El Parlante

Periódico Académico de Divulgación, Ciencia & Tecnología y Opinión de la Realidad Nacional, con óptica universitaria y patriótica.

Opinión Reflexión

Tierno y bruto: un breve homenaje

Orejudo y querendón. Llevó sobre sus lomos el peso de la historia (cinco o seis mil años), y estuvo ya en la realidad, en la ficción, y en la memoria de muchos.

Es el burro.

Fuente: Pinterest

Tantas veces denigrado, el equus asinus, quiérase o no, es víctima de nuestra ligereza e inconsistencia. Y aquí la pregunta:

¿Qué culpa tiene el burro o asno, de que alguno de nosotros los humanos seamos cortos de entendimiento? ¿Qué el simpático animal, llamado vulgarmente burro sea un terco? Y la mayoría de las veces, es simplemente porque no quiere hacer lo que le mandan los hombres.

Es una cuestión de carácter y de inteligencia, ¿sí o no? ¡CLARO QUE SÍ!

Fuente: Voces Críticas

Además, qué o quién se cree el hombre para intentar imponer su voluntad a un ser que tuvo en sus ancas a nada menos que al padre de la cristiandad, que es mencionado en la Biblia cientos de veces, y que pese a su existencia gris, se ha ganado el cariño de la humanidad, sin tener la elegancia de su pariente el caballo, ni el exótico traje de su también pariente la cebra.

Fuente: Radio Mitre – Cienradios

Forzudo, tierno, terco, orejudo, es capaz de despertar sentimientos encontrados. Su paciencia es proverbial. Y su compañerismo conmueve. Si no que lo digan las burreritas de antaño, ellos eran los preferidos de las mujeres en cuyas alforjas llevaban productos del Mercado Guasu (que funcionaba en el microcentro de Asunción) para las familias de los barrios de zonas sub-urbanas.

Por mucho tiempo su torpe presencia era común en las plazas aledañas al mercado donde eran atados a los añosos árboles, esperando pacientemente a sus dueñas, quienes, confiadamente se les acercaban de cualquier lado, sin peligro de recibir alguna patada, que este noble animal nunca da. Su utilidad, pues, nunca ha sido puesta en tela de juicio.

Fuente: Infobae

Nuestro amigo el burro fue domesticado por los egipcios y desde entonces ha acompañado a su domesticador. Es capaz de vivir 40 años aunque su edad promedio sea menor. Y de hambre no se mueren pues como dice la canción que tantas veces cantamos en la escuela…Come cualquier cosa, ya sea un sombrero o un pastel.

Quizá esta docilidad y nobleza haya primado para que su nombre recibiera tantos homenajes en la literatura donde frecuentemente es mencionado. Basta mirar los libros y sus personajes, el burro de Sancho Panza, el Platero de Juan Ramón Jiménez y es motivo de simpáticas canciones, Burrito Cordobés, Che Burrito Lambaré, etc.

Fuente: Menorca al día

Siempre se los achacó de brutos y carentes de inteligencia. Este es el burro, el orejudo de cuatro patas, el verdadero.

No los otros, los que se hacen burros, con el tiempo y a propósito, que también hay, y ¡a montones!

Fuente: Revista Cáñamo

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