El Parlante

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Paraguay, el milagro económico posible

Los obstáculos con los que atraviesa nuestro país no están en su gente como todavía se alega por parte de los que quieren hacernos creer que para lograr el desarrollo del país se deberá apelar e insistir en las viejas fórmulas que han fracasado y se sintetizan en la preeminencia estatal en la sociedad.

Desde la política y la economía nuestros dirigentes siguen desafiando a la población que busca con afán más libertad responsable y no más coerción,  privilegios y corrupción provenientes desde el poder. No hemos podido desligarnos de la perversa influencia de líneas de pensamiento sustentadas en teorías como el intervencionismo, el keynesianismo, el gasto público o el endeudamiento como factores para el progreso.

El intervencionismo estatal en la economía ha fracasado en todas partes y los únicos que todavía no se han enterado o no quieren hacerlo son los mismos que siguen ocupando cargos de decisión desde los gobiernos en 1989 a esta parte.

Es cuestión sólo de dar una mirada a lo que ha ocurrido desde la Revolución Industrial donde la fórmula para el desarrollo se condensa en un estado limitado y controlado basado en el liberalismo republicano, competencia y libre mercado; lo que significa bajos impuestos, regulaciones razonables, imperio de la ley y el respeto a la propiedad privada.

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Sin los citados elementos de la fórmula no es posible mantener en el tiempo ni una baja inflación (de un digito) ni un mínimo endeudamiento y tampoco la sostenibilidad misma de las finanzas públicas. Sin los citados elementos de la fórmula solo cabe esperar inflación, déficits, endeudamientos; o lo que es lo mismo incertidumbre y desconfianza de los individuos y las empresas para que cayendo el ahorro y la inversión, también caigan el empleo y los ingresos.

El intervencionismo estatal en las variables citadas permiten que el poder político crezca al punto que convierten al sector público en un coto de caza al que se desea a toda costa acceder para repartirse el botín, un botín de dinero y privilegios que crece cuanto más Estado y menos mercado existan.

Esta es la razón por la cual los obstáculos para el progreso están en los incentivos que provoca un Estado cada vez más grande porque agranda la torta de la redistribución de dinero, pero no para la creación de riqueza. La riqueza es obra de los individuos y las empresas que todos los días intercambian, elaboran proyectos  donde muchos fracasan y otros resultan exitosos, ahorran e invierten en los factores de producción para aumentar la producción y la productividad.

Pero como sabemos está visto que esta sencilla secuencia del progreso no es comprendida y sobre todo es rechazada por aquellos que prefieren un modelo diferente de sociedad, la saqueadora, la que les saca por la fuerza  a otros lo que produce  para así seguir viviendo a costa de los demás.

Para seguir manteniendo el actual estado de cosas caracterizado por aumentar todavía más la presencia impositiva sobre la gente, elevar el endeudamiento e impedir zonas de libre comercio (duty- free shops en la frontera) es un permanente deseo de los saqueadores de la riqueza ajena, políticos y burócratas, algunos de ellos incluso con buena formación técnica para elaborar ideas antojadizas que terminan en rimbombantes teorías cuyo objetivo final es meterle la mano en el bolsillo de sus prójimos.  

Esto último es lo se ha dado en estos días. Desde el Ministerio de Hacienda, y en específico el vice ministro de Tributación se opone a toda forma de comercio con mínimos impuestos (duty-free shops) en la frontera porque considera que el perjudicado será el Estado y sus ingresos fiscales.

Esta supina y descabellada pretensión que, por cierto, tiene sus aliados en el sector privado es la prueba que las malas ideas se siguen imponiendo en Paraguay, aunque también es la muestra de la entereza y laboriosidad de la gente que hace avanzar al país  pese a los obstáculos puestos por sus mismos gobernantes.

La cuestión es hasta de sentido común. El Estado es un estorbo, una molestia cuando se inmiscuye en cuestiones que las propias personas bien pueden llevar a cabo por sí mismas, colaborando con las demás, siendo ésta la base de la filosofía de la libertad en la economía.

Si la gente trabaja e invierte en libertad, la producción y la productividad aumentan, con lo que también el Estado eleva su recaudación y cuanto menos sea el porcentaje impositivo es mejor para todos, como en efecto se ha demostrado desde la Curva de Laffer.

Pero mientras los gobernantes sigan propalando mentiras y premisas falsas como las que intentan detener la libertad económica,  el status quo seguirá orientando a la gente como veletas. Y esta perniciosa práctica es que se ha venido a convertir desde la Independencia, en especial desde la dictadura de Francia, es el principal obstáculo para que el Paraguay se convierta en un genuino milagro económico porque aquí tenemos todos los activos estratégicos para lograrlo.

De lo que se carece es de suficiente liderazgo con ideas renovadoras expresada en voluntad firme de respetar a cada hombre y mujer de este país, al individuo,  sin importar si es rico o pobre, sabio o ignorante, en donde prime la igualdad ante la ley en plena garantía a los contratos y la propiedad privada. Este es el fundamento de: Paraguay, el milagro económico posible.

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