¿Por qué Parasite es la mejor película de los Oscar 2020?

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¿Por qué Parasite es la mejor película de los Oscar 2020?

Porque es una fábula del bien y del mal como las truculentas historias que hemos digerido a lo largo de nuestra vida y con los cuentos de nuestros padres. Es el eterno dilema entre el bien y el mal, entre el falso optimismo del “todo irá bien” o “no hay mejor mundo que éste” al pesimismo de “todo está mal” o “no hay esperanzas para los pobres”.

Poster oficial de la película. IMDb

Porque la película a medida que transcurre en sus escenas finamente elaboradas muta, la resultante es que al inicio esa lucha de bien contra el mal, de pobres contra ricos, de poderosos contra desvalidos se concentra en un precipitado desopilante donde la vulnerabilidad ya no toca de lleno a solamente una parte de los insólitos personajes, sino a todos, completamente incluidos en el tragicómico desenlace que dista mucho de los finales felices.

Es el premio a la excelencia, a la capacidad de vernos a nosotros mismos en esa indiferencia sociocultural que plantea Bong Joon Ho, gran ganador de la gala de los Oscar, pero que ha obtenido a lo largo del 2019, el mejor premio de todos, ser reconocida como una película superior, por los espectadores. Parasite es la ganadora porque se convierte de fábula en realidad.

Vayamos de a poco.

Bong Joon Ho. Deadline.com

«Standing in line, marking time
Waiting for the welfare dime
‘Cause they can’t buy a job
The man in the silk suit hurries by
As he catches the poor old ladies’ eyes
Just for fun he says, «get a job»
».

Bruce Hornsby and The Range – The Way It Is.

Este verso extraído del tema musical del grupo de Bruce Hornsby tiene mucha carga filosófica, un criterio estético definido por los problemas sociales que aquejan a las sociedades más desarrolladas, y cuando nos referimos a “estético”, evidentemente hablamos de la estética como la consideran Adorno, Benjamin, Heidegger y Gadamer, no más, porque como buen samaritano de los libros y de los autores, me place entender que no se debe entender todo ni que se debe leer de todo, solo lo necesario para abordar ciertos problemas con el rigor que el gusto y el buen juicio, (la misma cosa) puedan producir en los espíritus curiosos.

La música traduce una búsqueda de los gobiernos alrededor del mundo sean de la extracción ideológica que sean, provengan de donde provengan sus gobernantes o los gobernados, el problema de darle un poco más a los que no tienen ha cabreado los espíritus filosóficos y ha sido pasto nutritivo para la manipulación de los políticos sin escrúpulos y la hipocresía de las sociedades que no saben ni quieren resolver estos problemas modernos producidos por el desarrollo descontrolado y el consumo recalcitrante.

El problema de la pobreza y de los pobres

Un tema de nunca acabar que va en franco aumento, a pesar de las estimaciones positivas que se tienen con respecto a otros tiempos y épocas, donde hasta llegaban las personas a practicar el canibalismo por falta de alimentos, recordar el Holodomor en Ucrania y China, con los programas soviéticos y comunistas para la re-distribución de las tierras y la alimentación de la población o la hambruna en Alemania luego de la primera guerra mundial y el pacto de Versalles.

Pero no quiero hablar del tema en sí, ni de la historia universal del siglo veinte, cargado en momentos trágicos y situaciones engorrosas que no queremos recordar, aunque vale hacerlo siempre, para entender qué estamos haciendo mal y es que como el verso de la música lo describe: “Algunas cosas nunca cambiarán” pero a continuación completa de manera elocuente, “Así son las cosas, pero no les creas”, es decir, tienes que dar un paso al costado de la negatividad y pensar de manera esperanzadora, aunque, y repito esto, aunque el precio sea demasiado oneroso para nuestras conciencias.

La película

Película que me gustó bastante y que tuve ocasión de verla con detenimiento, entre risas y un jolgorio de violencia contenida en la mismísima pluma intelectual del gran director coreano Bong Joon Ho, este verdadero maestro que supera con creces al tan mentado y poco más que aburrido y repetitivo, Quentin Tarantino.

Pero sin entrar en detalles y en comparaciones que resulten odiosas, sí, es claro que estoy utilizando epítetos y frases repetidas una y mil veces, pero es lo que hay, aunque no me creas.

En fin, quisiera hacer una comparación eso sí, entre las situaciones cotidianas que se dan en los países desarrollados y en países como el nuestro, sí, y es que las realidades tan diferentes podrían hacernos pensar de que solamente en nuestro país, atrasado y sub-desarrollado, con una gran tasa de corrupción en las esferas públicas y con una gran industria de la politiquería más cruel y el caudillismo más patético, tengamos el tiempo y las ganas como para diseccionar esta parte que no queremos ver ni queremos recordar y mucho menos, desde los gobiernos sucesivos, enfrentar.

