El Parlante

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Opinión

«Reinventate»: La aurora de la irrelevancia humana

No sabría asegurar si el “reinventate” es una tendencia global o es un argumento autóctono de aquellos que buscaban romantizar el desempleo que generó la crisis económica producida por el nuevo coronavirus. Sin embargo, considero que es el primer síntoma, el primer atisbo, de un problema aún más grande para la raza humana en este siglo: la irrelevancia.

Antes de abordar la cuestión de la irrelevancia humana, que estoy seguro que es lo que más captó la atención del lector, es necesario que abordemos la cultura del “reinventate”, muy en boga durante la última década, pero magnificada con esta pandemia.

El filósofo y ensayista surcoreano Byung Chul Han define la sociedad de esta época como “la sociedad del rendimiento”, una sociedad cuya máxima es el “yo puedo” o el “Yes, we can”, en la que el sistema neoliberal, según él, consiguió que la gente se auto explote pensando que se están realizando.

En esta sociedad, en la que la negatividad se elimina adrede para dar paso a una positividad abrumadora, da a las personas la noción de que el éxito sólo depende en proporción a cuánto lo deseamos conseguir, por lo que exige una sobreexplotación, un culto al rendimiento, que da lugar como tendencia actual a impulsar el rendimiento personal por todos los medios, lo cual deriva a una sociedad del dopaje.

El darse cuenta de que no se puede “poder más”, en la sociedad del “yo puedo”, genera sentimientos de inutilidad y por consiguiente una depresión que empuja a la gente a abrazar métodos, disciplinas, y hasta fármacos en pro de un rendimiento mayor.

El sujeto de rendimiento se encuentra en guerra consigo mismo y el depresivo es el inválido en esta guerra interiorizada. La depresión es la enfermedad de una sociedad que sufre bajo el exceso de positividad”, explica Han en su libro “La sociedad del cansancio”.

El hecho de que la argumentación del “reinventate” haya sido el mensaje que recibieron los desempleados casi en todos los casos, manifiesta que la sociedad del rendimiento se hará sentir con más fuerza en estas tierras.

Tal vez, esta cuestión tendrá efectos positivos para la economía, ya que el emprendedurismo será casi la única alternativa para los desempleados, pero no será a largo plazo, ya que, así como la gente se verá forzada a reinventarse, también lo hará la economía a través de la tecnología.  

Ahora, quien quiera “reinventarse”, debe encontrar alguna oportunidad de negocio o bien buscar los puestos “clásicos” de trabajo como cajeros, ventas, entre otros, que implicarían una instrucción breve o muy básica para poder realizarlos con eficiencia.

Pero el reinventarse constantemente es algo para lo que la psicología humana, tal vez, aún no está acostumbrada puesto que los cambios casi siempre resultan abrumadores para la psiquis del homo sapiens. Los cambios en la tecnología se dan a pasos agigantados y cada vez con mayor aceleración, y marcan cual brújula el curso por el cual la “reinvención” debe ir. No obstante, la pregunta es: ¿hasta cuándo podremos reinventarnos sin ser sobrepasados por la tecnología o abrumados por la depresión?

Yuval Noah Harari, historiador israelí y filósofo de facto, explica en “21 lecciones para el siglo XXI” que el advenimiento de la inteligencia artificial (IA) en la economía podría terminar generando “masas inútiles”, en el sentido de que las masas perderán su valor económico ante la imposibilidad para un ser humano competir con la IA en el futuro.

Muy al contrario de lo que aseguran filósofos como Slavoj Zizek, el capitalismo a causa de esta pandemia sobrevivirá y, necesariamente, deberá encontrar estrategias para que, a largo plazo, nuevas catástrofes similares no puedan causar los estragos que ésta causó al sistema económico. Y el factor a sustituir en este punto no será otro que el recurso humano, el único vulnerable a gripes y bacterias en toda esta estructura.

Harari indica que, si bien, la tecnología hasta el momento no ha podido sustituir al ser humano, puesto que con cada pérdida de empleos nacían otros nuevos, es muy improbable que esta suerte fortuita continúe favoreciendo a la raza humana.

Según el historiador, tal vez en la mitad del siglo XXI, a causa de los constantes cambios tecnológicos, una persona debería cambiar de profesión cada diez años, lo que significaría el adiós a las planificaciones de vida. Sería impensable en el 2067 suponer que si estudio mecánica o medicina podré dedicarme a eso toda mi vida, puesto que son los campos en los que la IA es más probable que termine venciendo a la capacidad humana.

La gran problemática que todos los gobiernos deberán afrontar, según Harari, es qué hacer con tantas personas “inútiles” para el sistema económico. Algunos consideran que sería la oportunidad dorada del surgimiento de sistemas como el comunismo, pero Harari se pregunta: ¿cómo podría este constituirse en un mundo donde el trabajador ha perdido su valor económico?

En este punto, explica que hay dos posibles alternativas, una renta básica universal (paraíso liberal) o servicios básicos universales (paraíso comunista). Sin embargo, considero que los dos solo representarían lo mismo: limitación, pérdida de libertad.

El humano irrelevante del futuro dependerá absolutamente en ambos casos del gobierno, lo cual no puede significar nada bueno ya que convulsiones sociales o hechos de corrupción podrían afectar al sistema y vulneraría a millones de personas que dependen de ello.

En Paraguay, el subsidio temporal “Pytyvo” es el ejemplo. La burocracia y la falta de transparencia de los recursos hizo que gente que necesitaba el subsidio no lo haya recibido en fecha o no lo haya recibido en absoluto. Ahora, imaginemos un “Pytyvo” de por vida. Terrible.

Si bien la Inteligencia Artificial podría dominar el mundo económico del futuro, la idiotez humana seguirá gobernando y manejando la vida de millones de personas, al menos hasta que incluso la IA sustituya al ser humano en la política, lo cual tampoco garantiza mejor porvenir para el humano irrelevante del futuro.

El “reinventate” de hoy será la historia de la irrelevancia humana del futuro.

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