenario del asalto al Palacio de Invierno por los soviets en frontera caliente del debate entre derecha e izquierda. 

El régimen soviético entro en Octubre de 1917 al escenario de la historia con bombos y platillos. Nada era más ajeno a la opinión que la perspectiva de una crisis radical del sistema social instaurado por Lenin y Stalin. La idea de una reforma de ese sistema se encontraba casi por doquier durante más de un cuarto de siglo, y mutaba en diversas formas (como hasta ahora) en un revisionismo activo pero siempre respetuoso de la superioridad del socialismo sobre el capitalismo, del colectivismo sobre el individualismo liberal. 

Ni siquiera los enemigos del socialismo (y con razón) imaginaban que el régimen soviético pudiera desaparecer, y que la Revolución de Octubre pudiese ser «borrada»; y menos que esta ruptura pudiese originarse en ciertas iniciativas del partido único en el poder.

Lenin. Imagen Fuente: De Goldshtein G. – originally uploaded on en.wikipedia by en:User:Bronks at en:Image:Lenin.WWI.JPG. Filename was Lenin.WWI.JPG. (Lenin Collection of Photographs and Stills Volume 1, Institute of Marxism Leninism, Moscow 1990 p.166), update from http://lenin-ulijanov.narod.ru/156.jpg, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=446007

Antes de deshonrarse por sus crímenes, el marxismo-leninista/stalinista/trotkista, constituyó una esperanza. Y sedujo a millones y en parte sigue seduciendo no sólo a muchos hombres y sobre todo a muchos intelectuales, que hacen que sobreviva ya sea como mito político y como idea social o disfrazada dentro de sistemas republicanos de un «centrismo» bien pensante, a pesar de sus fracasos y sus crímenes.

Y sin embargo, el universo comunista se deshizo por sí solo. Solo quedan sus partidarios nostálgicos que han pasado de un mundo a otro convertidos a otros sistemas o bien reciclados en el nacionalismo. Solo quedan Cuba y Corea del Norte (o la Venezuela del «Socialismo del Siglo XXI»). Los pueblos que sufrieron el comunismo parecen estar obsesionados por negar el régimen en que vivieron, aun cuando hayan heredados sus hábitos o sus costumbres o los reciclados socialistas en el poder también, por más victorias que tengan en las urnas, como mínimo niegan ser parientes lejanos de la Revolución Rusa. 

La Revolución Rusa cerró su trayectoria no con una derrota en el campo militar, sino pulverizada, liquidada por sí misma en todo lo que se hizo en su nombre. El imperio soviético ofrece la excepcional característica de haber sido una superpotencia sin haber encarnado una civilización. Tuvo todos los atributos de potencia internacional que le ganaron el respeto del adversario, por no hablar del mesianismo ideológico, que le ganaron y le ganan adoración de sus partidarios. 

Asamblea del Sóviet en Petrogrado. 1917. Imagen Fuente: De User Kristallstadt on en.wikipedia – http://increvablesanarchistes.org/album_photo/phot1914_20/1917revolut_russ.htm, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=962701

Sin embargo, su corta vida o mejor dicho su rápida disolución no dejó nada en pie: ni principios, ni códigos, ni instituciones, solo una negra historia, marcada por genocidios y gobiernos totalitarios. Como sucedió antes con los alemanes, los rusos son ese segundo gran pueblo europeo incapaz de dar un sentido a su siglo XX, y, por lo mismo, inseguro de su pasado.

Diego Giménez

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