La indiferencia, ese demonio posmoderno

La indiferencia social de los ricos con respecto a los pobres. Las falsas muestras de conciencia social sobre las personas de extracción humilde. Cómo ante eventos adversos o situaciones disímiles, los pobres, siempre actuarán de una forma y no de otra.

Fortune.com. PARASITE, from left: CHOI Woo-sik, SONG Kang-ho, 2019. © Neon / courtesy Everett Collection

La violencia y el resentimiento de los pobres ante la opulencia de los ricos y su estado de superioridad. Los ricos tienen lo que tienen, no por ser ingenuos, idiotas o burros, sino todo lo contrario. Las elites se conforman de los universitarios y las familias tradicionales, aquí y en China, con la excepción de que en China las familias tradicionales fueron destruidas por la revolución de Mao y se re-conformaron las castas familiares a partir de los miembros del PC. El odio de clases y el resentimiento con los políticos: enfrentamiento entre capitalismo y comunismo (en el buen sentido)

Es evidente que una crítica a la trama de la película puede estar estructurada desde la cosmovisión marxista de la historia pero adolece ella, de un sustrato común, a toda buena crítica, hoy en día, ser pobre o ser rico no depende exclusivamente del Estado, de las ideologías o de cualquier otra “fortuna” que pueda proveernos el imponderable sino, el estado de riqueza o pobreza depende de cada uno, ya que las oportunidades para triunfar nunca fueron las mismas cuando la monarquía gobernaba todos los estados del mundo o cuando la Revolución Industrial alivianó el camino de los nuevos ricos, aquellos que no provienen de familias aristocráticas sino los que a fuerza de ingenio, inteligencia, ideas innovadoras y creatividad consiguen hacerse con el dominio del mundo. Incluso una crítica así, caería dentro de la estética de lo “necesario” de lo “práctico” de lo que realmente “hace falta”, no de aquello que “sobra” o no es necesario mostrar. Esta posmodernidad está hecha y derecha para los ingeniosos y los que aprovechan las oportunidades. ¿Qué significa esto? ¿Significa que los pobres lo son porque no trabajan lo suficiente, porque no piensan concienzudamente, porque no miran el porvenir con precaución, porque subestiman a la propia pobreza culpando a los ricos de sus fracasos y cruel situación? ¿Acaso el estado de vulnerabilidad no embota la propia conciencia, no construye un pensamiento asegurado en la pata deforme de la mesa capitalista? Son preguntas que deben ser respondidas en otro lugar, pero podemos acercarnos a decidirnos por algunas frases inconexas.

El pobre es pobre no porque no tenga oportunidades sino porque quiere serlo, quiere seguir siendo pobre, le interesa más lo que el Estado pueda proveer antes de lo que él mismo pueda hacer para salirse de esa situación de pobreza. Los Estados ejercen una coerción que dispersa toda oportunidad para que los pobres puedan salir de su estado calamitoso, porque con los planes sociales destruyen la creatividad y la imaginación. ¿Por qué ofrecemos esta cara de la moneda?

Simple. Al Estado y los políticos que lo conforman no les interesa solucionar esta problemática de la pobreza porque ellos se enriquecen a costa de las necesidades del pueblo, el proletario sirve más como oveja que arroja en el matadero eleccionario sus conciencias con los votos comprados por vaka´i y packs de Conti, no solo aquí ocurre esto, ocurre en todo el mundo. Desde las sociedades más poderosas hasta las más débiles como la paraguaya. Comprar conciencias es más fácil que ayudarlas desinteresadamente y las conciencias de los seres humanos vulnerables son débiles por una sencilla razón: la falta de una buena nutrición que alimente la inteligencia.

Indie Wire.com

Los pobres solamente quieren una cosa en la vida, el buen vivir. No se conforman con mucho, apenas con lo que los convierte en hombres “felices”, en nuestra sociedad los pobres necesitan su TV LED con cable, su cervecita nocturna, su mujer con muchos hijos, fútbol, su equipo de sonido para escuchar cachaka pirú, su Smartphone y un lugar donde cagar, un lugar donde dormir al fin de cuentas, pero ni siquiera eso, porque lo que mencionamos es El Dorado del pobre paraguayo, no quiere más, no ambiciona más, porque no piensa, si lo hiciese, se convertiría en un parásito o peor, en un líder sintecho o campesino sin tierra ¿será que los bandoleros, ladrones de poca monta piensan? Habría que preguntarles pero hace poco en un matutino salió un comentario esclarecedor de un motochorro que se quejaba porque no “hay efectivo en la calle” y ya no se puede “robar como antes debido a la inflación”. Más que esclarecedor, brutal, salvaje, violenta forma en la que chocamos con la realidad.

La planificación tanto familiar como estatal, nunca sirvió. Las sociedades se rigen por planes, la planificación será tal vez el peor invento del socialismo, una economía que alimenta los bolsillos de los más poderosos e iguala a los menos favorecidos para mantenerlos a raya sin ambiciones, por la eternidad que dure el gobierno. Las recetas estatales nunca han funcionado porque su “funcionalidad” radica en colocar parches donde haga falta, jamás solucionar ni siquiera amenazar con hacerlo.

