El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Crítica Opinión

¿Para qué leer si puedo ser intelectual criticando la religión?

Mucho tiempo de mi vida critiqué la religión, tal y como la masa lo hace, pero nunca me dediqué a escribir una crítica contra ella porque, dentro de todo, reconocía que desde mi ignorancia no podría hacer algo que valga la pena ser leído y se diferencie de los “sesudos” posteos de Facebook.

Y es que actualmente la mejor manera de demostrarse cierta “sapiencia” en las redes sociales es ser antirreligioso, en un ejercicio similar al religioso fanático que cree que tiene la verdad en sus manos y desea que todo el mundo lo sepa. Desde que me di cuenta que el dogma religioso solo se puede combatir con otro dogma religioso, me llamé al silencio en esas cuestiones y decidí, más bien, disfrutar de ese espectáculo que enfrenta a dos facciones que desconocen totalmente acerca de lo que luchan, con suma pasión.

Y es que el ateísmo no es más que el ejercicio de negar un relato, de envanecerse de leyes científicas que no entiende, pero presume entender y se auto posiciona como el summum intelectual. Pues claro, de alguna u otra forma “logró” salirse de un paradigma que domina al mundo por dos milenios. ¡Bravo! ¡Hurra!

Duelo a Garrotazos. Goya

Se considera, muy erróneamente, que a lo religioso le es inherente la ignorancia, el salvajismo, lo vetusto, lo anticuado. Pero lo que los sapientes críticos de Facebook tienen en común también es que no tienen ningún grado académico que les avale como grandes intelectuales, pues, hasta el momento no he visto algún PhD que dé clases de antirreligión en las redes sociales. Pues claro, es evidente que no tiene tiempo para cosas tan insulsas e improductivas.

Entonces lo que tenemos es un ejército de hombres masas dispuestos a dar cátedra de sobre lo que se debe creer, sobre lo que es “anticuado” y sobre lo que es “trasgresor” … consideran que hacen la diferencia con los “bárbaros religiosos” predicando los “absurdo” de la religión, pero a través del mismo modus operandi: la crítica infundada y realizada desde criterios personales. Entonces, ¿en qué quedamos?

Y escribo esto no para defender nada, pero sí para dejar en evidencia al pseudointelectual facebookero o twittero, que considera que creer en el vacío lo hace diferente e incluso mejor a quien cree en lo inverso. Hace de su ateísmo, de su escepticismo o incluso agnosticismo una nueva religión pedante, intolerante, y que se jacta de “liberar” a través de la represión de otras.

Entonces, estimado intelectual antirreligión, ¿ya hiciste tu crítica que, en términos prácticos, a nadie le importa y no suma en absolutamente nada al cambio, a la mejora? ¿Llegaste a leer realmente bien los libros de Nietzsche que te jactás haber leído y con los cuales argumentas tus críticas sesudas? ¿O solo aprendés tu filosofía de memes?

La opinión -esa herramienta bélica tan bastardeada y cuya democratización hizo que las ciencias y la filosofía hayan decaído tanto actualmente- justamente por ser derecho de todos, denota que, en la praxis, “la razón” o la tenemos todos o no la tiene nadie. Así de sencillo. O, en todo caso, si se la quiere elevar a un rango “intelectual”, debería afinar aún más criterios y ser más estudiada, lo que implica, al fin de cuentas, leer más y hablar menos.

Y si el lector de estas líneas es efectivamente un seguidor de Nietzsche, me gustaría consultarle lo siguiente: ¿no era acaso el bigotón quien decía que “el ser más peligroso es aquel que dice tener la certeza de las cosas”? Y bueno, considerémoslo a la hora de querer dar una “verdad” a la luz.

El ser humano, por propia condición humana, necesita creer en relatos, ya sea el cristianismo, el islam, el judaísmo, el ateísmo incluso, y quien no crea sencillamente está creyendo que no cree nada, valga el juego de palabras. Despertarse hará bien al escéptico, le hará darse cuenta de que, de alguna u otra manera, cree en relatos y de eso sencillamente no podrá salir.

Pero, ¡bendito sea el que haya descubierto la verdad, que se considere portador de ella y se considere un ser impoluto y digno de difundirla por este mundo de ignorantes! Si se considera así, por favor, ¡siga iluminándonos, oh, profeta de la verdad!

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