El Parlante

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Opinión Política

Platón en los suburbios

Las teorías políticas de manejo de una sociedad han sido y son un tema recurrente a través de los tiempos, con el estudio de la filosofía platónica se han puesto a prueba varias formas de gobierno y descartado otras tantas, en su conocido libro “La República”, Platón plantea ciertas reflexiones sobre el manejo de una sociedad “ideal” desde su punto de vista, dichas ideas deben ser interpretadas teniendo en cuenta el contexto social de la época del autor, pero a pesar de la diferencia cronológica y contextual, algunos de sus pensamientos relacionados al manejo social aun se pueden ver reflejados en gobiernos actuales y no tan actuales.

Poniendo en tela de juicio los años 1989 hasta 2018 aproximadamente, (casi treinta años de transición democrática) de la república del Paraguay, si bien son tiempos diferentes e ideologías totalmente opuestas en la mayor parte de los casos comparables, de igual forma, son concebibles, similitudes llevadas a cabo probablemente inconscientemente, por los individuos en el mando de aquel tiempo con respecto a lo que hemos sufrido los paraguayos con estos gobiernos “democráticos” sucesivos, en que se priorizó la mediocridad, antes que la excelencia en el cargo público.

Imagen: Busto de Platón. Esta pieza data del siglo IV a. C. y es una copia romana de un original griego. Actualmente se encuentra en el Museo Pio-Clementino del Vaticano.

Platón propone un pensamiento que implica la idea de un gobierno centrado en el logro del bien común, es decir, el pueblo debe ser la prioridad en cuanto al bienestar básico, y menciona de la misma forma, que la sociedades “son esencialmente complejas”, lo cual implica, que una vez cubiertas las necesidades básicas de supervivencia, la Polis tiende a considerar otras necesidades y aspiraciones, ahora bien, contrastando estas reflexiones en específico, con los hechos ocurridos en el año 1989, (el 2 y 3 de Febrero en el Paraguay), se pueden distinguir las primeras disparidades con la idea del equilibrio propuesto por Platón, la población se reveló (principalmente la mayoría del ejército comandado por el Gral. Andrés Rodríguez) contra el mandatario principal Gral Alfredo Stroessner, por innumerables razones, desde violación de derechos humanos hasta la privación de la libre expresión (incluyendo medios de comunicación), lo que refleja claramente que una sociedad no está únicamente orientada a la satisfacción y producción de bienes con el fin de cumplir con las exigencias más comunes, sino que también, debe organizarse para expectativas más amplias.

En este punto se puede mencionar como algo reiterado en todas las comparaciones, ya que resulta imperativo para la comprensión, el contexto social de la época, los derechos humanos y la expresión de cualquier tipo, no eran considerados como “necesidad básica”, al menos no, por los individuos en el mando, necesidades que hoy en día sí son consideradas como tales para cualquier individuo “democrático”, de una forma u otra, estos hechos marcaron un antes y un después en el concepto de bienes y bienestar para la sociedad paraguaya muy acostumbrada a bajar la cabeza ante cualquier imposición de sus gobernantes.

Otros pensamientos platónicos que pueden ser aplicados, a modo de comparación con el gobierno paraguayo en estos últimos casi treinta años y la actualidad son los de los guardianes, a los cuales se los conoce como el ejército en la época “contemporánea”.

Según Platón, los gobernantes deben tener una educación similar, y comenzar sus cargos como tal, lo cual afirma la constitución paraguaya y agrega esta última, que es imperativo para ciertos cargos, incluyendo la presidencia de la república.

Esto representa una similitud minúscula con la teoría del filósofo en cuestión, pero en cuanto a su pensamiento sobre el deseo nulo de los gobernantes hacia su cargo, allí se presenta una gran disparidad, una clara sed de poder y avaricia se observa en la mayor parte de los lideres políticos a cargo de la nación en desde aquellos años, hasta la actualidad; sus acciones revelan que sus pensamientos no precisamente apuntaban a que tenían el conocimiento de que eran los únicos que podían gobernar correctamente, y que tenían el deber de hacerlo, lo cual sería lo ideal según Platón, desde el punto de vista de la preparación y las capacidades naturales.

“El bien de la sociedad debe estar por encima de los bienes individuales o grupales”, al mencionar a un grupo en esta premisa, se describe a un grupo de personas al mando que puede “enriquecerse” gracias al pueblo, lo que es inaceptable para el logro del equilibrio mencionado en las citas platónicas.

La cantidad de reclamos de la ciudadanía paraguaya hacia la corrupción de los mandatarios fueron y son algo inconmensurable, bienes que no pueden ser justificados con el trabajo que corresponde a los cargos ocupados por dichas personas, y que se van repitiendo a medida que pasan los gobiernos, incrementando la desconfianza hacia la clase política; bienes que benefician a sus familias y personas cercanas, lo que también contradice una vez más otro pensamiento recurrente: “Para que los gobernantes y guardianes defiendan el bien común, no deben poseer nada propio, es decir, intereses familiares”; esto puede considerarse extremo teniendo en cuenta el contexto histórico, como siempre, pero puede tenerse en cuenta el bienestar grupal, específicamente de los gobernantes a través de su trabajo y no de los bienes sociales externos a su cargo.

La teoría política de Platón representa un ideal, una utopía que se repite a lo largo de los siglos, pues tiene que ver, no con la fuerza ni las capacidades de un grupo privilegiado de la sociedad, sino de un programa esencialmente educativo, que refleje la cultura y la tradición de la sociedad de que se trate, premisa básica, para construir la sociedad del futuro, con igualdad de oportunidades, libre expresión, libertad con responsabilidad, entre otras cosas, algo, que a partir de la Reforma Educativa, de los años noventa del siglo pasado, parece esforzarse -a toda costa-, para ir en sentido contrario a crear las bases para que el germen de la buena gobernanza, pueda asentarse en las ambiciones políticas de nuestros representantes. Por el momento, no vemos las intenciones reales de una verdadera revolución intelectual, necesaria explosión, para un cambio favorable al bien común.

Platón seguirá campante, en los suburbios del Paraguay, sin que nadie le preste la debida atención.

Editado y corregido por GO.

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