ABC.com

Y los ricos que cada vez se hacen más ricos y los pobres que cada vez se hacen más pobres, están satisfechos con los planes de cada gobierno que sube al poder, independientemente de a qué bando pertenezca. Es imposible provocar esa revolución que solucione el problema de la pobreza pero no improbable, el “ajuste de cuentas” es mermar la facilidad con la que se reproducen los seres humanos o colonizar la Luna porque será difícil mantener las reservas alimentarias del mundo si sigue el ritmo acelerado de la procreación a este nivel actual. Afortunadamente hay respuestas a esto con la biotecnología para la mejora de los cultivos de los alimentos para hacerlos más resistentes a las acciones climatológicas y de esa forma, cultivarlos durante todo el año, independientemente de las estaciones pero esto no puede continuar así. Ya llegó el momento en la actualidad en que lastimosamente los pobres son más que los alimentos que se puedan cultivar para dar abasto a todos. La hambruna y las necesidades crecen y los gobiernos y sus famosos planes también, pero no se halla la solución posible a la vuelta de la esquina. Todo ello se plantea en una reflexión aproximada de lo que se quiso mostrar en Parásitos y aquí la famosa frase que engloba toda la superestructura formalizada en el film por Bong Joon Ho.

“El mejor plan es no tener ninguno”, el protagonista principal de esta famosa frase es Kim Ki-taek, es sin duda, el mejor para proferirla y el único, está en su madurez, ha visto cómo ha convertido su país la intemperie y la adversidad en oportunidades de desarrollo científico, tecnológico, económico, social y como el constante cháke, el peligro inminente de una Corea del Norte militarizada y dueña del átomo imprime en los coreanos esa naturaleza especial que hace de ellos personas que viven preocupadas por el peligro y  ocupadas en prevenirlo, una sociedad como la coreana del sur, acuñada bajo la tutela de la prevención en contra de su vecino beligerante es sin embargo una muestra de que la planificación estatal llevada a cabo por manos inteligentes, pueden llevar a los mejores resultados, los planes económicos, principio y final de todo gobierno que se precie de serio y ocupado en dar a sus ciudadanos mejores condiciones de vida fue apoyado directamente por una de las potencias emergentes del siglo veinte, EE.UU., y es evidente, que esta circunstancia, que casi cincuenta años después, promueve en el imaginario colectivo occidental la señal inequívoca del éxito mediante la experiencia norteamericana, pretende destruir todo vestigio que sobre en la esperanza en la economía planificada de los soviéticos, a todas luces, muy rancias y ante las cuales, la historia se encargó de defenestrar toda aurea de utopía y realidad optimista en el sistema que idearan Lenin y Stalin para convertirlos en realidad y absurdo pesimista que niega cualquier éxito que no tenga como base y fundamento ulterior el dominio sobre los más débiles, el control total de los medios de producción y la total falta de compasión sobre los menos favorecidos, es decir, los pobres, contradicción histórica que marcará tanto en sociedades donde reina la dictadura como en sociedades donde reina la democracia la misma y única respuesta: pocos ricos, muchos pobres.

Así las cosas los protagonistas de Parásitos tienen un truculento plan entre manos, una estrategia para hacerse del control de los medios de producción de la familia acaudalada; su ignorancia, su superstición, y peor, su indiferencia social. Pero el mejor plan es saber que la fortuna no siempre está de tu lado, hay que invitarla a participar de tus planes de la mejor forma, es decir, con una estrategia que administre de manera efectiva tus errores y las fases en que los planes se salen de control. Pero el mejor plan para los parásitos no es aquel que “funciona” sino aquel que justamente no lo hace porque allí reaccionan de manera instintiva, salvaje, sin pensar, solo actuar, solo hacer, no dejar hacer ni dejar pasar sino todo lo contrario y aquí la fábula se convierte en la realidad cotidiana de todos los hombres poco brillantes, de la mayoría de la humanidad. Queda preguntarse ¿por qué esto es así? Difícil responder esta interrogante. Poblaciones en situación de vulnerabilidad, estado psicológico de las mismas. La vulnerabilidad de la época moderna, ¿mejor o peor que tiempos idos?

Estafas cometidas contra los ricos, ricos burlándose de la condición de los pobres por su olor y su ¡ingenuidad!, siendo ellos los primeros en caer en el pecado de la ingenuidad sin siquiera investigar los acontecimientos ni sospechar sobre las acciones que desencadenan los despidos y las contrataciones, menudo nudo. Pobres nadando en la mierda luego de una lluvia torrencial.

IndieWire.com

Cuando sale mal no hay necesidad de hacer nada, cuando salen bien, es lo que hay y siempre ha sido así porque hay cosas que nunca cambian. El slogan que puede resumir la película. “El mejor plan es no tener ningún plan”.

Un ligero guiño a Kusturica y su peculiar “búnker”

El bajo de las grandes ciudades se encuentra bajo una lluvia torrencial, los raudales que se convierten en rápidos de un río embravecido, los semisótanos donde duermen ratas de alcantarilla que procrean hasta explotar, parecido con «Underground» de Kusturika, en cuanto a la carga cómica y trágica.

El búnker en una mansión ante la amenaza de un ataque nuclear por parte de Norcorea era la máxima de los arquitectos contratados por la gente que estaba un escalón más arriba a nivel social en Corea del Sur, luego de la guerra de las Coreas, el constante peligro alentaba el apego a una vida de prevenciones donde el riesgo inminente ha sido gestionado y administrado de manera eficaz por aquellos que piensan en el futuro real y plausible antes que en la utopía del “todo irá bien”.

Emir Kusturica nos mostró todo lo que puede pasar y lo que no puede pasar en un búnker, en una vida alejada de la realidad que otea entre los restos del pasado y el criminal desenlace de los que se niegan a salir al exterior, por miedo a su propia caricaturización por las nuevas generaciones, que no han vivido ni sentido lo que siente o vive un marginado social, esposo de la Ama de Llaves del gran arquitecto que puso en pie esa majestuosa mansión; ahora Bong Joon Ho, nos coloca desde esa vera del camino, en el margen de lo entendible y lo inteligible, sopesando de manera categórica y eficaz la semblanza diferencial entre el habitante alejado del mundanal ruido y los que de arriba, vuelven su mirada sorprendida sobre los pasos de un fantasma, de un espectro de la sociedad capitalista, un hombre fulminado por las deudas adquiridas tras la quiebra de su negocio.

Moon-gwang y Geun-se,el matrimonio que disfrutaba de la mansión con tranquilidad y sin «cruzar la línea». IMDb

Geun-se, un hombre que se comunica “sin decirlo” y sin importar que el dueño de casa lo sepa, por clave Morse para manifestar su existencia en forma de agradecimiento, un agradecimiento que se debe no a la generosidad de los nuevos habitantes de la mansión sino a la falta total de curiosidad y a la necesidad de “descubrir” todos los vericuetos de su nuevo hogar, porque todo, según el Padre de Familia, tiene que tener un sentido, ofrecer una respuesta, cubrir una necesidad y el resto, no importa.

A nadie le interesa lo que pasa en el búnker, después de todo, pasa tanto tiempo como en la película de Kusturica como para que los demás se den cuenta de lo que hay escondido tras la hiperrealidad fantasiosa de los nuevos dueños de la casa que no creen que el niño haya visto un habitante que no pertenece a su familia sino que debe ser indefectiblemente un fantasma, porque se niegan a descubrir lo que se esconde abajo, en el almacén, a nadie le interesa lo que pasa con los de abajo pero los de abajo siempre deben interesarse con las estupideces y la parafernalia de los de arriba.

Esta parte es simpática, demuestra lo mucho que se ha descascarado la familia a nivel mundial ya que no pretende negar solamente las ideas o pretensiones de los infantes sino que además, los colocan en un sitial que no les corresponde, se los denomina “especiales”, “niños genios”, “superdotados” que agotan su aburrimiento inventando historias divertidas que asustan un poco a los padres para luego resultar en una maquinación compartida porque “así son los genios” y esto claro está, abordado y profundizado con los psicólogos vendehúmos, no aquellos que tratan estas cuestiones de la personalidad de un niño desde el sentido común o de lo más valedero, real sino desde el punto de vista de la locura y el desquicio o la hiperactividad, que es utilizada a su favor con maestría única por la nueva institutriz Kim Ki-jung, en fin. Los niños dicen siempre la verdad, ese es un hecho que no merece ser correspondido con ningún comentario.

Daily Sabah.com

Las sociedades modernas crean parásitos con las ayudas sociales. La fumigación de las zonas bajas por los gobiernos, matar a la mayor parte de los pobres que al final abarrotarán los hospitales públicos debido a la intoxicación por parte del gobierno como una cadena ininterrumpida de acontecimientos que genéticamente, mutan a las nuevas generaciones de parásitos que cambian de piel pero siguen siendo los mismos, repitiendo los errores de sus antepasados, después de todo, está en la sangre, en los genes no poder salir de ese atolladero de la pobreza y los gobiernos hacen la vista gorda o miran a otro lugar, para evitar pensar en las soluciones, es un negocio lucrativo la pobreza pero la vulnerabilidad tiene patas muy largas a diferencia de la mentira, porque termina por rozarnos a todos cambiando nuestra percepción de la realidad de acuerdo a nuestra ideología o fanatismo, nuestra fogosa forma de ver al mundo o la presión ejercida por el entorno que funde cualquier pensamiento ulterior con los miedos más infundados: “el pobre es marginal y los marginales quieren la muerte de los ricos” o cosas peores como ésas.

Cómo la tecnología llega a todas partes y es utilizada como un arma de doble filo

Noticias SIN.com

Por un lado, para los inteligentes como la hija de la familia, Kim Ki-jung sirve para provocar grandes estafas y mentiras.

Ki-jung crea un mundo virtual imposible con la facilidad de los hackers, recrea lo que se le ocurre necesario para justificar sus acciones posteriores, ella tiene el fuego de Prometeo, es la que consigue ser la más realista de la familia, los padres ya están muertos, para ellos no hay paraíso, pero para ella, hay oportunidades, y la encuentra y la aprovecha con tanta voluntad de poder que ya hasta resulta cómica su presencia.

Por el lado de la ama de llaves del gran arquitecto, como una base para denunciar a los parásitos que le sacaron el empleo y casi dejaron morir a su marido de hambre. El whatsapp, los estados de facebook o de otras redes sociales.

La roca que se aferra a la vida del joven

Hollywood Reporter.com

El joven Kim Ki-woo recibe una roca de su mejor amigo antes de viajar para estudiar en la universidad. Hasta ahí, nadie puede sugerir siquiera que la roca sea la materia que ejerce un poder misterioso en la familia, según Ki-woo, que se aferra a esa roca, causa de la tragedia familiar.

La roca, aquel testimonio de cuantos han aferrado sus sueños y deseos más recónditos a la banalidad del momento, de la coexistencia con la inconmensurable discriminación que existe con la pobreza en sí misma y que entra a la vida de la familia mediante el mensajero de los dioses, el Hermes, que dejará la Isla de la pobreza para adentrarse en ese otro mundo que es la universidad, éste Hermes moderno que anuncia la adversidad futura. La roca termina siendo el comienzo y el final, es el salvavidas pero también el lastre que hay que liberar para olvidar.

Ello ocurre cuando Ki-woo deja la roca en el arroyuelo, la fuerza de esa imagen resalta la importancia de que la existencia humana está plagada de malos presagios, de fracasos y el peligro constante de morir por cualquier enfermedad o situación poco feliz, de entender que la vulnerabilidad no se trata de que vivamos desprovistos de las cosas materiales que provocan felicidad pasajera o de amistades que nos dejan en los momentos difíciles, no resultando en amistades propiamente dichas, pero sí de aferrarnos a ese algo que se esconde en el augurio futuro, en esa chispa de esperanza de que a pesar de todos los pesares, no hay mal que dure mil años.

Aferrarse a la vida, cuándo no, el humano tormento ha presagiado su propia muerte próxima pero aún así, siempre encuentra algo a lo que aferrarse para no salirse de esta vida tan rápidamente, para morir con altura, de manera suprema, sublime, humana.

¿Quién pierde y quién gana en esta batalla entre parásitos y huéspedes?

Associated Press.com

Los parásitos son un mal común en los seres humanos y es que desde nuestra perspectiva, una lombriz, un gusano, bacteria o virus representan cosas imposibles de existir pero que existen, ya que los “vemos” a través de los achaques a nuestra salud que se debilita a media que ellos se van reproduciendo y colonizando todos los órganos vitales de nuestro cuerpo.

¿No es acaso éste el verdadero espejo en el que debe verse reflejado el ser humano, parásito de la fortuna y del viento que lo arrastra hacia los lugares insospechados donde actúa conforme su propio beneficio y a costa de otros seres humanos? ¿No es acaso ésta la forma más caricaturesca de reprender al amor moderno, ese amor escudado en el dinero y las posesiones y no en el respeto y el gusto por el otro, el próximo a nosotros que no somos nosotros?

Tal vez sí, pero el amor es simplemente un actor de reparto más en Parásitos, porque cuando chocan esas dos civilizaciones necesariamente debe existir un ganador y un gran perdedor, no cualquiera, sino el PERDEDOR.

Aquí la fábula acontece tal y como debemos entender el mundo cuando hacemos lo que no debemos hacer, la moraleja es que «Ante la duda de si una acción es buena o mala, abstente de realizarla».

CiakClub.com

Si tienes dudas sobre una acción, si es buena o mala, mejor no la cometas, esta sabiduría milenaria proveniente de Zoroastro, cuando no, oriental, nos describe las situaciones en las que se enfrasca el genio humano, una planificación para el robo sistemático, para el buen vivir a costa de otros como ellos, trabajadores que se ganan la vida sirviendo, para el despilfarro, porque otra cosa no puede caber en el cerebro de los pobres, y en esto el director se arriesga mucho ya que los pobres a pesar de la planificación no pueden pensar más allá que en el día a día, en lo que deben hacer para que a la noche tengan su recompensa, su botella de Pilsen Ñoño, su cerveza importada Ouro Fino o Conti, y así, al día siguiente no recordando nada del día anterior, volver a repetir ese eterno retorno hacia la planificación para la obtención del Olvido, nunca para el ahorro o para la mejora sustancial de la vida personal y de la familia sino solo vivir el momento.

He aquí algo interesante, un punto muy diferente desde el que se enfoca esta problemática, Montaigne felicitaba la vida de los hombres rurales, rudos, fuertes y trabajando todo el día, no se preocupaban demasiado de las cosas profundas de la vida ya que no las entenderían y tampoco, estaban interesados en preguntarse por el día de mañana ya que no era práctico hacerlo. La visión de Montaigne también reprime los impulsos de Voltaire al hablar de la gente común, por su inoperancia, su negligencia o su falta de interés por los problemas morales del hombre, por una simple razón, la no practicidad de plantearse esas preguntas y divagues filosóficos, cuando el hambre golpea el estómago.

La mayor violencia no es la que se infringe en otro ser humano o animal, sino aquella que te hace encajar donde no encajás ni encajarás jamás. Querer encajar se resume en la búsqueda de los trashumantes modernos, querer pertenecer a un grupo social o mejorar la calidad de vida de manera material cuando la espiritual, la que realmente importa, no da abasto, no sirve o ya está completamente asolada por la dejadez y la negligencia personal.

La lluvia, el elemento natural del desastre, la zona baja, la inundación con aguas residuales. La destrucción de las casas de esa pobre gente. El rescate en el gimnasio de la ciudad. La falta de comida para cubrir las necesidades de todos los damnificados.

Culto – La Tercera.com

El trance en el que entra Kim Ki-taek al sentir que su hedor a pobreza mezclada con los deshechos, desperdicios y cloacas de toda Corea incomodan a la “patrona” que abre la ventana en gesto de asco, produce el detonante esencial que dispara la serie de acontecimientos funestos para cada una de las familias implicadas en este ardid del destino.

Song Kang-ho que dio vida al detective policiaco impíamente negligente en “Memorias de un Asesino” Park Doo-man pero con ganas de aprender, se luce con gran prestancia en lo que vendrá después como el azote de Dios, el mal que se libera para castigar a los pecadores, a los indiferentes de la sociedad opulenta que mira de reojo a la puerqueza social con la que no quieren mezclarse, pero de la que no pueden prescindir para las labores cotidianas.

La historia de los parásitos es la misma siempre, no cambia, nacen, se reproducen, mueren. La de los ricos no siempre es la misma, aunque tienen muchas semejanzas por lo general se dividen en varios tipos, los ricos que por herencia se sustraen del mundo y se van carcomiendo, degenerando hasta desaparecer sin que se den por enterados, es la peor calamidad, los que por el fruto del esfuerzo y el trabajo sumados a una inteligencia para los negocios perspicaz y avanzada se hacen con el poder, de esa forma adquieren el bien más preciado, la independencia, y por el otro lado, los nuevos ricos, aquellos que se apoderan literalmente de las ganancias de los contribuyentes a través de los impuestos y se convierten así en los dueños y señores de los países subdesarrollados o en vías de desarrollo, como el nuestro, Paraguay, lugar plagado de políticos que con argucias y falsía, se construyen fastuosas mansiones a costa del pueblo que se empobrece más.

No hay vencedores ni vencidos sino parásitos menos numerosos y huéspedes que se han tratado con el fármaco adecuado para eliminar ese mal pero la simbiosis continúa en el recuerdo o a medida que se olvida a dónde se ha llegado con esta batalla; los huéspedes se lo buscan, su indiferencia e ingenuidad termina por destruirlos, los propios parásitos culminan su acción evangelizadora con su propia autodestrucción ¿qué dilema para el espectador, no?

El Antepenúltimo Mohicano.com

Ya no podemos apoyar o congeniar con ninguno de los dos grupos de protagonistas, los malos no eran tan malos y los buenos se convierten en demonios, que vuelven a su habitual vida, en las mazmorras de la modernidad, en el infierno de la pobreza y los malos, simplemente tras la pérdida, se mudan para sufrir posteriormente el mismo ataque parasitario. Y a la sociedad de consumo no le importa ni le interesa el destino final de los pobres pero sí, la tragedia de una familia exitosa que nada en la riqueza que fue asolada por la ambición desproporcionada de unos “pobres muertos de hambre”, de parásitos sociales.

¿Por qué a la sociedad no le interesa ni le importa la vida de los pobres? Pues porque como decía Voltaire en Cándido: “En todas partes, los débiles odian a los poderosos, ante quienes se arrastran, y los poderosos los tratan como a ganado del que se vende la lana y la carne”, los pobres son descartables, vienen en formas reciclables, sirven para trabajos forzados y para aprovecharse de ellos o burlarse (como en el caso del jefe de la familia adinerada Park Dong-ik) pero todas sus frivolidades son respetables y jocosas a excepción de cuándo “quieren cruzar la línea”.

El Antepenúltimo Mohicano.com

En este punto esencial no podemos dejar de mencionar lo que Byung-Chul Han viene diciendo en sus numerosos libros: la sociedad de consumo es una sociedad que vive en una colmena virtual, no real, este enjambre pervive gracias a las tormentas de mierda que no son otra cosa que las mentiras que se disparan de manera virulenta por las redes, pero he aquí, el director Bong Joon Ho agrega a esto algo especial, la tecnología “al alcance de las manos”, tanto para los pobres como para los ricos la tecnología sirve y mucho para hacer el bien o para hacer el mal. La mentira de esta sociedad de lo políticamente correcto se destruye cuando la ilusión se convierte en pesadilla y cuando conocemos realmente al otro.

Así es más fácil mentir descaradamente pero también convertir los defectos y las necesidades en oportunidades y posibilidades factibles de realizarse, todo depende del grado de pertinacia que tengamos con la tecnología “al alcance de la mano”. En esta posverdad no queda nada para nadie, incluso para los que se encuentran a camino entre los estados de la conciencia, el cielo y el infierno se unen en una sola sinfonía desastrosa que ubica al ser humano en su verdadero altar: el del vacío completo en una sociedad posmoderna, depresiva y necesitada de héroes y villanos, para romper con la costumbre del aburrimiento de un mundo “en paz”.

El regurgitar constante de la sociedad se transforma en la necesidad de ese choque. La fábula que teje el director surcoreano a través de un montaje maravilloso empleando los más sutiles impulsos de un guión ejemplificante y fastuosamente acertado es aquella donde el mal vence al bien, el bien representado por la simbiosis huésped/parásito y el mal, reflejado por la desintegración familiar en los dos bandos contendientes, una moraleja alejada de lo políticamente correcto, nadie sale vencedor, todos pierden algo por lo cual en el futuro, dejarán de ser lo que eran para convertirse en errantes, vagabundos de la vida, espectros o zombis si lo prefieren, muertos en vida sin ninguna esperanza, más que la que sale de una mente golpeada dos veces por una roca, o sea, de alguien disminuido que enfrenta la pérdida de otro ser querido con la ingenua fantasía de lograr tener éxito en la vida, algo imposible de mostrarse para el director Bong Joon Ho.

MDZ Online.com

El problema nunca fue el plan sino el pasarse de la raya, el “cruzar la línea” que no debía cruzarse, en querer parecerse a los ricos, en disfrutar borrachos de la felicidad que no podía ser para ellos, allí está el detalle nuevamente, el plan se sale de las casillas porque se cruza esa línea que no debía cruzarse, aquella que te dice que no debes querer ser lo que no eres.

¿Por qué triunfa el mal?

El mal aquí es simplemente el destino, la dejadez, la que rige con puño de hierro la vida de los sobrevivientes del plan maestro desintegrado, una familia integrada a pesar de las peripecias de la pobreza se desangra por la fastuosidad de su ambición desmesurada de quererlo todo, a pesar de no tener esperanzas de conseguirlo por las buenas; allí el mal triunfa, porque el mal simplemente refleja lo que el espectador sugiere mediante el desarrollo del film como solución al problema planteado por el director, espera, ya que la fábula nos lleva a creer en los milagros, cuánta desfachatez de la disneylización que busca siempre otorgar al espectador lo que busca, un final feliz, pero el final feliz se concentra en el sedimento que se diluye en el elemento natural que eclosiona en el desenlace, justo después que el nudo haya sido desanudado, la lluvia se encarga de desbaratar todos los residuos sociales que se van polimerizando a medida que el nudo se descascara frente al espectador.

En la escena del festín en la sala ajena, ante la ausencia del Estado, el Estado familiar, y los lleva en una corriente que se transforma a medida que el temor crece en un río caudaloso que termina por arrastrar a los protagonistas de la historia hacia ese hondo foso del olvido que representa el semisótano donde viven, allí, se las ven con sus propias acciones, escupidas, regurgitadas y excretadas por la cloaca del mundo, pues así se hallan ellos mismos como lo que son, consumidores de un desecho que ellos mismos se encargaron de crear; éste precipitado de odio, rencor, ignominia, situaciones desopilantes que solo pueden ser efectos de una causa común, la estupidez humana que no conoce atascos de ninguna laya, se esfuma a través de la esfumatura entre los aullidos de la gente pobre, la propia tragedia personal de los protagonistas, de los parásitos de la sociedad, que pernoctan todos los días esperando que todo vaya bien, a pesar de las circunstancias, de su propia realidad patética y brutal a la que la indiferencia de la sociedad opulenta se encarga de engordar.

El mal de esta forma se convierte en un bien y viceversa ya que ello implica el proceso natural por medio del cual el parásito se alimenta de su huésped, y lo que sigue es más o menos, la representación del cambio de roles y la función social de los pobres, de los ricos.

El huésped convertido en parásito social que consume lo que la moda capitalista impone se aleja de la realidad y vive en un ensueño, frente a ellos la otra orilla, es tan cercana como inapropiada, ¿por qué huelen así?

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Todos los pobres que viajan en el subte tienen el mismo olor a ropa hervida. Es un olor asqueroso que los ricos no soportan, pero he aquí la misión más importante del film y es que los ricos no saben de la existencia de los pobres, sencillamente porque los pobres no pueden existir, ¿cómo pueden existir personas hacinadas como en el siglo pasado viviendo de lo que los ricos arrojan a la basura? ¿No nos hace recordar a Cateura en Paraguay?

Quede allí todo lo que podamos mencionar sobre el filme de Bong Joon Ho, porque podríamos armar un tratado ya que las aristas que se plantean en todas esas dos horas de metraje son realmente alucinantes, propias de una de las obras maestras de este siglo veintiuno, tan carente de profundidad y vivido al extremo desde la irrealidad de las redes sociales, un espectador solo puede más que seguir aplaudiendo al menos, porque otra cosa no nos resta hacer, ante el imperio de la magnificencia de una película como ninguna en el 2019 que debería ganar todos los galardones mayores que existan, aunque, al ser premiada se convierta en mainstream, a veces, este tipo de obras, deben ser descubiertas por los iniciados porque popularizarla la convertirá en algo común y pasarán esas sucesivas premoniciones del espíritu que va descubriendo lo que necesita y le hace falta, a medida que avanza hacia el sin retorno.

De  esta forma, como habíamos mencionado brevemente en nuestra previa a los Oscar 2020, Parasite ganó el mayor premio de la Academia porque no solo es una fábula que relata las peripecias de los buscadores de “El Dorado” sino también porque enfrenta el bien y el mal, de una forma conmovedora y a la vez cómica, el relato de los pobres devenidos en ricos ante la ausencia de los dueños de la casa, la lucha entre especies de parásitos, unos que son los verdaderos dueños de la casa, son cultos y hasta simpáticos pero no imbéciles y los otros, que son todo lo contrario y que termina por destruirlos, el enfrentamiento directo entre pobres defenestrados y nuevos pobres con poder nos hace recordar a Sancho Panza “ese labrador vecino de Alonso Quijano, ignorante pero hombre de bien” y su ínsula “Barataria”, donde fue a retozar de gobernador ya que era su sueño irrealizable y a comportarse como un rey, pero fue tratado desde el primer momento desde su ingenuidad, como lo que era, un “campesino”  que “cruzó la línea de lo posible” y se encaramó de las mieles del poder que le confirieron los duques bromistas.

Final countdown

Los protagonistas pobres son tratados como tales por la realeza moderna, los ricos, justo cuando empezaban a tomarle el gusto a su ínsula que no representa otra cosa que el “desapego”, la propia indiferencia hacia su propia realidad, hacia sus necesidades, por ello, la alegría nunca puede ser verdadera en la vida de los pobres, más que el sufrimiento, la tortura por conseguir ese pedacito de pan, el esfuerzo calamitoso por conseguir algo que durará un suspiro de sus estómagos vacíos, llenos de parásitos. Parásitos es la mejor película del 2019 por muchas razones pero las más importantes para mí son estas:

Póster alternativo del Reino Unido para el parásito. Arte de Andrew Bannister. mubi.com
  • Porque el cine de autor sigue siendo el mejor, el que produce los avances o retrocesos, al decir de Jean-Luc Godard, «“El cine es como el fútbol: nadie duda en dar su opinión, en decir que es formidable o asqueroso. El cine es un arte mutante, que viene al final de algo, que es un signo de algo. Por esta razón el último capítulo de Histoire(s) du cinéma se titula «Los signos entre nosotros». Ahora todo el mundo puede decir: «Yo hago cine». Y la prensa añade por escrito: «Con las pequeñas cámaras digitales, todo el mundo puede llegar a ser cineasta». Pues bien, llegad a serlo, amigos.»»
  • Porque este tipo de cine nos deja optimistas ante la famosa estrella negra que se difunde por las redes sociales, hoy en día, de que el buen cine está muerto o pronto a morir; esto demuestra que quienes proponen esta disyuntiva están “afortunadamente” equivocados.
  • Porque desde Occidente se empieza a valorar el cine asiático o europeo, y se está dejando de lado a Disney y Hollywood, que se encargaron de manipular los corazones y la mente de sus espectadores por casi un siglo. Esto deja la posibilidad de que con tantas posibilidades dejadas al arbitrio del buen gusto y las elecciones apropiadas, cualquiera pueda ver buen cine y no precisamente el que nos vende Hollywood.

Bien por el buen cine, el cine que realmente importa.

Todas las imágenes son extraídas de IMDb y las que no, se indican las fuentes de dónde fueron compartidas.

Bong Joon HoKang-ho SongSun-kyun LeeYeo-jeong JoYang-kwon MoonHa-jun LeeSo-dam Park, y Jin Won Han en la entrega de los Oscar 2020. Getty Images

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Gabriel Ojeda

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